MÉXICO | AFP
Once presos considerados de alta peligrosidad han empezado una inédita gira artística por seis reclusorios de la capital mexicana presentando Cabaret pánico, un espectáculo en el que se revuelven culpa, rabia y dignidad. Sus creadores e intérpretes son Michel, El Rivas, El Negro, Machorro, Joselito, El Greñas, Mares, Chi Uck, El Lic, Isra y Fidel, la mayoría de los cuales pena entre 30 y 60 años de prisión por asesinato, violación o secuestro.
Hace un año pidieron que se les organizara un taller de teatro en su penitenciaría y de las clases, dirigidas por Itari Marta, salió esta pieza que pone encima del escenario la crueldad de sus crímenes y la fuerza de sus remordimientos. La base de los textos, dice Marta, se encuentra en la obra del autor chileno Alejandro Jodorowsky, conocido por su teoría de la sanación del espíritu a través del arte.
"Normalmente las obras que se representan en las penitenciarías son puro entretenimiento. Este es un material esencial de la vida", asegura la directora.
La violencia ocupa un lugar central en los primeros actos de la obra, como cuando uno de los presos, vestido como todos con frac negro y pajarita y cinturón rojo, se lleva una buena paliza porque se niega a cometer un asesinato. La intensidad con que los actores se golpean causa algún sangrado en la nariz pero las amenazas se baten poco a poco en retirada ante la reflexión y la búsqueda desesperada de la redención. "Volteo hacia atrás y me pregunto qué he hecho (...) Pero ya me perdoné. Aquí empieza mi vida y aquí empieza mi cuento", clama uno de los presos en la obra.
Aunque hay a quien las confesiones le impactan hasta el llanto, la mayoría de las decenas de reas que presenciaron el espectáculo el pasado fin de semana parecen más involucradas por su ágil puesta en escena, que se desarrolla entre dos escenarios. "Hay quien capta el sentido y quien no lo capta", reconoció Jorge Barrueta (Michel), uno de los actores, tras la función en el reclusorio femenino Santa Martha Acatitla.
Esta fue la segunda fecha de la gira que desplegarán los once presos hasta principios de abril por seis diferentes cárceles, algo totalmente inédito en México, que sufre problemas de seguridad en sus superpobladas prisiones. Detrás del escenario, los reos dejan claro que esta iniciativa no puede redimirles del horror que consumaron ni mucho menos aliviar el dolor de sus víctimas.
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