GUILLERMO ZAPIOLA
Gente nueva y algunos géneros cinematográficos a menudo desdeñados pasan a ocupar un primer plano: ese es uno de los rasgos de la propuesta de los Oscar de este año. Tal vez algunas cosas estén cambiando en Hollywood.
Por un lado está la gente nueva. En algunos casos no es nueva estrictamente en la pantalla, pero sí en los listados del Oscar. Casi desconocidos o sin casi, al menos en el mercado internacional, son los actores Gabourey Sidibe (de Preciosa), Jeremy Renner (de Vivir al límite), Christoph Waltz (de Bastardos sin gloria), y el director Lee Daniels (también de Preciosa). Nuevos en el Oscar, aunque tienen su carrera previa, resultan por supuesto intérpretes como Sandra Bullock (por Un sueño posible), Colin Firth (de A single man), o Mo`Nique (Preciosa) y la propia directora Kathryn Bigelow (Vivir al límite), a quien alguna gente parece estar descubriendo por primera vez pero tiene a sus espaldas una carrera respetable aunque nunca fue nominada. Un caso fronterizo es la espléndida Carey Mulligan, de Enseñanza de vida, que tiene una carrera corta pero estimable, que se reveló realmente con esta película.
CAMBIOS. Hay también algunas novedades con respecto a los géneros. Oscar siempre ha manifestado una burguesa y conformista predilección por los dramas "serios" (digamos, solemnes aburrimientos como El paciente inglés, frivolidades infladas como La lista de Schindler, tonterías "con mensaje" como Una mente brillante), y ha dejado pasar lo que Hollywood sabe (o sabía) hacer mejor: en toda su historia premió únicamente tres `westerns`, uno de manera inexplicable (la primera versión de Cimarrón), otros dos cuando el género ya había muerto (Danza con lobos, Los imperdonables, otras dos películas infladas); ha ignorado el cine negro; no le hizo demasiado caso al musical (salvo unas pocas excepciones) ni a la comedia.
Y, por supuesto, ha ignorado a la ciencia ficción, un género que había alcanzado una primera madurez en los años cincuenta. Pero con respecto al cual la Academia llegó al punto de que una película como 2.001 Odisea del espacio ni siquiera fue candidata en el rubro mejor film. El extraterrestre y La guerra de las galaxias, que se lo merecían menos, tuvieron nominaciones pero se quedaron por el camino. Este año las cosas han cambiado. Dos de los diez films candidatos en el rubro pertenecen al género (Avatar, Sector 9), y el primero se perfila como uno de los favoritos aunque Kathryn Bigelow acecha a la vuelta de la esquina.
Disponer de espacio para diez candidatos en lugar de cinco abre el juego, y si por un lado ha permitido que se cuelen ostensibles rellenos (el más notorio debe ser Amor sin escalas) también permite ampliar el espacio y abarcar (otra rareza) un film de animación (Up, una aventura de altura, segundo en su género en ser nominado a los Oscar generales luego de La bella y la bestia en 1992).
El dato ha llamado la atención de Sasha Stone, editora del sitio web Awardsdaily.com, quien ha señalado justamente que "en los últimos años, la competencia a los Oscar ha estado más centrada en las caras nuevas que sobre los candidatos frecuentes y premiados". La cifra de "novatos" de este año, agrega Stone, resulta particularmente impresionante, y a su juicio responde a la necesidad de la Academia de inyectar "sangre nueva" al evento.
"Una nueva cara, eso renueva la categoría y para el público, la victoria de alguien que no hemos visto jamás es más excitante", insiste Stone.
Stone reconoce de todos modos que para los "novatos" las cosas no son sencillas. Muchos piensan que Gabourey Sidibe merecería el Oscar a mejor actriz (aunque quede la duda de si es una gran actriz o un formidable `casting`). Otros preferirían ver a la inteligente, sensible y encantadora Mulligan con una estatuilla en la mano. Pero es difícil ganarle a la correcta Sandra Bullock de Un sueño posible, por la sencilla razón que es Sandra Bullock. Stone lo explica así: "Ella está desde hace tiempo (en la industria), y nunca ha recibido el más mínimo reconocimiento".
PROMOCIÓN. Los expertos insisten en la importancia de una buena campaña de relaciones públicas para mejorar las posibilidades de cara a los votantes. Uno de ellos señala que es difícil imaginar un triunfo de Carey Mulligan sin un equipo capaz de empujarla. "El 40% del interés por un candidato y sus oportunidades de ganar vienen cargados de relaciones públicas", indica. Pero la mera nominación sigue siendo muy importante. Jeremy Renner, que no se hace ninguna ilusión de ganar como mejor actor por Vivir al límite, reconoce de todos modos que el ser candidato constituye "un sello magnífico en el pasaporte del artista, el cual no podrá ser nunca borrado y será siempre admirado".
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