JORGE CAUMONT*
* Economista
A pesar de la declinación de la actividad mundial nuestro país ha evitado la recesión en 2009 y su producción crece; la inflación es relativamente baja y el sector externo permite que el Banco Central realice una acumulación significativa de reservas internacionales pero impone una presión bajista sobre el tipo de cambio. Esos desenlaces resultan además, de una combinación de políticas en la que la fiscal, es de gran expansión del gasto público y de aumento tan significativo como peligroso del endeudamiento público. Se originan también, en una política monetaria que mantiene altas las tasas de interés, complemento de un manejo cambiario que se caracteriza por un zigzagueo permanente entre la flexibilidad y el intervencionismo de la autoridad monetaria. En ese contexto, inconsistente con la política salarial, se observa una baja sostenida de la competitividad de la producción local de bienes exportables -cuyos precios están cayendo en el exterior- y de la de los que sustituyen exportaciones. Es una situación que difícilmente se pueda mantener de modo permanente si la productividad de los trabajadores no crece a un ritmo consistente y si los precios internos de los bienes y servicios no transables con el exterior -los otros además de los salarios-, no se comportan de modo afín con el tipo de cambio.
En la nueva etapa de la conducción económica ella enfrentará el desafío de continuar creciendo, tener baja inflación y buen resultado externo pero desde ya en condiciones diferentes a las pasadas. El mundo se recupera lentamente. Los precios internacionales de lo que exportamos registran tendencia levemente bajista y alcista los de los importables, exigiendo mayor esfuerzo local para comprar lo mismo que hasta hace poco tiempo. El dólar tiende a apreciar su valor a nivel mundial pues se prevé el alza de la tasa de interés en Estados Unidos antes que en los restantes desarrollados. Y aunque en la región Brasil seguirá por el camino que favorece a nuestra relación, la economía argentina puede tener problemas que afecten a la nuestra. Por otro lado y en relación con lo que ella puede hacer, la nueva conducción palpará la ineficacia de la política monetaria actual y tendrá serias limitaciones para continuar con el aumento del gasto público porque la recaudación no lo permitiría y porque la capacidad de más endeudamiento es baja. Es también escasa la tolerancia de aumentos salariales por encima de la inflación en las negociaciones con los trabajadores oficiales como privados sin arriesgar una baja mayor de la competitividad y un aumento del desempleo que atentaría, fuertemente, contra los objetivos de equidad que también busca el nuevo gobierno.
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