M.E.LIMA Y S. AUYANET
"Es como si un gigante te sacudiera la casa", graficó la uruguaya Natalia de Brun, sobre lo que sintió por el terremoto. En Chile viven unos 5.000 compatriotas. Hasta ayer no había uruguayos fallecidos ni heridos graves, según la embajada.
Desde el domingo pasado, dos aviones y personal de la Fuerza Aérea Uruguaya, -enviados a Chile- junto a la embajada, trasladaron a decenas de personas chilenas y uruguayas que se encuentran "en situaciones extremas" desde Chile a Uruguay o a la inversa, informó a El País Carlos Pita, embajador uruguayo en ese país.
La asistencia de la Fuerza Aérea "es sólo para esos casos en los que no se puede esperar a la rehabilitación de los vuelos de línea", aclaró. Pita adelantó que mañana ya estarían restablecidos los vuelos comerciales. Una de las situaciones que requieren traslado de la Fuerza Aérea es la de "un grupo de uruguayos en Concepción, que tienen problemas incluso de seguridad, y se ve cómo se pueden trasladar a Santiago y de ahí a Uruguay. En el caso del traslado de Uruguay a Chile son familiares que están desesperados porque tienen a sus familias acá, sus casas, y quieren saber si están bien", contó.
El embajador es un ejemplo de ello. El sábado, día del terremoto, él estaba en Uruguay, había viajado el viernes 26 de febrero para firmar un acuerdo de cooperación en donaciones y transplantes. "Viví el terremoto con desesperación total. Me despertaron de madrugada avisándome de la catástrofe. Conseguí venir (a Chile) en uno de los aviones de las Fuerzas Armadas y estoy acá desde ayer (domingo). Pude contactarme con mi hija a través de una compañera de trabajo. Mi hija estaba sola con la nena y con el perrito", relató el diplomático.
RELATOS. La mayoría de los uruguayos vive en Santiago, la capital, y en la quinta región, pero también hay compatriotas en las zonas más afectadas: la séptima y la octava, dijo Pita.
Natalia vive en Providencia, en una zona residencial de Santiago de Chile. En 2004 esta periodista uruguaya de 36 años viajó a ese país a probar suerte en lo laboral, no consiguió empleo en su profesión, pero como su esposo es chileno se radicó en ese país.
Vive en el piso 16 de un edificio de 23 pisos que está junto a la iglesia de la Divina Providencia, a la que el terremoto le tiró la cúpula. "Fue cerca de las 3.30 de la mañana, estábamos durmiendo, la cama empezó a saltar, es como si alguien gigante te agarrara la casa y te la sacudiera", describió.
"Hacía minutos mi hijo de tres años había venido a la cama con nosotros, pero mi hijita de un año estaba durmiendo en su dormitorio. Mi esposo se levantó para ir a buscarla y era imposible mantenerse en pie. Esos segundos que él demoró en ir a buscar a mi hija fueron terribles", narró.
El miedo los paralizó y en lugar de correr abajo de una mesa, como recomiendan, se quedaron abrazados arriba de la cama: "Nos abrazamos, sentimos un estruendo espantoso, pensamos que se caía el edificio y fue cuando cayó la cúpula de la Divina Providencia. La gente del edificio salió corriendo y nosotros no pudimos por el pavor. Mi única reacción fue abrazar a mi hijo y descolgar los cuadros para que no se nos cayeran encima".
En el momento del terremoto se cortó la luz y eso hace que el miedo aumente ya que "se rompen cosas, estallan los vidrios y no se sabe qué está pasando". Natalia contó que ahora a ella y a su esposo les cuesta dormir y les duele todo el cuerpo, cosa que escucharon es normal para quienes pasan por este tipo de fenómenos.
Estuvieron dos horas sin comunicación. Cuando se restablecieron los servicios llamó a Uruguay porque sabía que sus familiares se iban a levantar mirando las noticias y no quería que se preocuparan.
Además se conectó a Facebook, donde tiene una página llamada "Uruguayos en Chile", y envió un mensaje a los 192 miembros que la integran para saber si estaban bien y ayudar a contactarlos con familiares en Uruguay. Todos le dijeron que estaban bien, que sólo habían sufrido pérdidas materiales.
"Algunos están en Uruguay y no pueden regresar por el aeropuerto. Y también está el caso de una chica que estaba en Montevideo y su novio en Concepción, en el lugar del epicentro, y estaba desesperada y pasó a ser mi preocupación también". Natalia contó que pudo hablar con él el sábado a las 20.30. "Ahí supimos que estaba bien, se nos cortó la llamada y hoy su novia me avisó que habló con él", relató. Natalia no conocía a ninguno de los dos integrantes de la pareja, el contacto fue a través de Facebook; los ayudó sin pensar.
El edificio de Natalia no tiene problemas estructurales. Y tuvo pérdidas menores en su casa. Ahora el problema es el abastecimiento de los próximos días. "Fui ayer (domingo) a comprar y no había harina, el agua es difícil de conseguir y subieron los precios. Un agua que costaba 600 pesos chilenos la estaban vendiendo a 1.500. El desabastecimiento es porque la gente se enloqueció y compró todo. Y los comercios no tuvieron tiempo de reponer".
VÍAS PARA SOLICITAR AYUDA
La embajada uruguaya en Chile tiene un sistema de ayuda para ubicar a los familiares de los compatriotas que no han podido comunicarse con los suyos, es a través los teléfonos de la embajada y del consulado: (00562) 204 79 88 y (00562) 223 83 98. También es posible solicitar ayuda a través del correo electrónico: urusgo@uruguay.cl de la embajada. El embajador uruguayo en Chile, Carlos Pita, aclaró que ese último medio de comunicación lo usan cuando funciona, ya que se había visto interrumpido como consecuencia del terremoto. Ayer estaba operativo. También hay un teléfono en Montevideo al que se pueden contactar para pedir ayuda. Hay que comunicarse a la Dirección de Asuntos Consulares y Vinculación de Cancillería a través del número 902 10 10. "Es impresionante la cantidad de gente que llama angustiada, entonces a veces se saturan las líneas en Chile, por eso se puede llamar a ese teléfono en Uruguay y ellos nos derivan el mensaje", dijo. "Le pedimos a la gente que si se logran comunicarse con quien están buscando nos avisen", agregó. "A la embajada llama la gente que no se ha podido localizar entre sí, y de esos pedidos llevaríamos un 35%, 40% de satisfacción", estimó el embajador.
Dos testimonios
Gonzalo Queijo: "Se te mueve todo, caen cosas"
"Vivo en Chile desde hace dos años y medio. Estaba con mi novia, me desperté y me di cuenta que era un sismo. Acá son bastante comunes, pero de entrada me di cuenta que era un poquito fuerte. Empezó a crecer y me di cuenta que no era normal, que era un terremoto. Se te empieza a mover todo. Se caen algunas cosas. Nos tiramos al costado de la cama, que son los lugares que recomiendan y a esperar que pase", contó Gonzalo Queijo, un uruguayo de 33 años que vive y trabaja en Providencia, Santiago de Chile.
Pese a la situación que estaba viviendo, Queijo dijo que "estaba tranquilo porque sé que las estructuras de los edificios son buenas. Los edificios que hay en esta zona son los que aguantaron el terremoto grande de 1985 y los nuevos que son todos antisísmicos". "Después que terminó el terremoto, que fueron dos minutos y medio, todo el mundo bajó al hall por las escaleras porque había apagón. Estábamos muy asustados pero la gente de los pisos de arriba estaban peor porque son los que más sienten el impacto", explicó.
Alberto Rodríguez: "El edificio era una coctelera"
"Había percibido temblores pero esto es difícil de describir. No se puede creer que algo se pueda mover tanto. El edificio donde estábamos era una coctelera. Se movía hacia arriba, abajo y a los costados. Encima, las alarmas del apartamento o se los autos volvían todo aún más confuso", explicó a El País este chileno que hace 47 años vive en Uruguay y trabaja como gerente en una empresa forestal. Rodríguez se encontraba de paseo en Chile, y paraba en el piso 11 de un edificio en Providencia, un barrio de Santiago. "Primero pedí a mis hijos y a unos amigos que estaban con nosotros que se desplazaran bajo los marcos de las puertas o de las vigas. Ahí ya se estaban cayendo cuadros, botellas... de todo. Después, al salir, tuve que sujetarme de las paredes y abrirme de piernas todo lo que pude para no caerme".
Al salir, Rodríguez y sus hijos se acercaron a una plaza que estaba llena de vecinos aterrorizados, muchos que ya habían vivido el último sismo de magnitud importante que tuvo el país, en 1985. "Todos coincidían en que no había tenido nada que ver con ese terremoto, esto fue mucho peor".
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