GUSTAVO PENADÉS
Apartir del día de hoy el país tendrá un nuevo Presidente de la República. Se cumplirán los ritos democráticos que, felizmente, los uruguayos vivimos desde aquel lejano año 1985, en el que la vida institucional de la República retornara a la normalidad.
Aquellos fueron momentos en los que se conjugaba la natural alegría por la terminación de un ciclo de alteración institucional, con el sinsabor de que al líder natural del Partido Nacional le hubiera sido arrebatada la posibilidad de ganar, casi con seguridad, las elecciones.
Subsistían, pese a todo, dudas e interrogantes acerca de cómo serían los años venideros. Pero el tiempo, la sabiduría de los dirigentes políticos y la sensatez de los uruguayos confirmaron que la democracia había retornado para quedarse.
Así, los ciclos electorales fueron marcando el ritmo de las sucesivas administraciones. Todas tuvieron sus puntos altos. Cada una debió asumir situaciones políticas, sociales y económicas diferentes. Cada administración marcó su impronta destacándose en algún aspecto de la vida nacional. Y, en ese sentido, se produce el fenómeno de que esa impronta, esos énfasis de cada una, fue conformando una suerte de sedimento sobre el que la acción gubernativa de la siguiente se asentó.
No recordamos situaciones en los que haya ocurrido un retroceso, una revisión total o vuelta atrás en los grandes lineamientos, descontando la natural propensión del ser humano de pretender introducir novedades por las que ser recordado o criticar el pasado como excusa para desconocer las bondades del predecesor. La prueba más fehaciente de lo que afirmamos, la constituye la propia acción de gobierno del Dr. Vázquez.
Reconozcamos que para todos era un misterio lo que haría el Frente Amplio en materia económica después de treinta y cinco años de sistemáticamente oponerse y criticar a toda idea que no fuera propia.
Sin embargo, además de gallardamente reconocer los aciertos del gobierno de Jorge Batlle, el Frente Amplio no solamente continuó sus políticas sino que, si cabe utilizar la expresión, hasta las profundizó.
En otros aspectos la actitud fue por cierto diferente.
La obsesión por actuar en soledad, con exclusivismo, bajo el argumento de que "habían ganado", negándose a casi toda iniciativa originada fuera de su partido; la asunción en muchos situaciones de un discurso refundacional del país; y, quizás lo peor: una grave tendencia a considerar el orden jurídico un instrumento importante en cuanto funcional a los propósitos políticos.
El gobierno entrante se fue preparando y dando señales diferentes.
Convocó a la oposición a dialogar y procurar acuerdos en áreas claves de la vida nacional, y exhibe una voluntad más propensa a conversar y a generar entendimientos.
Como uruguayos y como blancos, nuestro deseo es que el Presidente de la República realice un excelente gestión.
Porque el ejercicio de la acción política no debe tener otra finalidad que no sea la felicidad colectiva y, sobre dicha intención, no caben dos opiniones.
Mantenga y vigile el nivel de debate y recuerde que nuestras Normas de Participación implican obligaciones y responsabilidades.