"La verdad es que fue horrible. Creí que se iba a derrumbar el edificio. El ruido era insoportable y nos despertó a todos. Nos caímos de las camas", señala el director técnico de Universidad de Chile, Gerardo Pelusso, que vivió en carne propia la tragedia que azotó a Chile.
"Estábamos concentrados en el momento que sucedió, a las tres y media de la mañana, fue un minuto y medio que se hizo eterno, se movía el edificio de una manera terrible. Después con los jugadores decidimos bajar del edificio y ahí cada uno se fue a su casa porque estaban todos preocupados por sus esposas e hijos", cuenta a El País el ex director técnico de Nacional.
El desastre no llegó al lugar de Santiago donde está Pelusso; solo se desprendieron pedazos de pared en algunos edificios. "Pero están afectados todos los puentes y las carreteras", añade.
Al no haberse registrado víctimas entre los jugadores de Universidad de Chile y sus familias, quizá los que más se sintieron perjudicados por el terremoto fueron Mauricio Victorino y Álvaro Fernández, que no podrán jugar con la Selección el partido que se disputará el miércoles contra Suiza en el Estadio Saint Gall.
La Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) le ofreció a los jugadores que viajaran en taxi hasta Mendoza, para de allí tomar un avión hasta Buenos Aires y luego otro a Madrid. "No lo pudimos hacer", señala Victorino a El País. Y explica: "Es imposible llegar a Mendoza. Las ciudades más al sur están muy mal. Y nos enteramos que estaba muy saturado el tema de la aduana argentina. Los caminos son peligrosos, las carreteras están rotas y hay derrumbes".
De todas maneras, y aunque espera que por "tratarse de un asunto de fuerza mayor" el maestro Óscar Washington Tabárez le vuelva a dar "otra oportunidad", en lo que más piensa Victorino es en la noche de la catástrofe.
"Era impresionante como se movía todo. Y nos empezamos a preocupar por nuestras señoras. Las líneas estaban cortadas y no podíamos llamar. Recién cuando llegué a casa y la vi pude tranquilizarme", relata.
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