RUBEN LOZA AGUERREBERE
Para un escritor no hay corona más elocuente que la ceguera con que lo trata su época; y a la corona se le añade una joya cuando la ceguera va emparejada con el silenciamiento".
Estas palabras son del Premio Nobel húngaro de 2002, Imre Kertesz. Pues bien, vienen a cuento de la vida del autor de "El doctor Zhivago", el poeta y novelista Boris Pasternak, de quien se cumple medio siglo de su muerte.
La suya es una caudalosa novela lírica, donde abundan episodios memorables, los que, como recordará el lector, tienen repercusiones épicas al narrar la situación en Rusia durante la guerra civil, tras la toma del poder por el partido bolchevique.
Tampoco esquiva el tema de la corrupción del sistema ruso por el comunismo. Mario Vargas Llosa ha definido al "Dr. Zhivago" como un libro "antiheroico, ensimismado y pesimista".
Este libro también tiene su historia particular. Debemos recordar que se le concedió el Premio Nobel de literatura en 1958. Telegráficamente, entonces, el escritor contestó que estaba: "Agradecido, infinitamente emocionado, orgulloso, asombrado, confuso".
El Nobel provocó las iras de las autoridades de la ex URSS. La novela se había editado en el exterior, a través de Italia.
El 28 de octubre lo expulsaron de la Unión de Escritores, y, al día siguiente, Pasternak renunció al Premio Nobel, escribiendo a la Academia Sueca que lo hacía: "tomando en cuenta la sociedad dentro de la cual vivo"".
A partir de entonces el poeta y novelista fue perseguido, aislado e incomunicado. También quisieron privarlo de la ciudadanía soviética y deportarlo.
Más que su orgullo pudo su amor a la patria, y escribió a Jruschov pidiéndole que no lo arrojaran afuera de su tierra. Así, el poeta continuó viviendo allí, aislado de sus amigos, sin recibir correspondencia, trabajando en traducciones y amando la naturaleza.
Su vocación de escritor le dio coraje para redactar páginas destinadas a nadie.
Murió olvidado y solo, a los 70 años. Había vivido silenciado, bajo el peso de una campaña de desprestigio por parte de intelectuales soviéticos y de jerarcas del antiguo régimen.
La obra de Pasternak había sido literalmente borrada. Nada quedaba de sus libros como "Mi hermana la vida", "Esencias" y "Caminos del aire".
Pero el pueblo ruso no le había olvidado: cuando se permitió finalmente la edición en su patria (recién en 1988) de "El doctor Zhivago", famosa en el mundo y con una versión cinematográfica, las librerías moscovitas fueron invadidas y se vendieron más de un millón de ejemplares.
Hoy, cuando el tiempo ha borrado a quienes eran fieles servidores de aquel régimen que cayó solo, el mundo honra a Boris Pasternak, quien hace mucho, dijo: "Yo quería dejar una constancia del pasado y honrar en "El Doctor Zhivago" los aspectos hermosos y sensitivos de la Rusia de aquellos años".
Cincuenta años después, vemos que no estaba equivocado.
Y volviendo al principio, sabemos que hay derrotas que son más honrosas que ciertas victorias.
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