Le Blute-Fin de París
"No cabe duda de que se trata de un auténtico Van Gogh", aseguran fuentes del museo de Amsterdam, que lleva el mismo nombre del artista. Hasta ahora, la tela estaba en manos de los herederos del coleccionista de arte holandés Dirk Hannema, fallecido en 1984, quien la compró en 1975 en una tienda de objetos de arte de París. En el lienzo, de 55 por 38 centímetros, se aprecia a la derecha un molino como los que se usaban todavía en Holanda en el siglo XIX y varias personas que descienden de una escalera de madera que se encuentra a uno de los lados. Se trata, sobre todo, de varias mujeres ataviadas como en aquella época, con largos vestidos y sombrero. La escena podría reflejar una estación intermedia como la primavera o el otoño. "La pintura es un poco atípica para Van Gogh por la cantidad de gente que aparece en él, pero también muy típica por el papel destacado del molino", dijo Ralph Keuning, director del museo Fundatie.
Un nuevo cuadro de Van Gogh (1853-1890), que no constaba hasta ahora en los catálogos habituales del artista holandés, ha sido encontrado en un museo regional del centro del país. La obra, un óleo del más puro estilo impresionista, retrata el molino Le Blute-Fin, de París.
Ejecutado hacia 1886, cuando el pintor residía en la capital francesa, formaba parte de la colección particular de Dirk Hannema, antiguo director del museo Boyman van Beunigen, de Rotterdam. Aunque el propietario, ya fallecido, siempre dijo que se trataba de un Van Gogh, su mala reputación con las atribuciones hizo que no le tomaran en serio durante tres décadas.
"Estas cosas son así. Ahora nos lo han traído, lo hemos analizado, y sí, lo pintó Vincent. Aunque nunca ha estado en nuestra colección, la atribución es ya oficial", aseguran en el museo Van Gogh, de Amsterdam.
Van Gogh decía que los errores de su obra eran compensados por los aciertos, y este cuadro es un buen ejemplo. Según Louis van Tilborgh, curador de la sala, "la perspectiva es imperfecta, lo cual le da cierto encanto, y el empaste es típico del pintor. No así las figuras, muy grandes y coloridas. Hemos trabajado a fondo para demostrar la autoría y ha sido muy gratificante".
El pintor, que dejó atrás las obras oscuras firmadas en su atormentada etapa holandesa, dedicó parte de su producción en Francia a los temas en boga entre los impresionistas. Los molinos, donde había cafés danzantes, eran uno de los lugares más concurridos de Montmartre, el barrio popular por excelencia de París.
La obra estará expuesta hasta el próximo 4 de julio en el museo De Fundatie, que guarda la colección de Dirk Hannema. Considerado el hazmerreír del mundo artístico holandés, la atribución ha llegado demasiado tarde para él. "Falleció en 1984, y lo malo es que pensaba que todas sus compras eran auténticas joyas. Que tenía Rembrandts y Vermeers. Pero aquí tenía razón", concluye Van Tilborgh.
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El dueño coleccionista
Según los expertos, el cuadro data de 1886 y fue comprada hace 35 años por Dirk Hannema, fundador del museo Boyman van Beunigen de Rotterdam, y conocido como un coleccionista de arte experimentado, pero de quien se burlaron después de que atribuyó erróneamente una obra al pintor holandés Vermeer en los años 30. Hannema colgó el cuadro en su casa hasta su muerte en 1984, cuando desapareció del depósito del museo. Sólo apareció brevemente en 1993 y en 2007. El coleccionista aseguró que era propietario de tres pinturas más de Van Gogh, pero el experto Ralph Keuning dijo que no se encontraron pruebas.
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