ANTONIO MERCADER
Rocha picó en punta con la unión entre blancos y colorados con vistas a las elecciones municipales de mayo. Los actores de un pacto señero son el candidato blanco a intendente, José Carlos Cardoso, y su primer suplente, el colorado Roberto Rodríguez Pioli, aliados para desplazar al Frente Amplio del gobierno departamental. Ambos ofrecen un ejemplo de como debe encararse la contienda electoral contra el oficialismo.
Tanto Cardoso como Rodríguez Pioli tuvieron cargos relevantes en administraciones anteriores. El primero, aparte de ocupar hoy una banca en Diputados, fue representante de los blancos en Educación y Cultura, ocupando un cargo de subsecretario. El segundo actuó como subsecretario de Ganadería y de Relaciones Exteriores en un gobierno de Julio Sanguinetti. Los dos son personalidades de relieve en Rocha y notorios referentes de sus colectividades políticas.
La conjunción de estos militantes de los partidos tradicionales es un símbolo de los tiempos políticos que corren. La llamada "lógica binaria", que se va imponiendo entre el electorado uruguayo, es la respuesta ante un país partido en dos mitades en donde la preeminencia de la izquierda sólo puede ser amenazada por la conjunción de los partidos blanco y colorado.
Aunque se oyen voces discrepantes, la tendencia unionista cobra cada vez con más fuerza desde la base misma de los partidos. La gente intuye que esa es la forma de desplazar del poder a un Frente Amplio que está a punto de empezar su segundo período de gobierno y que se dispone a dar pelea para acrecer la cantidad de gobiernos municipales bajo su égida. No se justifica esperar -y especular con el paso del tiempo- para convencerse de que dicha unión es inevitable.
Hasta el momento, los argumentos esgrimidos contra esa tendencia apelan al pasado antes que al futuro. Se desentierra el recuerdo de viejas rivalidades entre blancos y colorados, de episodios históricos cargados de pasión y de nombres heroicos que evocan añejas querellas. Pura emoción, importante por cierto, pero poca razón a la hora resolver el dilema de cómo contrarrestar ya a una izquierda exultante, parapetada detrás de un poder creciente.
Un poder no sólo limitado al ámbito político sino extendido a lo sindical, hecho inédito en la historia de un partido gobernante en el Uruguay. Existe entre las filas frentistas y los cuadros sindicales una permeabilidad nunca vista entre nosotros. A esa suma del poder político y gremial se añade la penetración sistemática de la izquierda en espacios vinculados a la educación y la cultura, una expansión al estilo gramsciano cuyo muro de contención debe ser la concertación de los opositores.
Esa es la lógica que comprendieron Cardoso y Rodríguez Pioli. Votados por la convención departamental nacionalista, estos dirigentes encabezan el movimiento hacia una resonante victoria en las elecciones de Rocha. Al mismo tiempo, con su resuelta actitud, le mandan un mensaje a sus correligionarios de otros departamentos. Un mensaje de pragmatismo y sensatez que viene del Este del país y que tarde o temprano será atendido.
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