JUAN ORIBE STEMMER
El 27 de enero de 1945 soldados del 60º Ejército soviético liberaron el campo de extermino de Auschwitz. Los alemanes se retiraban en todos los frentes dejando, a pesar de los esfuerzos que realizaban para ocultarlas, una estela de evidencias sobre el programa de exterminio de judíos del Tercer Reich. En el frente occidental, los británicos liberaron el campo de concentración de Bergen-Belsen el 15 de abril siguiente. El ejército norteamericano hizo lo mismo con Dachau el 29 de abril.
Un estudio realizado en 1967 por el gobierno alemán identificó 1.200 campos de concentración en toda la Europa ocupada; otros llegan a cifras aún más importantes. Las diferencias en las estimaciones pueden deberse a que muchos de los campos principales tenían en su entorno un conjunto de campos secundarios. Por ejemplo, Auschwitz incluía también el campo de concentración de Birkenau y decenas de instalaciones anexas.
La magnitud y complejidad del sistema de exterminio asombra y plantea preguntas que aún buscan respuestas definitivas. Una de esas interrogantes es: ¿cuándo tuvieron los Aliados la certeza de que Hitler había comenzado una campaña sistemática de exterminio del pueblo judío?
Los Aliados tuvieron noticias de las matanzas de judíos desde una etapa temprana del conflicto. El 17 de diciembre de 1942 aprobaron una declaración condenando aquellas atrocidades y ese mismo mes, el Secretario de Relaciones Exteriores británico, Anthony Eden, hizo una presentación en la Cámara de los Comunes denunciando las masacres en Europa Oriental. Sin embargo, la información obtenida de fuentes directas sobre la verdadera naturaleza y escala del exterminio recién habría comenzado a filtrarse afuera de la Europa ocupada a mediados de 1944.
Una prueba sobre la existencia y la magnitud de los campos de concentración nazis fue obtenida por accidente.
El avance los Aliados en el frente italiano les permitió conquistar bases aéreas más avanzadas desde donde podían enviar aviones de reconocimiento sobre regiones de la Europa ocupada que hasta entonces habían quedado fuera de su alcance. El 23 de agosto de 1944, un avión de reconocimiento Mosquito de la SAAF que había despegado de la base italiana de Foggia, sobrevoló a 10.000 metros de altitud la gigantesca planta industrial alemana de Buna-Werke, dedicada a la fabricación de gasolina sintética. Las fotografías tomadas en ese vuelo además registraron un conjunto de estructuras situadas a unos seis kilómetros de la fábrica.
Habían descubierto Auschwitz operando a pleno. En los meses siguientes se realizaron nuevos vuelos fotográficos sobre Buna, pero las imágenes del campo de concentración fueron archivadas por los analistas. El objetivo era la planta destiladora del vital combustible. No el campo de exterminio.
Lo que conduce a una segunda interrogante: ¿por qué los Aliados no hicieron nada para entorpecer el funcionamiento de los campos de concentración, cuando disponían de los aviones y de las tácticas para hacerlo?
"El 65 aniversario de Auschwitz renovó la discusión sobre enigmas de la Segunda Guerra".
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