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RODOLFO SIENRA ROOSEN
En un excelente artículo Jorge Caumont analizó recientemente en nuestro suplemento "Economía & Mercado" de los lunes, la evolución de la izquierda uruguaya -con las excepciones conocidas, la izquierda del mundo en general- no hacia el centro, sino decididamente hacia la derecha.
Economizaremos la historia de estas diferencias que arrancan en la Revolución Francesa y vamos a la síntesis del autor. Hoy una derecha política se caracteriza por asociarse a corrientes conservadoras, al liberalismo económico y al capitalismo, para lo cual es condición básica el individualismo. La izquierda pregona el cambio, el colectivismo, la intervención estatal y a la justicia social contra la libertad del hombre a procurar su beneficio individual.
Pero en Uruguay -como antes ocurrió en Europa- la tendencia es a que la izquierda se diferencie de la derecha sólo en el intervencionismo para repartir ingresos o riquezas, de modo de cumplir su objetivo igualitario.
Tiene razón Caumont en asombrarse que políticos condenen a una derecha a la que se acercan cada vez más.
La izquierda de hoy, comenta, cree en el liberalismo económico, se reconoce inserta en un sistema capitalista, rechaza la intervención estatal a ultranza y al colectivismo externo. Perdió fuerza el control de precios y el dejar libre al salario para que el ingreso se distribuya adecuadamente.
Así se generan mercados negros, se incentiva la mala calidad de productos y servicios, por lo cual la izquierda optó por la liberación de la mayoría de esos precios y servicios. Se desgravan las importaciones, y se profundiza en reducir el arancel externo para importaciones desde afuera del Mercosur.
No existen controles de cambio, se liberan las transacciones en moneda extranjera, se reduce el intervencionismo, no es mala palabra el individualismo con el objetivo de procurar el bienestar propio para así conseguir el bienestar general.
Ya no se reclama la propiedad estatal de los bancos, del sistema financiero. Hoy la izquierda se ufana de estimular la inversión, y eso es apuntalar al capitalismo, porque nadie con capital invierte para perder. Ya no se duda en pagar la deuda pública.
Pero queda una diferencia importante en la forma de pensar cómo deben nivelarse los ingresos y de ahí la reforma tributaria y la de la salud.
Para la izquierda estos instrumentos mejoran la distribución del ingreso.
Otros creen -nos incluimos- que hay caminos más eficientes, y ahí está el ejemplo de Estados Unidos, que empezó de una manera a principios del siglo pasado, y fracasó.
Termina Caumont observando reformas como ésta necesitan tiempo para ser juzgadas.
Este análisis impecable atiende a este gobierno de izquierda uruguaya que ya termina.
Pero el que viene, gestado entre tupamaros y comunistas ortodoxos, nació con el designio de "más izquierda". Impone la igualación de la sociedad pero para abajo.
Eso es la negación de la justicia social, y marca una diferencia que mucho nos tememos que se va a agudizar.
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