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Juan Martín Posadas
El 13 de diciembre escribí un artículo titulado "Evaluación" con el propósito de plantear las estrategias electorales que impone la lógica binaria del actual sistema de votación. El tema fue recogido y profundizado por C. Maggi el 3 de enero con cruel lucidez; también lo trataron R. Sienra, Faig, Stirling y otros. Se trata de un problema aritmético-electoral: ¿cómo encarar una carrera electoral en la que, sea cual fuere el número de partidos, el cotejo final es entre dos?
Algunos compatriotas podrán sostener que el sistema político uruguayo está compuesto por muchos actores llamados partidos políticos. Pongo nombres para aclarar el concepto: Partido Nacional, P. Colorado, P. Socialista, Asamblea Uruguay, P. Comunista, MPP y los que Ud. quiera agregar. Que esos partidos -unos más, otros menos- son efectivamente actores de nuestra política, con peso relativo en las decisiones y en los rumbos que se toman, nadie lo duda. Otros uruguayos, en cambio, podrán afirmar que en la política nacional hay solamente tres actores que merecen el nombre de tales y manejan los resortes del poder; ellos son, según caudal, el Frente Amplio, el P. Nacional y el P. Colorado. En esta disparidad de enfoques se cuela una confusión de conceptos. Políticamente hay una pluralidad de actores: muchos, según algunos, tres según otros. Pero electoralmente -y este es el punto- el sistema hace que, en el fin, sólo existan dos actores.
Yerran quienes, como Bordaberry, rechazan el planteo porque dicen no querer ir en contra de nadie. ¿Contra quién va el darse cuenta de la lógica del sistema? Tampoco es cuestión de fusiones partidarias, como imagina Vidalín. Agrega confusión la teoría (errada) de las familias ideológicas.
Para tener posibilidades de incidencia se hace necesario formar parte (según formas a estudiar) de alguno de los dos únicos comparecientes en el enfrentamiento final del balotaje. No hay motivos para pensar que la izquierda será siempre uno de los dos. Lo que sucede es que, como la necesidad tiene cara de hereje, la izquierda uruguaya, cansada de saludos a la bandera, empezó hace tiempo a entender: captaron la lógica de las nuevas reglas antes incluso de que se formalizaran. También lo entendió en esta última elección el viejo partido Unión Cívica.
Chile acaba de votar. La Concertación, que gobernó 4 períodos, perdió. La Concertación está compuesta por cuatro partidos: dos veces gobernó la Democracia Cristiana y dos el P. Socialista. Nadie se fusionó ni desapareció ni nada. Ahora ganó la Coalición, también formada por varios partidos. ¿No habrá allí nada que aprender?
Los actores políticos deben exhibir un mínimo de coherencia interna, de lo contrario son una payasada (o una maniobra hipócrita, de las que hemos conocido varias). Pero los actores electorales sólo requieren compromisos claros y la honorabilidad de su estricto cumplimiento. Los problemas importantes de la República necesitan, antes que nada, ser planteados correctamente. Luego viene un tiempo, también necesario, de discusión, inventiva e incluso macaneo, para que el asunto se instale en el ánimo de la sociedad. Estamos en esa etapa.
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