Pablo Da Silveira
El ausentismo docente en enseñanza secundaria es al mismo tiempo un síntoma y la causa de varios problemas. Pero, a pesar de que todas las luces de alarma están encendidas, las autoridades educativas apenas han reaccionado. Como resultado, los uruguayos les pagamos cada vez más a unos docentes que van cada vez menos.
Ante todo importa percibir el tamaño del fenómeno. En 2008, quedaron sin dictar en el conjunto de los liceos públicos algo más de 600 mil horas de clase sobre un total de 4,3 millones previstas. Esto representa casi un 15% de clases que nunca se dieron. Este promedio general encierra situaciones muy diversas, que van desde institutos en los que casi no hay inasistencias (situación especialmente frecuente en el interior) a otros en los que hay un tercio de clases no dictadas.
Un dato especialmente grave es que el ausentismo tiende a aumentar con el paso del tiempo. En el año 2005 (es decir, el primero de la actual administración) hubo unas 412 mil horas de clases no dictadas. En el año 2008, esa cifra superó la barrera de las 600 mil. En otras palabras, en estos años hubo un crecimiento del 46% en la cantidad de clases que nunca se dieron. Curiosamente, este proceso ocurrió en simultánea con un notorio mejoramiento de las retribuciones docentes y del gasto por alumno.
¿Cómo se explica un deterioro tan notorio en medio de condiciones tan favorables? Una parte esencial de la respuesta está en las medidas de carácter gremial. En el año 2005, la cantidad de horas de clase perdidas por tales medidas fue del orden de las 17 mil. En el año 2008 fue de 112 mil. En otras palabras, la cantidad de clases perdidas a causa de medidas gremiales se multiplicó por siete. El creciente control corporativo sobre las estructuras de la enseñanza está dando lugar a los abusos típicos de esta clase de situación.
Otros dos factores son importantes para entender lo que pasó. Uno de ellos es el aumento de las faltas injustificadas, que han pasado a explicar el 20 por ciento del total de inasistencias. Ante la ausencia de incentivos o controles adecuados, muchos docentes simplemente no se presentan. El otro factor es el aumento de las faltas por licencia médica. Las horas perdidas por esta causa pasaron de 226 mil en 2005 a 261 mil en 2008 (un aumento de más del 15 por ciento). Lo llamativo es que las patologías más frecuentemente diagnosticadas son de carácter psíquico (agotamiento, depresión y similares). Se trata de un dato muy revelador sobre el modo en que muchos docentes están viviendo su tarea.
Las medidas tomadas por las autoridades han apuntado a aumentar los controles y a agilitar los mecanismos de suplencia. Pero, como muestran las cifras, su impacto ha sido escaso. Eso se debe esencialmente al carácter paliativo de las decisiones. El ausentismo docente es un síntoma de problemas muy profundos y difícilmente será solucionado mientras no se modifiquen algunas reglas de juego fundamentales.
Mientras eso no ocurra, miles de alumnos se encontrarán inactivos durante horas en los liceos, lo que seguirá creando un ambiente favorable a la violencia.
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