RIcardo Reilly Salaverri
La República Argentina llegó a estar en el pasado siglo entre las cinco economías más potentes del planeta. Ahora está muy lejos de tan envidiable posición.
La ligazón entre nosotros y nuestro vecinos es grande. Lo que allá pasa tiene sus consecuencias acá. La tuvo al comienzo del milenio la crisis que "nos sacudió la osamenta" y también hace un rato, la crisis del agro -castigado por una presión fiscal insobrellevable- que impulsó a importantes inversores a desarrollar emprendimientos agrícolas en curso en nuestro país. La tiene la cuestión de los puentes que ha significado una violación internacional a uno de los primeros derechos humanos, el de libre circulación. Ni que hablar en términos de integración regional a la circulación libre no solo de persona sino también de bienes y servicios.
En los últimos tiempos el matrimonio que administra sus destinos ha tenido particular aversión a nuestra nación. Y, al tiempo de escribir estas líneas miles de ciudadanos del otro lado del Plata pasan el verano en nuestra tierra, en la que son simplemente un paisano más. Así podría seguirse enumerando temas de envergadura compartida hasta el infinito, no dejando de lado en el marco de una monumental fuga de capitales de la Argentina hacia el exterior, que una parte menor de ellos, sea en el sistema financiero o en otras colocaciones ven a nuestra república como destino confiable.
Los problemas políticos de los argentinos son cosa de los argentinos y, lo que uno puede osar opinar, es sobre materias que por su trascendencia no pueden menos que convocar a la atención oriental. Entre éstas revista la situación de la deuda externa y la situación financiera del país platense en términos del marco internacional.
Lo más grave perceptible es que hay por lo menos dos grupos de acreedores internacionales que complican la realidad cercana. Uno es el de los "fondos buitres" constituidos por capitalistas que han comprado "papeles" emitidos por el estado argentino a precio vil y esperan cobrarlos en su valor nominal obteniendo enormes ganancias. Rechazando el canje a los valores que el gobierno vecino en su momento ofreció. Este hecho ha llevado a que un tribunal judicial de EE.UU. embargue reservas argentinas localizadas en aquel país. Si bien su actual envergadura se puede minimizar, hacia adelante no puede ignorarse que queda sentado un precedente muy grave de proyecciones imprevisibles. El sentido común indica que cualquier bien del estado argentino podrá ser objeto de similares medidas.
En este orden de acontecimientos la otra situación complicada es la de la deuda pendiente con el llamado "club de París", compuesto por estados europeos acreedores de deuda argentina, con la que se ha incumplido desde el resonante "default" de años atrás.
Los hechos se enmarcan -además- con la sensación térmica imperante que lleva a la convicción de que el Estado de nuestro vecino tiene problemas de "caja", de difícil resolución, todo lo cual necesariamente no pasa desapercibido.
Es triste, pero es un espejo en el que es bueno mirarse a tiempo.
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