MarÍa Julia Pou
Nuestro país tiene en el turismo una de sus más importantes fuentes de divisas. Año tras año quienes analizan los resultados de lo que se ha dado en llamar "la temporada", hacen el balance de la misma, en general, con respecto al resultado de la anterior. No nos parece una mala cosa este procedimiento pero sí creemos que se debería mirar un poco más lejos e ir un poco más hondo en el análisis prospectivo del tema.
Para empezar es bueno recordar la definición convencional de turismo, viene definiéndolo como el conjunto de relaciones de todo tipo que tienen lugar entre turistas y residentes, una definición que fue aceptada a mediados del siglo pasado por la Asociación Internacional de Expertos Científicos de Turismo.
Con esta definición como telón de fondo, la Organización Mundial del Turismo, con sede en Madrid, la hizo suya cuando, en 1975, empezó a funcionar como organismo encargado de velar por los intereses turísticos de los países miembros. Fue en España -país turístico por excelencia-, que empezaron a trabajar en los múltiples aspectos que la actividad requiere para resultar uno de los rubros más importantes de la economía española.
Cuando en la definición se mencionan las relaciones entre el visitante y los anfitriones nada puede quedar excluido: la seguridad como un requisito imprescindible, el respeto por el extranjero, por las distintas culturas, el hacer respetar -conocer, si hace falta- las normas de nuestra sociedad. Enunciar estas cosas es fácil, lo difícil es llevarlas al plano de la acción. Muchos de los requisitos son responsabilidad de los gobiernos -nacionales y departamentales- pero deben éstos incluir una "educación para el turismo" que nos involucra a todos los ciudadanos.
El mostrar en cada oportunidad nuestra buena disposición y educación, el exhibir orgullosamente nuestra cultura, son parte de nuestro deber en esa relación de turismo que nos incluye a todos los que aquí vivimos.
Mirado desde otro lado del mostrador, quienes invierten en emprendimientos turísticos que sólo tienen vida durante unos pocos días del verano - un máximo de 60- viven las dificultades de hacer producir una inversión en tan corto tiempo. Es en esta materia que nuestro país debe avanzar y sería bueno hacerlo mirando hacia aquellos países que ya han sabido sortear estos mismos escollos como las temporadas muy cortas, y las han sabido extender -por ejemplo-, apuntando a sectores de la sociedad con menos restricciones de calendario, promoviendo los "paquetes turísticos", y tantas otras variables que pueden mejorar nuestro desempeño en este rubro.
Para terminar es bueno reconocer que algo se ha avanzado en la materia. La población en general tiene conciencia de las oportunidades laborales que ofrece la actividad del sector y no son pocas las instituciones que se dedican a preparar gente para desempeñar las distintas tareas que el turismo demanda.
Pero bueno es también recordar que si nos detenemos en lo que estamos no nos quedamos quietos sino que nos retrasamos… el mundo va muy rápido y no nos espera.
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