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Luís Alberto Lacalle
Ya hemos procedido a enterrar el año de 2009 en el cementerio de la historia y comenzaremos a escribir uno nuevo, con nuestros actos individuales y colectivos y los respectivos aciertos o errores. ¡ Ya fue y ya se fue, aguas abajo por el río de la historia!. El que cierra es más crónica que historia porque aún están calientes los hechos ocurridos y porque para que sean analizados en la profundidad y con la perspectiva necesarias hace falta más tiempo.
Preferimos el mañana al ayer, ver como podrán -las causas del pasado inmediato- incidir en el hoy que nos acucia. En la sociedad no todo es el gobierno, por lo menos desde nuestra concepción filosófica, ni todo transcurre por el camino que andamos los que a la actividad política nos hemos dedicado. Pero una cosa es cierta y a la vez base de nuestra estructura social, solo desde el Poder Ejecutivo o del Legislativo, pueden aprobarse actos jurídicos de obligado cumplimiento, los llamados actos regla. De ahí la importancia de lo que ya está ocurriendo en la preparación del gobierno que vendrá dentro de tres meses y la lógica preocupación de todo el país acerca de qué rumbo indicará el gobierno del Sr. Mujica.
Se encuentra este distinguido compatriota ante una de las primeras verdades que caen sobre la mesa del gobernante con rotundidad sin igual: no se puede hacer todo, se asiste al choque entre lo soñado, lo propuesto y aun lo prometido y la dureza sin par de la realidad. Ocurre en todo inicio de gestión gubernativa y es de la esencia de la pericia en el gobernar, adecuar lo uno con lo otro.
Nuevamente estamos ante una fuerza política que ha recibido un mandato rotundamente claro concretado en la mayoría parlamentaria que, junto con el ejercicio de la Presidencia, pone en manos del Frente Amplio prácticamente la totalidad del poder institucional que es el único que se obtiene o no desde la legitimidad de las urnas.
Se ha dicho, después del 29 de noviembre, que se había obtenido el gobierno pero no el poder. Se trata de un concepto tan fuerte y lleno de preocupantes interrogantes como equivocado.
Lo que obtuvo el Frente Amplio legítimamente fue el único poder que otorga -que presta sería una expresión más ajustada- el soberano, es decir el conjunto de ciudadanos que llamamos comúnmente el pueblo. No tienen entre sus manos el Sr. Mujica y sus compañeros más ni menos poder del que establece, minuciosamente, la Constitución y que en este caso es mucho. Mucho y más que suficiente como para realizar obra de profundidad.
Teniendo en cuenta estas circunstancias es alentador que el Presidente electo haya invitado a la oposición a integrarse a grupos de trabajo para analizar áreas de indudable importancia en forma conjunta, seguramente que en la positiva esperanza de que se logre para los eventuales consensos una más ancha base.
En este punto debemos recordar que esta actitud implica ir más allá de lo que a la oposición corresponde, pero sin que sustituya lo que corresponde por imperio de ley y estilo nacional. El control del gobierno en las posiciones y porcentajes que marcan la Constitución y las leyes es la base de un buen relacionamiento con el gobierno, no lo olvidemos ni permitamos que los bienvenidos grupos de trabajo para lo que es avanzar más en los entendimientos, oscurezcan u oculten lo que es preceptivo. La historia del siglo XX, a partir de 1904 es la lucha por la pureza del sufragio, la representación proporcional y el debido control de los gobiernos.
El gobierno que fenece llevará ante la historia esa marca negativa de no haber habilitado el control de las minorías en la medida estricta que marca la ley. No se trata de una discrecionalidad, de una gracia que se otorga a la otra mitad del país, es lo que manda la ley y ordena la mejor tradición democrática de nuestro país. Algún atento lector de la Constitución dirá que jugando con determinados plazos, bastan las mayorías simples para designar las minorías en los Entes Autónomas y Servicios Descentralizados.
Así es, la norma tiene por objeto no hacer prisionero a un gobierno de una eventual intransigencia de la oposición, pero es una salida jurídica que no conviene activar. Nada mejor le puede pasar a un gobierno que ha recibido la totalidad del poder que tener el ojo vigilante de la oposición en donde corresponde. Por supuesto que lo primero que debe hacer el Parlamento es abocarse a nombrar una nueva Corte Electoral y un nuevo Tribunal de Cuentas.
Recordemos que estos importantes organismos no han sido renovados por falta de acuerdo en las proporciones de representación y no por falta de voluntad del Partido Nacional en hacerlo.
Estamos pues ante dos circunstancias perfectamente diferenciables y que no deben confundir a nadie. Por un lado lo que a derecho corresponde y que necesariamente debe ser posterior al 1º de marzo. Por otro el encontrar, en energía y educación, por mencionar sólo dos importantes temas, acuerdos de largo aliento para, cuando se legisle, se lo haga con sentido de periodos largos de estabilidad de las normas, única manera de dar seguridad a todos y para un tiempo prolongado.
La iniciativa la tiene el nuevo gobierno y mucho dirán de cómo quiere pasar a la historia, estos primeros pasos que ya estamos viviendo. Entretanto, dirigiéndonos a todos nuestros compatriotas, repitamos, desde el fondo de nuestra tradición cristiana : "Gloria Dios y paz a los hombres de buena voluntad"….
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