Clave de lectura

JUAN MARTÍN POSADAS

La elección de José Mujica como Presidente dejó planteadas profundas interrogantes. Un par de años atrás, quizás menos aún, nadie se lo esperaba. Cuando su candidatura fue madurando encontró resistencia dentro del propio Frente Amplio. Una resistencia personalizada de parte de Astori y de parte de Vázquez. Incluso la izquierda que se llama independiente, los intelectuales y la academia, no podían creer que se impusiera de forma tan contundente un candidato con esa facha y con ese discurso tan deslindado de los prototipos de la izquierda.

Cuando Mujica ganó las elecciones -llevándose por delante a Vázquez, al Pepecoloquios y a sus propias limitaciones- empezaron a llover explicaciones. La noche del escrutinio el historiador G. Caetano expresó en TV que el electorado uruguayo había cambiado mucho. Ese enunciado fue aceptado y retomado por otros pero ni Caetano ni los otros nos dieron datos sobre la naturaleza de ese cambio (que, a mi juicio, no hay que ver como cambio del electorado sino de la sociedad). Esa explicación sigue pendiente.

Dado que la elección ya pasó y todo el mundo se va acostumbrando a Mujica (y éste da muestra de ser algo distinto de lo que creían saber de él los entendidos-sorprendidos), el intento imprescindible de explicar el fenómeno fue abandonado. Es una lástima, porque lo grave no es que falte una explicación para Mujica, lo grave es no haber entendido los cambios operados en el Uruguay que lo votó.

Voy a sugerir algunas pistas de análisis. Primero, hay que descartar una confusión: querer explicar el éxito popular de Mujica como una prolongación del crecimiento electoral del Frente. Son dos cosas distintas. El crecimiento electoral del Frente Amplio, sostenido durante 25 años, tiene una explicación principal en la obstinada sobrevivencia del batllismo y el grado de "batllistización" del Uruguay (sobre todo Montevideo). La razón del éxito de Mujica hay que buscarla en otro lado: en el cambio producido en el Uruguay post batllista.

La explicación que aquí insinúo está articulada sobre los conceptos de Thorstein Veblen (The theory of the leisure class). Según este autor las sociedades modernas cambian cuando se modifican las normas de reputación (o cuando saltan de una norma de reputación a otra). En el Uruguay las costumbres establecidas tenían una legitimidad fenomenal y eran observadas en todos los niveles de la sociedad: la prescripción se había apoderado de la costumbre (concepto clave de Veblen). Cito: "La norma no proviene de otra fuente que no sea el deseo de ajustarse a la costumbre establecida, de evitar llamar la atención, de vivir en conformidad con los criterios aceptados de decencia en cuanto al empleo decoroso de su tiempo y esfuerzo" (pág. 131). ¿No parece esto una descripción del Uruguay de antes? Pero las "normas de reputación" han cambiado en el Uruguay y desapareció "el deseo de ajustarse a la costumbre establecida". Han adquirido legitimación otros "criterios de decencia". Me parece que los cambios que se ven en nuestro país no son cambios electorales y han de ser interpretados según estas claves. El asunto da para más.

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