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Julia Rodriguez Larreta


La otra orilla

Cortinas de humo

Julia Rodríguez Larreta

Nada mejor, cuando hay problemas serios, que desplegar una envolvente cortina de humo que desvíe la atención de la gente. Y para eso hay que reconocer que los Kirchner son unos maestros.

Cuando la derrota del seleccionado argentino le hizo trizas sus planes para capitalizar la idolatría a Maradona, junto al triunfo del equipo de fútbol. Cuando la inseguridad es cada vez más grande y los problemas muchas veces fatales, que causan una delincuencia absolutamente fuera de madre y aterradora. O cuando las denuncias y sospechas de corrupción que rodean a los adláteres del gobierno están cada vez más cerca de arrastrar a la máxima autoridad, Cristina y su marido sacan de la manga algún tema ruidoso. Lo inflan hasta que está a punto de estallar y convierten la escena política en un ring, donde la Presidencia se enfrenta heroicamente con el adversario de turno.

En esta ocasión, además de con la oposición, con otra fuente de poder en la Argentina, la Iglesia Católica, con la cual disputó un proyecto de ley de matrimonio homosexual que hasta hace poco nunca se supo que fuera un asunto de gran importancia e interés de la agenda gubernamental.

Entonces, mientras Fernández se paseaba por la muralla china y se enfrascaba en conversaciones con el Premier chino, que no se amolda a los requerimientos argentinos para que les compren productos con valor agregado, como ser aceite de soja y no sólo los granos. Y la Argentina que está pasando por una etapa subidamente proteccionista (ahora le gana al Brasil dentro de nuestro querido Mercosur), insiste con cerrarle las puertas a los baratos productos chinos; en suelo argentino se armaban multitudinarias concentraciones. Como la impulsada por el Cardenal Bergoglio, con el apoyo de otras religiones y la gente que no concordaba con eso del matrimonio de los homosexuales. Por algo la palabra está etimológicamente relacionada con madre, dicen los que no están de acuerdo, ni tampoco con que puedan adoptar niños, como si fueran una pareja conformada por un padre y una madre.

Pero de poco sirvió que a esa convocatoria acudieran entre 50.000 o 70.000 mil personas, según las distintas informaciones, y que a la organizada por los gays, lesbianas, travestis y transexuales, fueran unas 200 o 300 personas, porque en el Senado, cerca de las 4 de la madrugada, se aprobó la ley tras un debate de 14 horas. Mientras el proyecto alternativo elaborado por la oposición, que proponía una unión civil, con casi los mismos derechos que en la figura del matrimonio, pero que dejaba fuera la posibilidad de adopción, no tuvo el menor andamiento, bajo acusaciones de "discriminación", término políticamente incorrecto, si lo hay.

De esta forma, el matrimonio (no gay, sino el de los Kirchner) logró ganarle la pulseada a los opositores, poniendo en aplicación su conocido entrenamiento para la confrontación. No sin antes haberse llevado en la numerosa comitiva a China, a dos senadoras K. que habían hecho conocer sus dudas respecto del mentado proyecto, por lo que sus votos no estaban bien atados.

Por otro lado, si bien la oposición en el Congreso le ha metido algunas banderillas al gobierno, tal como lo analizábamos la semana pasada, hay sin embargo, una tendencia persistente que cercena la posibilidad de construir un bloque opositor sólido y con capacidad constructiva.

Es lo que se nota con el proyecto que busca llevar las jubilaciones mínimas al 82% móvil de los sueldos activos. La oposición se muestra unida por fines políticos, ya que se trata de una medida muy popular, y es lo opuesto para el gobierno, por oponerse. Pero luego hay posturas muy distintas entre unos y otros. Mientras algunos son escépticos respecto de la falta de recursos alegada por el gobierno, porque ven como se despilfarra el dinero de la Anses y los ahorros que se trasladaron de los trabajadores que habían aportado al sistema de jubilaciones privado, piensan que los $ 30.000 millones que harían falta deben ser utilizados para ello, otros quieren que gran parte de la cuenta salga del sector privado, por vía de impuestos.

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