Ser Forlán

GERARDO SOTELO

Ser Forlán no es tarea sencilla. Ser Forlán es elegir el camino de la excelencia pero también el del compromiso. Ser Forlán es sobreponerse a la indiferencia y la tragedia con otra cuota de esfuerzo, de riesgo, de amor propio y ajeno. Ser Forlán no es para cualquiera, pero cualquiera puede ser Forlán, al menos para sí mismo. Ser Forlán, el mejor de su especie durante el fugaz y superlativo reinado del Mundial, es una aventura que comienza en el hogar, donde se templan los espíritus de los pioneros y se fraguan los cracks de la vida, los que nunca se rinden, los que siempre quieren ir más lejos, más alto, más rápido. Los que las quieren todas aun en condiciones desventajosas. Los que le hablan con firmeza a los delincuentillos de referato y aun a sus propios compañeros, para recoger de ambos el respeto ganado por ser Forlán, un adolescente de catorce años, flacucho y solo, llevando su ilusión a otras tierras, donde el cielo es el límite porque no hay cielo; tan sólo un poco más de esfuerzo, otra serie de tiros al arco y nuevamente a esperar el próximo entrenamiento, el siguiente partido, y por qué no, el pase que lo catapulte a nuevos niveles de exigencia, a umbrales desconocidos de gloria. Ser Forlán no es ser un elegido. Forlán es Forlán porque hizo lo que casi nadie se anima a hacer. Ser Forlán supone, inevitablemente, probarse fuera de los límites casi parroquiales de nuestra sociedad, donde nadie puede convertirse en Forlán sin ser motivo de envidia y murmuración. Ser Forlán en Uruguay es virtualmente imposible por falta de recursos espirituales, salvo que se viva en el extranjero, en cuyo caso todos nos sentimos orgullosos de que Forlán sea Forlán y no uno más, alguien apenas más o menos bueno, porque, total, para qué esforzarse si nunca va a llegar a ser Forlán. Ser Forlán no es un asunto de elegidos sino de elegir el árido camino de la autosuperación, de ganarse a uno mismo, y ser a la vez un hombre de equipo, integrar un grupo de luchadores y lograr que reconozcan en Forlán la triple invocación de los líderes, a la vez ejemplo de compromiso, excelencia y humildad. Ser Forlán es poner una vela encendida al viento de la tempestad y encontrar la manera de que permanezca encendida. En sociedades más numerosas y competitivas, ser Forlán es una condición ineludible para triunfar en cualquier disciplina, aunque pocos o muy pocos lleguen a ser Forlán.

Cualquiera puede ser Forlán pero ser Forlán no es para cualquiera pero cualquiera puede ser Forlán, y hacer sonar esa vuvuzela cósmica que lleva adentro, mientras quiebra la cadera para impulsar una pelota picada contra el arco, ascendente, inatajable, cuando espira la agonía, con la pierna del dolor y la impotencia. Ser Forlán no es un asunto de dimensiones corporales, no tiene que ver con las piernas ni mucho menos con los abdominales. Ser Forlán es una cuestión del espíritu, como ser uruguayo.

(Para Raúl Forlán Lamarque, allí donde esté)

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