Carta al Presidente

JORGE LARRAÑAGA

El pasado 1º de marzo nuestro país se mostró una vez más como ejemplo democrático y republicano para el mundo. A la asunción de nuevas autoridades, se le sumó un hecho nada menor, el 25° aniversario del retorno a la Democracia. Este tiempo nos enseñó a los uruguayos, que las rencillas domésticas no conducen a las soluciones, sino a la fragmentación de la sociedad. Por eso el mayor reconocimiento a quienes han dedicado la vida a custodiar los valores e instituciones democráticas, con respuestas que hagan del ser humano su centro.

La Democracia no se agota en las formalidades. Por supuesto "la forma" democrática es trascendente. Provengo de una colectividad política que ha ofrendado hasta la vida de sus integrantes para consolidar procesos electorales con garantías y justicia, y también por asignarle a la "forma", una "sustancia". Pero hace falta más: democracia para votar pero también democracia para comer y educarse. Es aquí donde adquiere dimensión ética el referente político.

La política está hermanada a la democracia. La política permite administrar el disenso y la discrepancia; como señala el sociólogo chileno Fernando Mires, "no hay democracia sin conflicto pero conflicto sin democracia es un infierno". Es básico que los políticos nos desprendamos de los radicalismos, de los sectarismos. Hay intereses mayores que no admiten la distracción en enfrentamientos. Si la política pierde ese sentido, si las colectividades descuidan ese objetivo, terminarán en meros esqueletos, en cáscaras, sin carne ni alma.

Eso no lo queremos.

Por esto valoramos las palabras del Sr. Presidente en su discurso frente a la Asamblea General en oportunidad de hacer la promesa de respeto y sujeción a la Constitución.

Saludamos la convocatoria a acuerdos conducentes a Políticas de Estado, en particular en el orden educativo. Coincidimos y nos entusiasma la prioridad absoluta a la educación. Ella constituye un instrumento de libertad, que habilita a los hombres a construir su propio destino, con independencia y autonomía. Como señaló en su discurso, la educación es "la vacuna contra la pobreza del futuro". Adherimos incluso al ejercicio de "la plana", diaria y cotidiana, que nos recuerde a los políticos que debemos "ocuparnos de la educación".

Pero si no hay correlato entre la proclama, y lo concreto y palpable, corremos el riesgo de recaer tan sólo en una declaración más, divorciada de la realidad. Si el gobierno quiere construir políticas de Estado, si quiere concurrir a entendimientos con actitud complementaria donde unos aporten "tornillos" y otros las "tuercas", ¿cómo es posible que a la oposición se le pretenda asignar un solo cargo, de los 11 que integran la representación entre Codicen y Consejos desconcentrados?

No venimos a "cargosear" ni a reclamar cargos o posiciones. Planteamos coherencia entre el discurso y los hechos, entre la consigna y la práctica. No incurramos en las medias tintas, en los "gre, gre" para decir Gregorio, no sigamos dándole vueltas al mate, porque se lava. Las cosas como son y por su nombre.

Sí queremos construir políticas educativas de Estado ¿cómo podemos continuar con una Ley de Educación que fue aprobada al amparo exclusivo de una mayoría parlamentaria, desconociéndose a la mitad del sistema político, desoyendo a quienes representan a la mitad de la población del país?. ¿Ese puede ser el puntapié para las políticas de Estado? Si no anclamos en la práctica esa declaración de buenas intenciones, estamos hipotecando el futuro de la sociedad. Seguiremos teniendo hijos y entenados.

Presidente, estamos a la orden para construir. Para ayudar, para romper las maneas que inmovilizan desde hace años. Acompañaremos cualquier medida que favorezca la igualdad en el acceso a la educación, que garantice la equidad, porque sin esa posibilidad, la manida frase de "distribución de la riqueza" quedará agotada en un eslogan panfletario.

Lo que necesitamos es una "distribución justa e igualitaria de las oportunidades educativas". Un sistema que privilegie la inclusión social. Justicia e igualdad en el acceso a la educación, porque sin ella no hay equidad ni porvenir. Apoyamos la extensión del sistema de escuelas de tiempo completo, porque los resultados favorecen a quienes más lo necesitan. Hablamos de esto en agosto de 2007 en el Departamento de San José. Avancemos sobre acuerdos marco, cuestiones centrales; de lo contrario, los rehenes serán los más débiles. Es éticamente insoportable que tengamos una educación para ricos y otra para pobres. Sino mejoramos el sistema vamos a reproducir pobreza, los pobres seguirán sumergidos y sin posibilidades de superación.

Los hijos de los uruguayos más humildes no pueden esperar. Un pueblo educado será más libre, verdaderamente libre, apreciando todas las dimensiones de la libertad. Un pueblo educado aprecia la democracia. Nuestra democracia es un valioso legado. Por eso es de justicia valorar la labor de quienes, y por encima de diferencias de enfoque, fueron pilares -con aciertos y con errores- en construcción y sostenimiento de estos cinco lustros de Democracia: los Presidentes Sanguinetti, Lacalle, Batlle y Vázquez.

También es imposible soslayar inmensas figuras, que se entregaron a la lucha cívica por la libertad. Nos referimos al General Líber Seregni y a quien consideramos nuestra inspiración permanente, Wilson Ferreira Aldunate.

Merecen, en primer lugar, el reconocimiento del que gozan en el corazón de los orientales; en segundo lugar, la recordación permanente, para que las nuevas generaciones se impregnen de sus valores cívicos y espíritu democrático y sobre todo, que quienes tenemos responsabilidades políticas, procuremos construir un país más justo, el país que se merecen nuestros compatriotas, y que ellos soñaron.

No me gusta molestar asiduamente, no me gusta abusar de las prerrogativas de la amistad, no soy amigo del palmoteo, no ando en el entorno del poder, no estoy en condiciones de dar consejos, pero le sugiero Presidente Mujica, cuando supere la urgencia inicial, que convoque a dos o tres dirigentes por partido, en torno a un mate, un café o un vaso de agua, para ponernos de acuerdo sobre la educación de los uruguayos.

Presidente escriba la primera plana, lo vamos a seguir todos en el pedido de "ocuparnos de la educación", porque sin educación nos vamos al tacho.

Por eso lo voy a molestar.

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