Rodolfo Sienra Roosen
Nadie lo sabe. Ni Mujica lo sabe. No creemos que la píldora que dejó embelesados a algunos empresarios en el Conrad, sea la misma que dio a los sindicatos hablando de la financiación del acto de mañana. Los indicios sobre perspectivas son vagos y pocos.
El gobierno que asume se gestó en una alianza de tupamaros y comunistas que al grito de "más izquierda" le cerró el paso a Astori, al que se le ve cada vez más desnorteado.
Es un dato de la realidad del cual no se puede prescindir, como tampoco de la confesión de Mujica, que "como te digo una cosa te digo la otra". Miles de evidencias lo acreditan. Una tercera señal es que Mujica no perdona, y no va a digerir lo de las estupideces que le atribuyó -hasta con saña, y perdóneme señor Presidente entrante- el Presidente saliente.
La última -el pechazo a particulares para costear la transmisión del mando aunque son minucias para cualquiera de los destinatarios- terminó en un papelón.
Otra señal de rencoroso será apartarse de algunas medidas tomadas por Vázquez para que no le pese el liderazgo que algunos le reconocen, y que nosotros notamos atenuado al final de su mandato.
Si es cierto que Uruguay no va a oponerse al nombramiento de Kirchner como secretario de la Unasur, el Canciller y Mujica con eso solo arrancan mal, porque si en algo Vázquez tuvo el respaldo de todos los uruguayos fue en su formal decisión de vetarlo mientras el gobierno argentino tolere el delito de los piqueteros de Gualeguaychú.
Mujica es una incógnita. Lanzado por tupamaros de pura cepa y comunistas de cuño estalinista, es vengativo, domina el poder y opera purgando.
Tiene rasgos comunes a Chávez. Apoya a Insulza en la OEA, y tendrá su audición de radio, que en lugar de "aló Presidente" se presentará como "habla el Presidente", un factor de desgaste rápido.
La política económica se ajustará al pragmatismo natural de ir adonde va la gente siguiendo a Vicente, por momentos para un lado, por momentos para el otro.
No va a inventar nada porque todavía no estamos para echarnos a andar solos, dependemos de las coyunturas regionales e internacionales. Lo malo, es que a quienes les prometió una cosa, los va a defraudar, y lo mismo a quienes les prometió la otra.
Sobre educación, con la ley vigente, retrocederemos por más que se llene la boca hablando del tema. Sobre la reforma del Estado -"la madre de todas las reformas" como la llamó Vázquez y ahí quedó- que no se espere nada del otro mundo. También vivirá en tensión con los sindicatos, dominados por los comunistas, y en esa pulseada, que no es menor, veremos quién le dobla el brazo a quién.
Las políticas sobre seguridad y el tratamiento a la minoridad delincuente, al menos por lo que anuncia el futuro ministro del Interior Eduardo Bonomi, no serían las tradicionales de la izquierda.
Sobre el drama carcelario, nadie anunció soluciones.
Y en cuanto a las relaciones con la oposición, vamos a esperar todavía.
Cinco años es mucho tiempo...