No hay dudas: será distinto

WASHINGTON BELTRÁN STORACE

Se largó el 2010, año de una nueva presencia de la selección uruguaya de fútbol en un Campeonato Mundial y de la ascensión, como Presidente de la República de José Mujica, un ciudadano que pasó once años de su vida preso por atentar contra las instituciones democráticas y que al amparo de ellas ocupará el sitial más alto de nuestra republicana Constitución reserva.

Lo hace por méritos propios, nadie le regaló nada. El pueblo lo eligió y confió en él para manejar su destino. Será el segundo presidente en la historia del país surgido del conglomerado de fuerzas de izquierda, pero sus primeros pasos parecen desde ya marcar una nítida diferencia con la impronta que caracterizó la gestión de Tabaré Vázquez.

Porque su situación, además, es distinta, mismo hacia la interna de su partido. No tiene el élan que Vázquez trasmitía a los frentistas, esa suerte de ser visto por encima del bien y del mal. Tuvo que superar varias instancias antes de resultar triunfador y el panorama que enfrenta también es distinto.

Creo que Mujica ha evaluado un antes y un después de las elecciones.

En el antes, todo el Frente Amplio marchaba unido, no había fisuras en el conglomerado, cada cual desempeñaba su papel: el coro no desafinaba porque el objetivo era la victoria. El después marca un cambio; ahora se trata de dar los pasos para gobernar, tomar decisiones y ellas siempre dejan a algunos doloridos. ¿Cuál es la intensidad de este dolor? Eso es lo que está por verse.

De pique nomás y sin haber asumido, tuvo una crisis de gabinete, cuando Rafael Michelini se consideró desplazado, reclamó el ministerio de Transporte y Obras Públicas y amenazó con no reconocer al titular de Economía propuesto por Astori, como integrante de su sector.

Y otra generada por una figura muy allegada a él, su compañero en el ministerio de Ganadería y ex ministro Ernesto Agazzi, que rechazó la cartera de Educación y Cultura.

De pique los camaradas del Pit-Cnt, a instancias de los empleados de Antel agremiados en Sutel, vinieron a plantearle que echara para atrás la implementación del Plan Cardales impulsada por Vázquez.

Y cuando habló de la Reforma del Estado no se escucharon muchas voces de colaboración, sino más bien de recelo. De pique también los gremios de la enseñanza ya plantearon que aspiran al 6% del PBI, porque el famoso 4,5% lo consideran insuficiente.

Como contrapartida tuvo un diálogo muy fructífero con los líderes de la oposición, que hace presagiar que, por este lado, los problemas no van a venir.

Se acordó su presencia en los Entes Autónomos y Servicios Descentralizados y se nombraron representantes para integrar las cuatro grandes comisiones que deberán elaborar Políticas de Estado en los temas de seguridad, medio ambiente, energía y educación.

No es muy difícil suponer que en los tres primeros no va a haber serias dificultades, como sí que la habrán en el tema educativo. Se trata de gremios muy fuertes y movilizados, que practican un feroz corporativismo y consideran la enseñanza como un patrimonio propio, un territorio inexpugnable al que nadie puede ingresar sin su expresa autorización.

Larrañaga le planteó a Mujica que detuviera la aplicación de la "Reforma Educativa" como forma de evitar un peligroso traspaso de prerrogativas, pero hasta ahora no hay ningún anuncio de que ello pueda cristalizar y sí en cambio una danza de nombres para ocupar las jerarquías.

Después se verá como es el funcionamiento real del gobierno y como se comportan los distintos grupos del Frente Amplio. Mujica tuvo en el retrógrado Partido Comunista a su principal aliado electoral.

Es un grupo con muy pocos votos (siempre lo ha sido), pero maneja el aparato sindical y los delegados de las bases frentistas; sobrevuela también una especie de "pacto de no agresión" que implica el reparto de áreas con el grupo del vicepresidente Astori, pero hay que ver como afecta a ello la creación de un superministerio, el Ministerio de Gobierno, encabezado por su correligionario y amigo Eduardo Bonomi; qué repercusiones tendrán las elecciones municipales, donde en Montevideo se anuncian dos candidatos: el socialista Daniel Martínez y Carlos Varela de Asamblea Uruguay. Mujica desprecia la obsesión por los cargos del socialismo, pero ¿hacia dónde irá el apoyo decisivo del MPP ahora que es Presidente?

No hay dudas que tomar decisiones le va a generar fuertes dolores de cabeza.

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