Antonio Mercader
De esperanzas risueñas el año es portador", cantó Gardel en un tango inolvidable del uruguayo Casciani. Quiero pensar que así será, sobre todo porque el próximo primero de marzo asumirá un nuevo gobierno. Su primer gran test será el presupuesto quinquenal en donde se verá hasta dónde el flamante equipo económico soportará las presiones para aumentar el gasto. Que las habrá como siempre, aunque redobladas esta vez por las bellas promesas hechas en la campaña electoral por el gobierno entrante.
Nada más riesgoso en política que buscar el amor de todos los administrados. Los recursos del Uruguay son escasos y en su distribución se descuenta que habrá quejosos. Imposible contentar a todos, máxime cuando mantener el actual presupuesto -engordado en 2009 con obvios fines electoralistas- no será fácil. Por tanto, los nuevos gobernantes deben estar dispuestos a aguantar las quejas de los desilusionados convencidos de que Mujica y su gente planean alzar el cuerno de la abundancia y derramar sus dones sobre el pueblo.
Ojalá que en 2010 nuestros vecinos se mantengan estables, sobre todo Brasil, país de cuyos avatares económicos dependemos más que en otros tiempos. Y que la región se conserve en relativa calma, sin sobresaltos del otro lado del Plata y sin que las rencillas de vecinos, abundantes en estas latitudes, pasen a mayores. Quiero suponer que se resolverán los conflictos que nos separan, como el de Botnia que nos distancia de Argentina, asunto complejo en donde el nuevo gobierno, en particular Mujica, deberá jugarse a fondo.
Otra esperanza es que el Parlamento vuelva por sus fueros, que recupere su carácter de sede del diálogo entre gobierno y oposición. Esta vez, el Frente Amplio tendrá una mayoría más apretada en Diputados, pero mayoría al fin, por lo que puede seguir apelando a la aplanadora y aprobar leyes sin siquiera dar noticia a los demás partidos. Hay indicios de que no será así, algo que, de confirmarse, asegurará leyes de mejor factura y más consensuadas que en la anterior legislatura.
Cunde la ilusión de recuperar un país seguro, con una justicia que no vibre al diapasón de la política, con menos violencia y sin pasta base, con una policía que no se declare incapaz de resolver casos como el de Feldman o el de la carta bomba. Un país que consiga educar a las nuevas generaciones en sintonía con las demandas del mundo, con docentes responsables y sin corporaciones que saboteen todo intento de cambio. Así, seguridad y educación son las mayores asignaturas pendientes.
Nuestro maratónico ciclo electoral, abierto con las internas en junio de 2009, terminará en mayo cuando elijamos a los nuevos intendentes. Tener 19 gobiernos departamentales en un país pequeño, de poca población, es un exceso. Pero ya que es así y que nada hace presumir que ese reparto territorial cambiará pronto, es de esperar que los jefes comunales entiendan que su obligación no es dar empleo sino resolver los problemas de sus vecinos.
En las puertas del 2010, elevamos nuestro deseo de paz y una esperanza futbolera que Gardel y Casciani habrían compartido: que a la celeste le vaya bien en Sudáfrica. ¡Feliz año!
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