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RODOLFO SIENRA ROOSEN
Con el tema empezó Juan Martín Posadas el 13 de diciembre. Siguieron dos editoriales del 10 y 22 de diciembre ("El desafío político" y "la lógica binaria") respectivamente. Y en el último artículo del año, venimos a aportar nuestro granito de arena, siguiendo la misma línea.
Las de blancos y colorados son dos colectividades políticas diferentes, cada una con su propia identidad. Eso es cierto, tanto como que la historia del país se construyó con enfrentamientos que llegaron a las armas y con la sangre derramada en los campos de la patria de los dos lados.
Luego siguió la rivalidad política. Pero esa misma historia, también se construyó con acuerdos, y con gobiernos de coalición. Al fin y al cabo, hasta Batlle fue Presidente por el apoyo de un blanco.
Entonces en este momento, y para esta ocasión de las elecciones departamentales de otoño, no tiene nada de extraño pedir que se junten para enfrentar a un adversario que aglutina en una misma fuerza, partidos y sectores que nada tiene que ver entre sí sino que confrontan en todo.
En el modelo de país que pretenden, en su filosofía política, en sus métodos, en su ideología, menos en un aspecto: en el electoral.
Ahí, cuando las papas queman, se juntan todos, y le ganan al resto de la oposición dispersa, que le da demasiada trascendencia al antagonismo histórico.
En el ámbito nacional, está o debería estar la segunda vuelta electoral para plasmar esas afinidades, como sucedió en 1999 y no sucedió este año.
Pero en lo departamental es diferente, porque la competencia se dirime como si existiera el doble voto simultáneo. Hoy el Frente tiene siete Intendencias. Si no se entienden los partidos tradicionales, puede llegar a tener quince o dieciséis.
Declaraciones y actitudes de fin de año parecerían dar la señal que cada uno irá por su lado, pero las puertas no están cerradas.
Enero es un buen mes para pensar. Que se hayan adelantado postulaciones, no quiere decir que llegado el caso no se revea la actitud.
Que Bordaberry anuncie que su Partido se presentará con sus candidatos, tampoco. Bordaberry es inteligente, aunque a veces se mimetice en Galarza.
Le falta experiencia política, pero hay que hablar con él y con gente que lo rodea, y tienen más estaño.
No será fácil armar una ingeniería electoral que haga posible esta intención, pero con buena voluntad y algún sacrificio inevitable cuando lo que se mira no es la chacra propia sino el interés superior, se puede.
Antecedentes hay, de hace unas seis décadas, cuando las Uniones de Vecinos.
Sólo se necesita voluntad política, paciencia, y grandeza de ánimo.
Lo que no se puede perder, a partir del 1º de febrero, es el tiempo, porque vuela.
Dos partidos que tienen vocación democrática y que son esencialmente liberales, reúnen las condiciones básicas para entenderse en lo que no deja de ser una ocasión para un objetivo concreto: no regalar los espacios de poder que ocupan los gobiernos departamentales.
Felicidades para todos.
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