Leonardo Guzmán
Igual que en el fútbol, ciertos politólogos flechados estiran la transmisión cuando el partido terminó y el estadio está vacío: ahí andan, tratando de refitolear errores que habrían llevado al Dr. Luis Alberto Lacalle a su derrota.
Suena a perdedero de tiempo, con mal gusto e injusticia por añadidura.
Mucho más útil y ejemplarizante sería detenerse en los méritos, la fuerza de voluntad y el sacrificio de un ciudadano que empezó su batalla debajo de cero y la terminó acumulando un millón de votos, a contramano de una elección parlamentaria que acababa de serle adversa.
Mucho más interesante sería averiguar con qué escala de valores midió la ciudadanía al triunfador, cuyos mensajes fueron contradictorios y estuvieron cargados de gazapos y boutades que le valieron una admonición histórica del propio Presidente de quien era continuista.
Pero hoy hay algo mucho más importante y urgente: entre los variopintos temas que el candidato tiró al barrer, elegir los que valen y encararlos desde la opinión pública para que se conviertan en proyectos. Eso supone ordenar retazos y pasar en limpio esbozos, dándoles estructura.
Tarea para sus técnicos sin duda. Pero también misión para la ciudadanía, que debe luchar para que el país no vuelva a enzarzarse en falsas oposiciones si sigue tomando por contradictorio lo que es complementario.
Véase.
Mujica dejó picando la idea de cobrar a los estudiantes de abogacía para subsidiar a quienes opten por Ingeniería, porque el Uruguay necesitaría menos gente en Derecho y más gente en ciencias aplicadas. Podrá sonar lindo, pero la experiencia de quienes transitamos la vida haciendo Derecho nos muestra que lo que hace falta es formar, en todas las carreras, universitarios que tengan a la vez rigor lógico y capacidad versátil, abierta, con captación de contextos y hasta sentido del humor.
Ingeniería y Derecho tienen en común la lógica. Quien lo dude, deberá enterarse de que, sin matar otras escuelas, en Derecho se abrió camino el control y el análisis lógico de los conceptos, al punto de condensarlos en algoritmos -conjunto de operaciones estándar- similares a los que usa la informática.
Y bien: si mucho tenemos que trabajar para llevar tecnología a todos los rincones, también debemos trabajar mucho para devolverle autoridad a la regla de Derecho, exigiendo razones a abogados, escribanos, fiscales, jueces, jefes de oficina y todo portador de un sello de goma.
Pero, además, habituándonos a darnos razones nosotros mismos, reeducándonos en obedecer semáforos, despreciar vivezas y sacudir perezas mentales y físicas.
Y esos propósitos tecnológicos y jurídicos deben buscarse juntos.
Enseñando a manos llenas gramática, matemática y filosofía, porque ha sido su caída en Secundaria lo que ha atentado contra la comprensión común, más allá de que sean pocos o muchos los graduados en tal o cual carrera.
Puesto que ganó el gobierno una personalidad cuyo pensamiento ha vivido en estado coloidal o de fermento, ocupémonos de los temas de fondo, pasándolo en limpio a él y a nosotros mismos.
Esa tarea es ampliamente más necesaria que hacer autopsias de la campaña que fue. Y más exigente, porque siempre es más difícil construir que destruir y el peligro de caer en ello existe.
Mantenga y vigile el nivel de debate y recuerde que nuestras Normas de Participación implican obligaciones y responsabilidades.