Ricardo Reilly Salaverri
Por estos días, varios presidentes en ejercicio y presidentes electos y funcionarios de diversa especialización latinoamericanos, se han dado cita en Montevideo (nunca se sabe a ciencia cierta para qué se reúnen).
El subcontinente se ha nutrido de personajes pintorescos. De lado queda el "comandante" de la refundida tiranía caribeña. Fue. Ya no se lo precisa. Tenemos a Evo y su apariencia precolombina. A Chávez y sus rojas boinas y camisetas (y su socialismo del siglo cuatro mil y algo, de cuyo vientre han surgido los "boligarcas", o sea la nueva oligarquía bolivariana). ¡Al padre Lugo! maestro incomparable de la paternidad infinita, quien antes que al Cielo, viene visitando juzgados paraguayos competentes en pensiones alimenticias y ... ¿para qué seguir?
En las reuniones de gobernadores de estados de los Estados Unidos de América, muchos de los cuales por sí mismos, tienen niveles de evolución intelectual, política, económica y social superior a la de los estados presentes en Montevideo, aún considerando a todos ellos como un solo país, el paisaje humano en los testimonios gráficos de los medios de comunicación es uniforme. Lo mismo, ocurre en las reuniones de representantes de los países de la Unión Europea. Hablamos de las naciones que son vanguardia del progreso universal moderno en todos los órdenes (responsables también con su poder notoriamente de grandes atropellos humanos y materiales).
Es evidente que los representantes de estos estados y países respetan un elemental protocolo -ellas o ellos- y no faltan ni el traje, ni la corbata, ni la presencia cuidada, sin necesidad de caer en el maquillaje excesivo. Por lo contrario, en las reuniones entre países árabes o estados africanos del centro y Sur del respectivo continente, las emisiones periodísticas, nos presentan un panorama distinto, pero que obedecen más bien a civilizaciones culturas diferentes a la nuestra. Pero dentro de ellas, hay ciertas uniformidad.
Si bien las apariencias engañan, no es casual que las formas de aparecer de quienes representan a los pueblos, sean unas en los casos de los que más han progresado y muy otras -la de la mayoría (el sayo no es para todos)- las de los de la cola del pelotón.
Hace poco, se conoció un "ranking" mundial relativo a las mejores universidades del mundo. Todas las primeras fueron anglo-sajonas y privadas: Harvard, Princeton, Yale, Oxford Cambridge... muchas otras entre cientos de las que figuraron en el análisis, pertenecían a países europeos o asiáticos. Ninguna, a la de países como los que mencionábamos al comienzo, los de la vestimenta rara y las representaciones diplomáticas pintorescas (en el "ninguna" va incluida nuestra universidad estatal).
Tomaremos como referencia una realidad parcial, a la que conocemos por experiencia propia. Una investigación realizada por el Colegio de Abogados del Uruguay concluyó en que la gran mayoría de los abogados consideran que las "principales dificultades" para el ejercicio de la profesión radican en la burocracia, la lentitud y la ineficiencia del sistema judicial uruguayo y en que "la jerarquía o capacidad técnica de los jueces ha decaído notablemente en los últimos años" (Búsqueda, 26/XI/09, pág.13). Esto es trasladable a todos los órdenes del quehacer y de la educación públicos, en todos sus niveles y extensiones. Decadencia que termina banalizando todo. Hasta la forma de presentarse los gobernantes.
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