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Cuando aún no se han apagado los ecos de las elecciones nacionales y cada ciudadano continúa formulando sus conclusiones sobre el resultado de las mismas y las razones que condujeron a ello, es importante llamar la atención sobre el futuro que nos espera y la actitud que la masa nacionalista debe asumir ante las etapas que deberá volver a protagonizar. Imponiéndose al sentimiento que puede invadir a todos, lo más necesario en este momento es mantener vivo el amor por el Partido y vigente el entusiasmo por servirlo, sobre todo teniendo presente que falta todavía una etapa por cumplir, como lo es la de las elecciones departamentales, y que ahora, tanto o más que en otras circunstancias, es necesario redoblar la militancia para librar en cada uno de los departamentos, la batalla por mantener o lograr la conducción local. El segundo domingo del mes de mayo del año próximo o sea el 9 de mayo del cercano 2010 deberá procederse a la elección de los Intendentes, de los miembros de las Juntas Departamentales y de las demás autoridades locales electivas, por lo cual, en cada uno y en todos los terruños, deberá empezarse a labrar el futuro que se debe cosechar.
En ese sentido, y como un ineludible instrumento para lograrlo, hay que mantener vigentes las estructuras utilizadas en las últimas convocatorias, sin permitir que se desintegren, emprendiendo nuevamente todos los esfuerzos tendientes a lograr un mejor posicionamiento de nuestra colectividad política.
Al margen de los resultados, fue hermoso el espectáculo ofrecido por la juventud nacionalista en calles y ramblas de Montevideo y de muchas ciudades del interior, que levantando consignas, alzando banderas y manteniendo una presencia activa, lograron crear un envidiable entusiasmo que no puede decaer. Los partidarios, y en especial esa juventud, no pueden regresar a sus casas, sino que desde ya deben empezar a prepararse para las jornadas que se avecinan, que no van ser fáciles, como no lo fueron las anteriores, pero que van a ser tan necesarias como ellas, para lograr un propósito que ninguna contrariedad puede disminuir. Es por eso que, sin perjuicio de las estrategias políticas que puedan utilizarse en su momento, sobre las que deberá irse pensando, hay que preservar las grandes corrientes de acción del Partido y renovar el entusiasmo a través de quienes ya lo exhibieron, incorporando a través de ellas a nuevos adherentes.
Las realidades departamentales son distintas entre sí y diferentes a las nacionales, por lo cual, recogiendo esa diversidad, no hay que permitir que decaiga el entusiasmo colectivo, sino que debe estimularse, ajustándolo a las características que son propias en cada lugar y que hay que llevar a la práctica con una sabiduría muy particular. La primer obligación que se impone a todos los nacionalistas, y en especial a los dirigentes, es no permitir que ese conglomerado se disperse, y que el entusiasmo no decrezca, sino que se mantenga fuerte y unido, para volcarse más tarde en cada casa, en toda ciudad y en todos los campos, procurando un mejor y más amplio respaldo en torno a las ideas y los candidatos que en definitiva resuelva presentar el Partido Nacional.
Muchos pueden pensar que es demasiado pronto para ocuparse de promover esas tareas, sin tener en cuenta que será necesario desplegar un gran esfuerzo para neutralizar las tentaciones que se lanzarán desde el gobierno central, la acción que en algún momento se va a desplegar desde los otros partidos y las dificultades naturales que provoca el aglutinar de nuevo un conglomerado partidario que ya está formado, que se conoce entre sí y que sabe cómo movilizarse.
Las elecciones del 2010 comienzan antes, y ese antes lo marcan los ciudadanos, trabajando a favor del Partido, procurando nuevos apoyos e incidiendo en la selección de los candidatos. Para los nacionalistas debe empezar ahora, indirectamente a través de la acción que promuevan las autoridades o espontáneamente, a través de los propios blancos, conservando sus grupos o sus vínculos con las diferentes agrupaciones, pero sobre todo, manteniendo viva la llama del Partido y su fe en él.
El país es el que lo reclama, sea cual sea el lugar en que se encuentren radicados, sobre todo en momentos en que lo que va resolverse es el problema de su entorno y de sus requerimientos más inmediatos por lo cual nadie debe eludir sus obligaciones ni defraudar sus compromisos.
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