JUAN ORIBE STEMMER
Las elecciones son ricas en discursos tachonados de palabras que corren desbocadas. Los ciudadanos toman a beneficio de inventario buena parte de esos fuegos artificiales retóricos. Pero, algunas metáforas persisten. Existen muchos ejemplos, incluyendo la frecuencia con que decimos que el país está dividido sobre algo. Y no sólo en las páginas o audiciones dedicadas a los temas políticos, que tras el furor electoral comenzarán lentamente a languidecer. Un autor especializado en deportes escribe que "Nacional y Peñarol, Peñarol y Nacional, parten al país en mitades".
Muchos hemos caído en el error de sostener que el resultado electoral divide el Uruguay en mitades.
Los expertos de las empresas dedicadas a los estudios de opinión pública contribuyen a esa simplificación de una realidad mucho más rica y compleja.
Es cierto, el resultado final de la encuesta consistirá en cifras más o menos precisas indicando que tal proporción de la ciudadanía apoya tal candidato. El resultado electoral se plasma en números claros y precisos. Ellos expresan claramente cual fue el número y porcentaje de los electores que votó por una u otra opción política (¿o sólo electoral?).
Así, la Corte Electoral proclamó a la fórmula José Mujica y Danilo Astori como ganadora del balotaje con el 52,39 por ciento de los votos. En tanto que la fórmula Luis Alberto Lacalle y Jorge Larrañaga llegó a 43,51 por ciento.
En las recientes elecciones en los Estados Unidos, el Partido Demócrata obtuvo el 52 por ciento de los sufragios (69 millones de votos) y el Republicano el 45,7 por ciento (59 millones). En la República Federal Alemana, la Unión Democrática Cristiana obtuvo el 32 por ciento de los votos, el Partido Social Demócrata el 27,9 por ciento, los Demócratas Libres el 9,4 por ciento. La Izquierda el 11,1 por ciento y el resto se dividió entre otros partidos. ¿Significa esto que esos países estén divididos en dos o más fracciones? No. Definitivamente, no.
El caso alemán es especialmente interesante.
Este país fue dividido por la Cortina de Hierro (la ocupación soviética y su régimen comunista en la Europa oriental), de la que formaba parte el Muro de Berlín, hasta 1989 (el propósito de esa barrera de la muerte no era impedir que entrasen alemanes occidentales a la Alemania Comunista, como repetían muy aplicados nuestros "camaradas" vernáculos, sino evitar que los ciudadanos de esta última escapasen a Occidente). Aquello fue una escisión real en dos países, dos sistemas políticos, dos banderas y dos gobiernos diferentes y, hasta enfrentados. Pero esa división política no rompió en dos a la nación alemana que festejó alborozada su reunificación.
Un resultado electoral, o una encuesta, solamente refleja preferencias sobre un asunto, que es un fragmento de la gran agenda compartida que constituye una nación.
El proceso electoral existe porque la nación se puso de acuerdo en elegir ese método para decidir sobre ciertos temas -sus autoridades de gobierno- y en acatar sus resultados. Así, las elecciones democráticas son la mejor demostración de la unidad de la nación.
En cuanto a quienes deliberadamente pretenden dividir la nación en ellos y nosotros, malos y buenos, sería bueno que recordaran que los peores momentos en la historia de nuestro país se registraron, justamente, cuando el espíritu de partido -cierto que en forma transitoria- predominó sobre el de nación.
Tratemos de que ello no vuelva a ocurrir.
"Muchas veces, en lugar de ser nosotros quienes manejamos las palabras, son ellas quienes dominan nuestro discurso".
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