Sebastián Da Silva
Con el resultado arriba de la mesa, llegó la hora de asumir las responsabilidades. Una democracia es mucho más sana, con ciudadanos, dirigentes y partidos que no se laven las manos; una democracia es mucho más sólida si la crítica o el aplauso viene de gente comprometida con el rumbo nacional.
Y como votamos todos, los unos y los otros, somos entonces responsables del destino de los próximos 5 años. El adhesivo de "yo no los voté" o viceversa no corre para el tiempo que se avecina, no basta ni con quejarse, ni con ser amanuense o mucho menos con radicalizarse. El balotaje es el fin de un largo proceso, que primero tuvo internas partidarias, después tuvo su primera vuelta y después el 29 de noviembre, y las opciones tomadas en cada una de estas instancias, están inexorablemente concatenadas, una de las otras.
El primero en asumir la responsabilidad es nuestro futuro Presidente, es el responsable junto a su partido de tan contundente triunfo. La etapa electoral demostró el poderío del Frente Amplio en asumir, corregir y defender exitosamente su proyecto político. No le voy a pedir la responsabilidad de que defienda mis ideas, porque por algo no lo voté, simplemente le voy a exigir al Presidente Mujica que me represente en mi condición de uruguayo, y que continúe con el honor de distinguir a nuestra patria con la altura y sobriedad que ha caracterizado la tradición presidencial.
El Partido Colorado, Bordaberry y sus seguidores también deben de sentirse responsables; del resultado de su trabajo y de su esfuerzo también se explica el resultado del balotaje. Lo mismo con el Partido Independiente y Asamblea Popular, ambos decidieron no marcar una preferencia, en una opción legítima pero que no los exonera del análisis profundo que se debe de hacer sobre la inexorable realidad.
Y nosotros los blancos somos los principales responsables, ambos sectores tenemos por delante el desafío de disecar, un resultado tan adverso. Responsabilidad es en nuestro caso, hacer las críticas con fundamento, analizar en profundidad, el contenido, las formas y el estilo de nuestra propuesta y cotejarlo con las respuestas ciudadanas; responsabilidad es no caer en el facilongo discurso de la unidad para no enfrentar los inconvenientes, y mucho más responsable es asumir que sobre los errores hay una oportunidad de construir conciencia para que los mismos no se vuelvan a cometer y que algunas profecías de Perogrullo no se vuelvan a autocumplir
Tiempo habrá para ponerle nombre y apellido a las cosas, la política como todo en la vida también es resultado, y si queremos un Partido Nacional con aspiraciones de gobierno, no podemos caer en la cháchara de ficción de pensar qué hubiera pasado si otras fueran las candidaturas, pero tampoco tener que soportar resignados como autosegmentamos el destino de nuestras propuestas, seguimos tolerando el mote de derechistas, dejando por el camino, actitudes, discurso, y tradiciones de un Partido que representa los principios más sagrados del sentir popular.
Mi gran responsabilidad en este proceso fue no haber sido más convincente, perdí en las tres elecciones y para mi desgracia a los pocos días me empezaron a dar la razón. A todos les dije lo mismo: es la democracia, ahora a llorar al cuartito, si queréis vamos juntos.
Mantenga y vigile el nivel de debate y recuerde que nuestras Normas de Participación implican obligaciones y responsabilidades.