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 Domingo 29.11.2009, 23:59 hs l Montevideo, Uruguay
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Internacional


Crecimiento. El progreso del país parece haber sido compartido de manera equitativa. A medida que aumenta la clase media, el mercado es más grande Circulan 165 millones de teléfonos móviles

La clase media se afianza en Brasil

Crecimiento. Lo que quiere la clase media de Brasil está definido por las telenovelas. En 2030 habrá 35 millones de nuevas familias en el país. Los constructores apuestan al futuro y a hipotecas

THE ECONOMIST

El crecimiento de la clase media en Brasil, un país históricamente marcado por la desigualdad social, no se detuvo pese a la crisis y trajo consigo el aumento del crédito al consumo e hipotecas. Al mismo tiempo la pobreza extrema se redujo a la mitad.

En una noche de sábado, en Canudos, una localidad de 15.000 habitantes en el interior del estado de Bahía rodeada de un bosque reseco y argentífero, hay un alto nivel de consumo. Todos tienen teléfonos móviles, algunos tienen autos cero kilómetro, en tanto los encuentros al atardecer son acompañados por cervezas de marca y panchos.

Este lugar fue en otros tiempos sinónimo de pobreza, ya que se encuentra en el medio de las tierras secas de Brasil. Pero, al menos esta parte del sertao se ha hecho más llevadera durante la última década. Hay una gran plantación de bananas que provee empleos, una industria de pesca en agua fresca y abundante comercio.

Carlinhos Silveira retornó a Canudos después que pasó algún tiempo trabajando en San Pablo y ahora dirige un pequeño hotel. Durante décadas, la migración interna en Brasil funcionó en la dirección opuesta, a medida que la gente escapaba de la dura labor rural del noreste hacia las tareas en el servicio doméstico en los más prósperos sur y sureste. Ahora, es posible encontrar a miembros de la floreciente clase media de Brasil hasta en esta zona.

clase "c". El reciente crecimiento de esta especie ha entusiasmado a las empresas, los políticos y los sociólogos por igual, y con razón. Utilizando datos de una serie gigantesca relevados por IBGE, sobre la base de entrevistas mensuales con 150.000 personas en las seis principales regiones metropolitanas, la Fundación Getulio Vargas (FGV), un centro de estudios universitarios e investigación, calcula que la participación de las personas de la clase social C se incrementó del 42% de la población en 2004 al 52% en 2008.

La clase C comprende los hogares con un ingreso mensual que va desde US$ 603 a US$ 2.603. En Brasil, eso los sitúa en la clase media, pese a que en lugares más ricos, ingresos de esos niveles no se ajustan a esa descripción. En la mayoría de los casos tienen empleos en la economía formal, lo que también les da acceso al crédito, y probablemente son propietarios de un auto o una moto. De manera destacable, su número se mantuvo estable a lo largo de la crisis financiera, señala Marcelo Neri, de FGV, a medida que la gente descendió a la clase B para reemplazar a los que abandonaron.

Quizá lo que más impresiona es que el progreso de Brasil parece haber sido compartido de manera equitativa.

El crecimiento de la clase media, combinado con el incremento del salario mínimo en 100% en los últimos años y la Bolsa Familia -el programa de transferencia de efectivo a quienes se encuentran en los niveles más bajos de la escala de ingresos, que beneficia a 12 millones de familias- ha provocado un descenso de la desigualdad. En un país famoso por su ingreso sesgado, este es un gran logro.

De acuerdo con IPEA, la pobreza extrema se redujo a la mitad entre 2003 y 2008. El resultado de Brasil en el coeficiente de Gini, una medida de la desigualdad, está declinando y acercándose al de EE.UU.

El noreste del país, cuya pobreza indujo a sucesivos gobiernos a plantear planes para su resurgimiento, en los hechos creció a un ritmo apenas más rápido que el resto de Brasil entre 1994 y 2008, a una tasa anual promedio de 3,3%, cuando en el resto del país la tasa de crecimiento fue 3,1%.

El principal motivo fue la gran expansión del empleo en el sector público, las jubilaciones y la redistribución del ingreso. Las zonas secas también se beneficiaron de la expansión de la producción de frutas y granos y de la industria liviana, señala Gustavo Maia Gomes, de la Universidad Federal de Pernambuco.

consumo. A los brasileños les gusta gastar. La joyería Tiffany tiene más locales en San Pablo que en cualquier otro lugar del mundo. Louis Vuitton, que fabrica costosas carteras, hasta fecha reciente tuvo sus mayores ganancias por metro cuadrado en sus locales comerciales de San Pablo.

Pero, la escala de un masivo mercado de consumo que se está abriendo -un millón de puntos de venta de cerveza y 165 millones de teléfonos móviles- es lo que suscita la mayor esperanza. "Si el mundo busca ahorristas, Brasil no sirve de mucho", dice Illan Goldfajn, jefe economista de Itaú. "Pero, si busca consumidores, entonces podríamos ayudar".

David Neeleman, que lanzó la aerolínea Azul para atender a los nuevos consumidores, resume el optimismo que generan los nuevos integrantes de la clase media. "Estados Unidos tiene exceso de todo; autos, crédito... aquí, en Brasil, la gente está comprando su primer auto, obtiene su primera tarjeta de crédito y pasa a ser propietaria de su primera vivienda. Se siente como si fuera el comienzo del ciclo".

Neeleman se refiere a personas como Eduardo Lins, quien a los 15 años, dejó a sus ocho hermanos en el interior de Bahía y siguió a una novia a Salvador, la capital del estado. Ahora, 20 años después, Lins tiene un auto nuevo que lo compró con un crédito que está pagando con lo que obtiene conduciendo un taxi. En fecha reciente, compró un apartamento en la ciudad. Tiene una vida mejor.

ATRACCIÓN. Lo que quiere la clase media de Brasil está definido, en gran medida, por lo que lucen, consumen y conducen los personajes de las ubicuas telenovelas, que llegan a audiencias que se miden por decenas de millones.

En su mayoría, esos programas son producidos en Rio de Janeiro y tienden a destacar a personas que son más ricas y blancas que el promedio, se visten con ropa cara y son protagonistas de relaciones amorosas indiscretas. Hacen un buen trabajo de alimentar el deseo que hierve por tener más cosas diferentes, que son las que hacen prosperar a una economía de mercado.

Lo lujoso es popular en las novelas, pero también en la realidad y en lugares donde no hay mucho dinero. El mayor consumo de whisky per cápita de Brasil se registra en Recife, capital del pobre estado noreste de Pernambuco.

Los comerciantes minoristas también descubrieron la importancia de halagar a sus nuevos clientes. Walmart, el hogar de los precios bajos diarios, tiene empleados en sus cajas para poner en bolsas las compras de alimentos que hicieron sus clientes. Casas Bahía, una cadena de comercios que vende electrodomésticos y muebles a crédito, invita a los clientes a sentarse y saborear un café, mientras consideran cómo van a pagar por el nuevo televisor.

hipotecas. El crédito al consumo creció 28% por año en términos nominales durante los últimos tres años. La clase media también necesita apartamentos y casas donde colocar sus nuevas adquisiciones.

Hasta el presente, el financiamiento con hipotecas sólo representa 2% del PIB, un número minúsculo si se lo compara con México (9%) y ni qué hablar de EE.UU. (85%).

Los constructores creen que a medida que las hipotecas se desarrollan, el mercado habitacional será un ámbito en el que se deberá estar presente, por las ganancias que dará. Parece que convencieron a los inversionistas extranjeros, quienes han provisto la mayor parte del capital para los constructores de viviendas registrados de Brasil.

El Gobierno reconoce que el país necesita construir 8 millones de viviendas más. La mitad de éstas son para permitir que familias se muden de lugares compartidos, y la otra mitad, para reemplazar edificaciones ya existentes pero escuálidas.

La mayoría de los constructores, sin embargo, está más interesada en proveer de apartamentos a brasileños que están en mejor situación económica que a los beneficiarios del Estado brasileño.

Las tasas de interés deberán descender mucho más antes de que el mercado de hipotecas realmente despegue, aunque algunas empresas ya hacen operaciones con hipotecas con determinados vencimientos, vendiéndolas a inversores privados.

Wilson Amaral, de Gafisa, una gran empresa constructora de viviendas, señala que, además de la necesidad de proveer de viviendas a la clase media existente, Brasil debe mirar hacia el futuro: tendrá 35 millones de nuevas familias para 2030, todas las que necesitarán un lugar donde vivir.

La población de Brasil es comparativamente joven y sigue creciendo, principalmente porque hay más nacimientos, y no tanto por la inmigración.

SUEÑO. Si en los próximos diez años se registra tanto avance económico y social como en los últimos diez, Brasil se convertirá en un lugar muy diferente.

Diadema, un barrio que fue peligroso hasta hace poco en San Pablo, es un buen ámbito para ver cómo puede funcionar esa posibilidad.

En 1999, la tasa de homicidios allí llegó a 141 cada 100.000 personas (en comparación con 37 cada 100.000, el año pasado en Baltimore, una de las ciudades más violentas de Estados Unidos). Diadema tuvo tanta notoriedad que la gente que vivía allí comenzó a mentir al dar su dirección en entrevistas para empleos.

Pero, desde entonces, la tasa de homicidios tuvo una aguda caída. A comienzos del corriente año, fue inaugurado en Diadema, en terrenos que en otros tiempos fueron un cementerio, un centro comercial de seis plantas. El edificio, revestido con adornos neoclásicos y una pieza extraña que se asemeja al mármol, se erige como un monumento secular a tiempos menos violentos que los que Diadema vivió.

El centro comercial todavía está bastante vacío, pero muchos de los elementos del sueño de la clase media baja brasileña están allí: joyas a crédito, un cine multiplex que abrirá en poco tiempo y un atrio con aire acondicionado. Es un excelente lugar para comer un bocadillo y reflexionar sobre cómo era ese lugar hace apenas una década.

Brasil puede ser la sexta potencia del mundo gracias a su petróleo

El país de Madrid | A 8.000 metros de profundidad, frente a la costa brasileña que une Rio de Janeiro y San Pablo, un océano inmenso de petróleo que aguarda desde hace 50 millones de años puede convertir a Brasil en una nueva e influyente potencia mundial.

Con este yacimiento, Brasil puede cimentar una industria nacional poderosa y demostrar que puede escapar a la eterna represión, corrupción y desigualdad que arrastran los grandes productores de crudo del planeta. Para eso, esgrimirá su segunda vía: al contrario que los tradicionales Estados productores de petróleo con muchas reservas, poca tecnología e industria, un mercado interior pequeño y mucha inestabilidad, Brasil deberá contar con grandes reservas, alta tecnología, una base industrial diversificada, un gran mercado interno y, sobre todo, estabilidad y seguridad.

En la industria del petróleo, el tiempo es oro. La explotación de crudo es un negocio muy caro y muy rentable: un minuto de perforación en aguas ultraprofundas cuesta 5.000 euros.

Los técnicos estiman que podrán obtener dos millones de barriles diarios en los próximos años, y cinco millones diarios en 2020.

El futuro de Brasil duerme frente a estas mismas costas. El petróleo es aún una promesa lejana, pero detrás de esa esperanza todo el país se ha puesto en marcha. Brasil está abandonando la crisis económica en el pelotón de cabeza, encierra una inmensa riqueza natural, ha construido una democracia estable y, sobre todo, acumula las mayores reservas de optimismo del planeta.

La cifra

52% Es la participación de los brasileños en la clase media en 2008, valor que aumentó 10% en los últimos cuatro años.

28% Es lo que creció por año en términos nominales el crédito al consumo expedido durante los últimos tres años en Brasil.

El País Digital


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