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La crisis económica con epicentro en Estados Unidos, tuvo diferentes repercusiones en el mundo. A muchos países los tomó de sorpresa y provocó desastres, como es el caso de España. Y en general en Europa, trajo consecuencias en el terreno ideológico político. El desarrollo que sigue tiene como fuente de información una nota publicada en El País de Madrid el 2 de noviembre, cuyo autor es el filósofo Daniel Bensaid.
Se advierte que las recientes elecciones alemanas y portuguesas confirman que en varios países está surgiendo una nueva izquierda radical. Así en Alemania, Die Linke obtuvo el 11.9 % de los votos y 76 diputados en el Bundestag. En Portugal, el Bloque de Izquierda tuvo el 9.85 % de apoyo electoral y dobló su representación parlamentaria. El proceso surgió a fines de los años 90 al renovarse los movimientos sociales, y puede decirse que representa una tendencia europea, ilustrada entre otros por la Alianza Roja y Verde en Dinamarca, Syriza en Grecia o el Nuevo Partido Anticapitalista en Francia, aunque por aplicación de un sistema particular, teniendo un potencial acumulado del 12%, no tiene representación parlamentaria.
Varios factores pueden explicar este fenómeno. Hay uno que sobresale, y es el hundimiento de los partidos socialdemócratas y comunistas que conformaban antes la izquierda tradicional.
Los comunistas, identificados con el "campo socialista" y con la Unión Soviética, han desaparecido con las excepciones -relativas- de Grecia y Portugal, al disolverse su base social. Y las socialdemocracias, al acompañar o impulsar políticas liberales en el marco de los tratados europeos, desacreditaron al Estado social, su soporte de legitimación. Se han metamorfoseado, según el autor, so pretexto de auto considerarse movimientos de "renovación", "tercera vía" o "nuevo centro". Es el caso del Partido Demócrata italiano, especie de formación de centro izquierda. Altos dirigentes socialistas, como Schröeder, hoy en el consejo de administración de Gazprom, o como los franceses Dominique Strauss Kahn y Pascal Lamy, en la cabeza del FMI y de la OMC, son hombres de confianza del gran capital.
Hay entonces una centro izquierda cada vez más parecida al centro derecha, que creció después de la caída del muro, a impulsos de una generación que no había conocido más que guerras imperiales, crisis ecológicas y sociales, desempleo y precariedad. Entiende Besnaid que esa radicalidad puede tomar dos direcciones opuestas, o bien la de una alternativa netamente anticapitalista o la de un populismo nacionalista y xenófobo, como el Frente Nacional en Francia o en National Front en el Reino Unido.
Pero esa nueva izquierda no es una corriente homogénea reunida en torno a un proyecto estratégico común. Está inserta en un campo de fuerzas polarizado, que en un extremo encuentra la resistencia y los movimientos sociales, y en otro, la tentación por la respetabilidad institucional. Es por ello que las alianzas parlamentarias y gubernamentales, serán decisivas para su suerte.
No es fácil, ni parece posible la construcción, por paciente que sea, de una alternativa anticapitalista. Por eso algunos, como Oskar Lafontaine, proponen, hacer presión sobre las socialdemocracias para salvarlas de lo que llaman sus "demonios" centristas, pero la realidad muestra que la moderación de la socialdemocracia ante la crisis económica, y su declaración común en las recientes elecciones europeas, que su sometimiento a los imperativos del mercado parece irreversible. Entonces, la opción estratégica a que se verá enfrentada la nueva izquierda es la de contentarse con papel de contrapeso y presión sobre la izquierda tradicional, privilegiando el terreno institucional, o favorecer las luchas y movimientos sociales para constituirse en representación política de explotados y oprimidos, y en tal caso, tendría que desmarcarse rigurosamente de la izquierda que hoy gestiona lealmente los asuntos del mercado, lo cual puede hundirla definitivamente en un descrédito que la haría desaparecer.
Detengámonos aquí. El mundo -que integramos- cambia a un ritmo dinámico permanente. Es importante tomar conciencia de ello, y de cómo el análisis político, sin llegar a conclusiones definitivas, observa, razona, y de alguna manera presagia. Lo único cierto es que nadie es dueño de la verdad.
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