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El telón está por caer y las dudas sobre propósitos, ideas y voluntarismos manejados por la dupla Mujica-Astori, subsisten. La larga campaña electoral no ha servido -porque no han querido- para disiparlas. Sus motivos tendrán. Se habla de "democracia de primera", pero en las resoluciones del último Congreso del FA se establece que "el Estado es la expresión y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clases". Negro panorama para la democracia de un país si empezamos por hablar de diferencias "irreconciliables" y volvemos a evocar la vieja consigna de las "contradicciones (eufemismo por lucha) de clases". Un profundo olor a naftalina marxista surge cuando se desempolvan consignas que se creían sepultadas bajo los escombros del Muro de Berlín, de cuya destrucción a manos del pueblo se cumplieron 20 años.
Muy poco favor le hace también a una "democracia de primera", la exigencia planteada en el mismo documento de convocar a una Asamblea Constituyente", sin ninguna explicación sobre qué se pretende reformar. El término "Constituyente", sagrado y venerado por décadas, se ha prostituido y tiene un desagradable tufillo en los últimos años por obra de Chávez, que lo ha transformado en la puerta de acceso para aniquilar la democracia a través de la misma democracia. Nunca se explicaron los motivos para esta convocatoria. Su ocultamiento no es propio de una "democracia de primera".
En materia de gobierno hay muchas asignaturas pendientes. Pero vamos a detenernos sólo en unas pocas: la inseguridad, la política tributaria y la ausencia de "cómo".
Durante cuatro años la inseguridad ciudadana fue ignorada olímpicamente. Recién ahora -por obra y gracia de la campaña electoral- el Frente la asumió como tema que importa y afecta a todos los ciudadanos. Las cárceles son un desastre y una vergüenza; el INAU es una academia voluntaria (se van cuando quieren) de post grado en delincuencia, y los ciudadanos, de cualquier lugar y a toda hora, viven con temor: por sus hijos, por ellos y por lo poco, mediano o mucho que tienen. El fracaso es estrepitoso.
La reforma tributaria, la implantación del impuesto a las retribuciones personales y a las jubilaciones, fue una de las medidas más injustas del gobierno, y su responsable tiene nombre y apellido: Danilo Astori. Paga más el que trabaja más (es, prácticamente, un estímulo a trabajar poquito) y, en el caso de los jubilados, paga más el que ha trabajado más. Todo ello sin deducciones, sin contemplar realidades familiares ni compromisos que surgen por el simple hecho de tener hijos. El asunto es recaudar y ni miras de modificar lo que pontificalmente se ha sancionado.
La única promesa del Frente para disminuir la presión tributaria sobre los ciudadanos, es reducir dos puntos el IVA; es decir, lo que usted pagó $100 y por el IVA se le fue a $123, ahora le va a costar $121. Ahorrará $2 cada cien pesos, lo que hace $20 cada mil. Con esto dan por solucionado el tema y tenemos que estar agradecidos a su generosidad.
Queda el asunto de los "cómo". En las resoluciones del congreso del FA, en las plataformas políticas o en los discursos de Mujica-Astori, ¿alguna vez se aclaró cómo iban a hacer todo lo que prometían? Jamás. Fueron siempre simples enunciaciones vaciadas de lo más importante: ¿cómo van a hacer lo que dicen que van a hacer? La indefinición fue la única respuesta.
Cabe también un vichazo a la política internacional, aspecto importante para cualquier país, pero que en el caso de los pequeños (es lo que somos territorial y numéricamente) se hace más trascendente. Olvidemos que desde la vecina orilla se nos ha agraviado y acosado de manera implacable. E incluso se le ha faltado el respeto a nuestro Presidente de la República que, como tal, nos representa a todos. Lo más grave es el autoritarismo y la prepotencia que viene desde allí y sus pretensiones de limitar la soberanía nacional. Pero parece que no importa: son amigos de Mujica.
Pero más peligroso aún es lo que viene desde el Norte de la región. Hugo Chávez, sus petrodólares -que circulan en valijas o sin ellas-, su vocación intervencionista, y su desprecio por la democracia y su esencia republicana, a través de la separación de poderes y los derechos y libertades para el hombre que consagra. Un gran totalitario -como su maestro, Fidel- y otro amigo del candidato Mujica.
¿Vamos a entregar y concentrar el poder absoluto en ellos? Esta enumeración de temas que hemos hecho a vuelo de pájaro -hay muchísimos más- aconseja que NO. Es imprescindible la presencia de la fórmula Lacalle-Larrañaga.
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