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AgustÍn Artagaveytia
La elección de octubre pasó. Los ciudadanos eligieron a sus partidos. El Parlamento quedó definido.
Hay algo que nos une a todos los uruguayos, o por lo menos a la enorme mayoría: los valores morales. No importa la ideología o el modelo que apoyemos, todos compartimos los mismos valores morales básicos. Son valores absolutos para todos nosotros. Forman parte de nosotros, de nuestra cultura, de nuestro ser uruguayo. Los hemos plasmado en nuestra Constitución y los hemos defendido desde que somos país. La defensa de la Vida, la Libertad, la Independencia, la Democracia, la Justicia, la Honestidad, la Familia. Todos ellos son valores que todos los uruguayos compartimos y preservamos. El domingo tendremos que elegir entre 2 personas: Lacalle y Mujica. Uno de ellos comparte todos estos valores. El otro ha manifestado una y otra vez que se encuentra dentro de la minoría que no los comparte, ni los defiende. A lo largo de sus 74 años, Mujica ha demostrado que no comparte los valores de todos los uruguayos. Perteneció a una organización terrorista que atentó contra la democracia y los gobiernos elegidos por el pueblo de los años 60 y 70. Asesinó y ordenó "muertes decididas o ejecuciones" como dice su mujer, la senadora Topolansky en un documental alemán de 1996 que todos pueden ver en Youtube bajo el título de "Ejecuciones Tupamaras". Secuestró a quienes él y su grupo de terroristas decidían. Privaba de su libertad por meses a quienes seleccionaban por su propia conveniencia, para exigir un rescate o ejecutarlos. Declaró una y otra vez que en la "Justicia no creo un carajo". Y ésta es sólo una lista muy acotada de las barbaries que realizó él y su agrupación en esos años. Y lo peor de esto es que hasta el día de hoy nunca se ha arrepentido de todo lo que hizo. De las muertes, los secuestros, los robos, los atentados a los valores de todos.
No podemos, como país, premiar a un ser así, con el honor más grande que pueda tener un uruguayo, la Presidencia del país.
Lacalle podrá tener defectos y virtudes. Obviamente no es perfecto. Comete errores como cualquier ser humano. Pero lo importante es que como una persona de bien los reconoce y trata de enmendarlos. Fue denunciado por corrupción, y como un uruguayo que cree en la Justicia dejó que ésta lo investigara (recordemos que desde que dejó la Presidencia en 1995, no volvió a ocupar un cargo político, y no cuenta con los fueros para que no lo investiguen). Y fue la Justicia uruguaya la que decidió que no tenía nada que reclamarle.
Lacalle defendió a la democracia de ataques de Tupamaros y militares. Y por esa defensa a las Instituciones fue secuestrado y encapuchado y en 1978 le enviaron una de las botellas de vino envenenado, por las cuales murió Cecilia Fontana de Heber.
El domingo vamos a tener solamente tres opciones: votar a Lacalle, votar a Mujica o votar en blanco o anulado. Hay sólo una de estas opciones que nos asegura que estamos llevando a la Presidencia de la República a una persona que comparte nuestros valores. Y Mujica ha demostrado muchas veces que hace lo que él quiere y no lo que sus compañeros de partido le piden.
Espero que estas líneas sirvan de reflexión y que consideren bien las consecuencias de su voto el domingo. Cinco años es mucho tiempo.
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