JUAN ORIBE STEMMER
La nación, escribió Renan, es un principio espiritual que se funda en la posesión de un rico legado compartido de recuerdos, una historia común y, en el consentimiento diario de todos sus miembros, de convivir y de perpetuar en forma indivisa la herencia recibida de sus antecesores para entregarla a quienes los siguen en el camino.
Este concepto le adjudica una importancia vital a la historia de cada sociedad. No debe sorprender que el estudio, elaboración y difusión de las diferentes interpretaciones de una misma y única historia tengan una considerable importancia política.
Los partidos construyen su visión de la historia como forma de legitimar su programa cuando buscan el voto popular y, cuando en el poder, como un medio para conseguir el apoyo voluntario de los ciudadanos para sus propuestas.
En una sociedad democrática esa tarea de construcción supone la confrontación pacífica de ideas y puede tomar diferentes formas.
Una de ellas es el estudio y la difusión sistemática de un relato histórico a través de las publicaciones, la enseñanza o el debate político.
En 1951, Luis Batlle Berres, pensaba que no había ninguna amenaza contra la primacía del Partido Colorado. Solo le inquietaba una cosa: "que los blancos empiezan a escribir la historia del país. Es el único síntoma peligroso". (Tomás Sansón. "La construcción de la nacionalidad oriental").
Es posible apropiarse de ideas, episodios o personajes históricos que ya son reconocidos por la sociedad como pilares de su pasado compartido. Nuestro país es un caso especial debido a la existencia de dos partidos políticos cuyos orígenes prácticamente se remontan al principio del Uruguay independiente. En este caso, la historia común del Uruguay independiente se encuentra estrechamente entrelazada con la historia de cada una de las dos comunidades políticas tradicionales. En cambio ambas consideran a la figura de Artigas como parte del patrimonio común de la nación, por encima de los partidos políticos.
El Frente Amplio, por su parte, incluye entre sus lineamientos básicos a la "reivindicación a Artigas", aunque todos los Partidos siempre se remontan a él. Un dirigente frentista ha sostenido que "sentía" que ellos "tenían mucha autoridad moral para levantar y hacer nuestro el pabellón artiguista" y que el frentismo representaba la "vigencia del pensamiento artiguista". Otro ha descubierto sus raíces blancas.
De la misma forma que es posible construir un relato histórico legitimador, también es posible renunciar a él o simplemente olvidarlo.
Un síntoma interesante es el discurso pronunciado por el Dr. Pedro Bordaberry reafirmando el apoyo del Partido Colorado a la fórmula presidencial formada por el Dr. Luis Alberto Laca-lle y el Dr. Jorge Larrañaga. Allí declaró: "acá está el Partido de Rivera a sus órdenes". Don Fructuoso fue el fundador del Partido Colorado, pero igualmente llama la atención que, en este momento tan especial, no se haya aludido a una figura aún más dominante en la historia de su partido: Don José Batlle y Ordóñez.
El Partido Nacional ha sido un celoso custodio de su rica historia. Ello contribuye a explicar su persistencia a través de tanto tiempo y de tantas adversidades. Mucho se ha hecho y, afortunadamente, mucho queda por hacer.
¿Será cierto que quién hoy escribe la historia de nuestro pasado determinará la naturaleza de la nación del futuro?
"La historia es la evocación crítica del pasado de cada sociedad, la sustancia de su identidad presente y la clave de su futuro".
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