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Esa frase fue utilizada por el Dr. Luis Alberto Lacalle en los últimos días de la campaña electoral y reiterada en varias tribunas levantadas en el interior del país, no con el ánimo de ampararse en esa dificultad sino con el propósito de exhibir ante la ciudadanía sus antecedentes de gobernante, su capacidad y su experiencia. Recogida también por el Directorio del Partido Nacional en la Declaración emitida la noche del domingo 25 de octubre, agregó que se trata de tareas para la cuales hay que estar preparados y seguros, donde no se puede improvisar.
Es oportuno por lo tanto rescatarla, en momentos en que dos modelos distintos, en ideas, en experiencias y en estilos, están compareciendo en la segunda vuelta de las elecciones nacionales a los efectos de que la ciudadanía incluya también su contenido en el momento de las opciones, y sin perjuicio de las muchas otras razones que puedan manejarse, se tenga presente la seriedad que exige el oficio de gobernar como elemento que contribuye a la solución de los problemas que debe enfrentar un país.
En ese balance, la fórmula del Partido Nacional es la única que ofrece un pasado y una existencia centenaria puesta al servicio de los grandes temas que interesan a la población, enriquecido en esta oportunidad por un acuerdo tácito con diferentes fuerzas políticas que permite aguardar el futuro con optimismo. Se trata además de un Partido sólido y unido, muy diferente a esa colcha de retazos que sigue siendo el Frente Amplio, que no asegura ningún respaldo de gestión, sino que se continúa reflejando en las luchas internas, en las posiciones extremistas que ampara y en los actos de intolerancia, que llevaron incluso a una profunda fractura en las últimas elecciones.
Apelar ahora a las razones de una mayoría parlamentaria, configura un acto de desconocimiento sobre el pasado, ya que el Frente dispuso en este período de una mayoría igual que no supo utilizar para lograr la aprobación de iniciativas, sino que puso al servicio de pequeñeces, como levantar la mano en las interpelaciones, para defender sus personeros u obstruir el trámite o las convocatorias en Comisiones Legislativas. Con o sin mayoría parlamentaria, que puede atentar contra un necesario equilibrio del Poder, un gobierno puede salir adelante, pero para ello se necesita una base y una experiencia de la que el Frente carece. No puede encargarse del timón del país un ex Ministro de Ganadería que renuncia al cargo y se retira con los brazos caídos, confesando que no había podido hacer nada, ni a un ex Ministro de Economía renunciante que carga sobre sus espaldas con el estigma de haber creado un inconstitucional impuesto a la renta sobre sueldos y jubilaciones, al que sustituyó después por un impuesto a la seguridad social con idénticas características de saqueo. Y que muy pocos lo quieren dentro de su fuerza política.
"Conocemos bien el terreno y tenemos un rumbo, por lo que los invitamos a recorrerlo juntos", termina diciendo la Presentación del Programa de Gobierno que ofrece el Partido Nacional a la ciudadanía, en una convocatoria que ofrece seguridad para los tiempos que se avecinan. Nadie puede quedar al margen de ese llamado y cuando todavía hay tiempo para pensar, debe manejarse la reflexión, que en definitiva será la única que impedirá a todos los uruguayos ser rehenes durante cinco años de una situación que puede evitarse ahora a través del voto. Es importante por esa razón tener en cuenta que la opción patriótica, no solo pondrá al frente del país un equipo de gente que sabe cómo hacer las cosas sino que, además, ofrece el ineludible equilibrio que hay que sostener para frenar el monopolio de una sola fuerza, contraponiendo el pluralismo como el más sólido respaldo a la libertad y a la democracia. El Frente Amplio ya mostró lo que puede hacer con el ejercicio arbitrario del Poder, tanto en la administración como en el Poder Legislativo y la ciudadanía tiene la obligación cívica de impedir que se repita, por lo que se sabe, lo que ha ocurrido y lo que puede suceder y no debe eludir esa responsabilidad histórica, en los momentos en que más se necesita de su aporte. La fórmula Lacalle-Larrañaga exhibe además un completo y prolijo Programa de Gobierno, donde no hay lugar a sorpresas, y un equipo de dirigentes que conocen la seriedad del emprendimiento y están dispuestos a asumirlo.
En el mundo moderno y competitivo no hay lugar para los improvisadores.
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