JAVIER GARCÍA
Negaron el debate no por el caso Feldman ni por los spots ni nada de lo que se dijo, sino por dos circunstancias diferentes pero convergentes: ni Mujica quería el debate, ni el Frente Amplio quería que éste debatiera.
Las dos circunstancias revelan temor y debilidad. El primer temor es a evidenciar carencias en la imagen presidencial y el segundo a que el candidato metiera la pata. Así de simple.
La primera jugada de la coalición para evitar ser responsables de la negativa fue la de condicionar el mismo a que fuera un debate de fórmulas, sabiendo que el Partido Nacional lo planteaba entre presidenciables. El argumento duró hasta que desde el nacionalismo aceptamos la condición. Allí comenzó inmediatamente la búsqueda de la excusa.
Unos amigos chilenos me decían que en su país, que también están en campaña, esta semana se realizó el cuarto debate presidencial. Me agregaban que si un candidato se niega a participar, instantáneamente es penalizado por la opinión pública y eso supone, por lo menos, la caída en dos o tres puntos en las encuestas.
Aquí es tal la costumbre de que no haya debates que su ausencia es lo normal, y la gran novedad sería lo contrario. La opinión pública no penaliza, parece, que un candidato juegue con los derechos ajenos y niegue un ejercicio democrático en virtud de un puñado de votos o el resultado de una encuesta. Es una contradicción mostrarse dialoguista para el futuro y no debatir. Si un candidato no dialoga con un adversario cuando aún no tiene el poder, ¿quién asegura que lo hará si llegara a tener todo el poder en sus manos?
No es verdad lo del clima enrarecido. Quien esto firma participó en la reunión con los delegados de Mujica donde se establecerían las pautas del debate. Allí los representantes del FA no se pusieron de acuerdo en el argumento para no aceptarlo y se contradijeron. Uno, el senador Michelini, pidió que no se dijera que la negativa a debatir era por el caso Feldman y que estaban dispuestos a incluirlo, y otro, el diputado Pintado, sostuvo exactamente lo contrario, que querían evitar ese tema en el mismo. O por Feldman o sin él, el debate no corría. Advertimos que nunca estuvo este tema en los planteados por el nacionalismo.
Y hablando del caso de las armas, la cuestión sería mucho más simple si en vez de sentirse acusados, todos entendiéramos que un arsenal de esta magnitud es de una gravedad extrema. Que en vez de politizarlo lo que corresponde es saber la verdad. Se han sembrado hipótesis que se han diluido: el tráfico de armas y los viajes a Brasil y sobre la causa de muerte y el incendio lo único que hay son versiones contradictorias de prensa y silencio oficial.
Se condujo, de entrada, a la opinión pública hacia una tesis criminal sin vínculos políticos. Se descartan cosas un día y se incluyen al siguiente.
La realidad es dura y esas armas llegaron allí en manos de alguien, estaban allí para algo y tendrían un destino, ¿cuál? No sé, pero hubiera sido más serio poner todos las barbas en remojo en vez de dedicarse a decir yo no fui. Si los bomberos no hubieran actuado con rapidez hubiera volado la cuadra entera y muerto decenas de personas. No pasó de casualidad, estuvo a minutos de suceder, y sólo eso amerita que todos hagamos preguntas y exijamos respuestas, sin necesidad que Mujica recete Viagra.
Es muy grave lo que pudo suceder para que lo único que interese sea la suerte electoral.
Entre la negativa al debate y el arsenal, se esconde mucha mentira y mucha ironía.
Mantenga y vigile el nivel de debate y recuerde que nuestras Normas de Participación implican obligaciones y responsabilidades.