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Terminada su exposición en el evento del pasado miércoles en la Asociación de Dirigentes de Marketing, el Dr. Luis Alberto Lacalle contestó preguntas formuladas por el auditorio y por los periodistas presentes.
Entre los interrogantes, se le planteó si a su juicio habían sido satisfactorias las explicaciones de los Ministros del Interior y de Defensa Nacional en la interpelación que llevó adelante el diputado nacionalista Gustavo Borsari, el martes 10 de noviembre.
Lacalle contestó rotundamente que no, al haber quedado en evidencia las fallas de los servicios de Inteligencia de la Policía y de las Fuerzas Armadas, sobre la existencia del arsenal en posesión del economista Saúl Feldman, que bien podía haber servido para equipar a un ejército.
La interpelación dio sus frutos. Nadie explicó por ejemplo por qué razón las fuentes oficiales se apuraron tanto para salir a hacer público, casi sobre tablas de los sucesos, que se trataba de un caso relacionado con el narcotráfico, seguramente de origen brasileño, y sin relevancia política.
Para desechar esa teoría la tarea de Borsari fue útil al demostrar que Feldman era un extremista de izquierda, y que si bien no se podían probar responsabilidades políticas por su relación con él, el operativo policial fue defectuoso por el lado que se le mire.
Es inexplicable, por lo pronto, que se le haya avisado a Feldman que la Policía lo iría a interrogar por haber encontrado en la casa incendiada de Aires Puros un documento con su nombre, lo que le dio tiempo al sujeto para esperar a quienes llegaron a su domicilio regalados y asesinar a mansalva al agente Mario Morena.
La interpelación también sirvió para demostrar que Feldman no actuó solo, y que hay una fuerte organización armada de tiempo atrás.
Quedaron pendientes muchas más dudas que comprobaciones, como la de la intervención del uruguayo que viviera y formado militarmente en Cuba, fuera designado asesor del Ministerio del Interior desde los tiempos del Dr. José Díaz, ya en el amanecer del gobierno frenteamplista.
No hubo pues "juego sucio alguno" en el llamado a sala, las sospechas se mantienen y la huida del debate es sólo un pretexto para no aumentar la exposición pública de la incapacidad del candidato presidencial. Y para hacer sudar a Astori.
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