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Rodolfo Sienra Roosen
En la vida, se gana y se pierde. No conozco al invicto. Se muere y se revive permanentemente si se quiere revivir, pues siempre hay una manera de hacerlo. Lo que no nos gusta es morir con los ojos abiertos. Lo triste es que a veces no hay más remedio, porque no depende de uno cuando lo ve venir, sino de otros que o no lo ven, o no lo creen posible, o simplemente les gusta. O son masoquistas o son maniqueos, palabras parecidas que sin embargo definen sentimientos y actitudes diferentes, aunque igualmente irracionales.
Creemos que ya se ha insistido lo suficiente como para hacer ver al reticente más pintado, que lo que tenemos por delante no es una competencia entre el Frente Amplio y el Partido Nacional. Ese partido ya se jugó, y lo ganó con holgura el Frente.
Está bien, en el marco del sistema el soberano lo quiso así y hay que respetar siempre lo que diga. Aquí está en juego otra cosa, y el voto que el alma pronuncie y que ensobrado se introduzca en la urna, está jugando el destino del país en que vivirán -si se quedan aquí- generaciones enteras de uruguayos. Por eso creemos que la mejor, la única estrategia que sirve es la de hablar con franqueza, con honestidad y con convicción de lo que estamos predicando.
Quiso el destino que la segunda vuelta se defina entre dos personas que políticamente están en las antípodas. Uno es demócrata, el otro es un enemigo de la democracia. Uno es republicano, el otro es súbdito de las monarquías que quieren imponerse por la fuerza de las armas. Uno es respetuoso de la Justicia, así, con mayúscula, el otro ha dicho que "no sirve para un carajo". Uno es un liberal, el otro es un anarquista libertario partidario y amigo del socialismo S. XXI que prohíja Chávez, y que ya tiene en el bolsillo a Evo, a Correa, a los K. y se codea con Ahmadinejad.
De hecho, el centro político quedó vacío con los pronunciamientos de las elecciones primarias. Entonces, quienes nunca votarían a Mujica, pero no les gusta Lacalle, y quienes nunca votarían a Lacalle pero no les gusta Mujica, están pensando en la opción de votar en blanco.
No hablo de la abstención, porque no la concibo ni de la anulación del voto, que es una estupidez. El voto en blanco significa o una expresión de disconformidad con los candidatos, o de indiferencia. Sin embargo, el voto en blanco influirá. Para quien no quiere de ninguna manera a Mujica, votando en blanco, lo estará apoyando. Y lo mismo sucede con el que rechaza a Lacalle, pues también votando en blanco lo respaldará.
Entonces la cosa no está para originalidades intelectualoides del que hace pruebas con el voto. Aquí el asunto es a cara o cruz, blanco o negro, no existen zonas grises.
Para uno que ya dobló el codo y entró al tiro derecho, seguramente aguantar a este advenedizo con la banda presidencial, no pase de sentir vergüenza por el país. Sería duro, pero no hay otra.
En cambio para nuestros hijos, nietos, y jóvenes, que buscan futuro puede ser intolerable y entonces opten por irse a donde se respeten con otro decoro las Instituciones. ¡Es la Presidencia de la República, señores!
Uruguay no se merece no ya este borrón en su historia, sino el mero hecho que tengan que hacerse esfuerzos para evitarlo. Pero debemos asumir nuestra responsabilidad.
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