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Luciano Álvarez
Lise y Gerad nacieron el uno para el otro. Ella, con el nombre de Elisa Ricol, el 15 de febrero de 1916 en Saint-Étienne, Francia, hija de padres aragoneses; él un 1º de febrero de 1915, en Ostrava, Checoslovaquia. El padre de Lise, minero de ambos lados de los Pirineos, era un temprano militante comunista que llevaba a sus tres hijos a las reuniones y a las manifestaciones callejeras. Gerard era hijo de un colchonero judío y comunista. Se llamaba en realidad Artur London, Gerard era su alias político. Tenía 14 años cuando comenzó a militar en el Partido y 19 cuando llegó a Moscú.
Lise se afilió a las juventudes comunistas a los 15 años. Unos meses más tarde comenzó a hacer tareas administrativas en la sede del Partido, en Lyon. En 1934, luego de un breve matrimonio y un más breve pasaje por París, viajó a Moscú para trabajar de mecanógrafa en el "Komintern", la Internacional Comunista. Allí se encontraron y se enamoraron.
Al casarse se instalan en París. Lise, es una fervorosa creyente. "Su fe en su ideal es pura, y su confianza en el Partido y en la URSS total", escribió Gerard. Él es -lo será siempre- un hombre de aparato. Por diferentes razones, cualquier duda o reflexión son para ellos, impertinentes.
Al comenzar la guerra civil española trabajan en la organización de las Brigadas Internacionales, luego pasan a España. Lise permanecerá en el Cuartel general de las Brigadas hasta su evacuación, en julio del 38; embarazada de Francoise, que nació en noviembre. Mientras tanto, su marido se quedará hasta el final, en 1939, trabajando para servicios especiales soviéticos, encargados de la "depuración" de "los elementos poco fiables del movimiento revolucionario".
Luego vendrá la siguiente guerra y la ocupación nazi. Gerard será deportado al campo de Mauthausen, en 1942, Lise fue enviada a Ravensbrück, el infierno de las mujeres. Logran sobrevivir y se reencuentran en mayo de 1945. Inmediatamente, pasan a ocupar cargos de cierta importancia en el Partido Comunista francés; en 1947 pasan un tiempo en Suiza, para recuperar fuerzas y cultivar un amor que no se ha debilitado nunca.
Luego de un periodo de pluralismo político, entre 1945 y febrero de 1948, el "golpe de Praga" había dado el poder absoluto a los comunistas dirigidos por Rudolf Slansky. El matrimonio es destinado entonces a Checoslovaquia. Artur London es nombrado vice ministro de relaciones exteriores y Lise empleada en la Radio del Estado. Tienen apenas 33 y 34 años y parecen haber llegado a la cima.
Sin embargo ignoran que pertenecen a una generación condenada. Arthur Koestler, otro viejo bolchevique, escribirá en 1952: "De cada cuatro personas que conocí antes de los treinta años, tres fueron muertas en España, o torturadas hasta la muerte en Dachau, o ejecutadas en las cámaras de gas de Belsen, o deportadas a Rusia, o liquidadas en Rusia; algunos se arrojaron por la ventana en Viena o en Budapest, otros fueron destruidos por la miseria y la falta de sentido del exilio definitivo".
A fines de 1950 llegaron a Praga "los asesores soviéticos para cuestiones de seguridad", con la misión de apoyar a Slansky en la puesta en marcha de un plan de depuración llamado "de lucha de clases.
El 28 de enero de 1951 es domingo; Lise y Gerard han pasado el fin de semana en familia; luego de almorzar, Gerard sale en su auto con un amigo. Entonces, escribirá en "La confesión", "seis hombres armados surgen de los dos coches, me arrancan de mi asiento, me ponen unas esposas y me arrojan en el primer coche, que sale disparado. Me debato. Protesto. Exijo saber quiénes son esos hombres. Me vendan los ojos. "¡Cierra la boca! ¡No hagas preguntas! ¡Pronto sabrás quienes somos!"
Lise no sabrá nada de su esposo durante varios meses. Luego se entera que es uno de los acusados del "Núcleo de Conspiración contra el Estado", todos dirigentes de primer nivel del Partido, incluidos Slansky y otros dirigentes iniciadores de la purga.
En la cárcel son torturados, menos para sacarles una imposible información que para obligarlos a ser cómplices de su propia condena "una macabra solidaridad que procede de una cultura política y una historia comunes". Es necesario que asuman y aprendan a "recitar" imputaciones delirantes.
Los verdugos exigen a sus víctimas un acto de lealtad: "¿No está usted de acuerdo en ayudar al Partido y a la URSS? ¿Ha caído usted tan bajo como para persistir en negarnos su colaboración?". El proceso es "necesario", le dicen.
Fue entonces cuando London sintió un "dejavu", cuando recordó la interminable sucesión de procesos estalinistas, todos con el mismo libreto.
Pero ni él ni sus camaradas se habían cuestionado ni mucho ni poco cuando caían "los viejos compañeros de Lenin; los acusados de Budapest, de Sofía, de Bucarest."
Luego de más de cuatro meses de suplicios, confiesa. Recién en ese momento podrá recibir una primera carta de Lise:
"4 de mayo de 1951. Gérard: Tenía tal confianza en ti, mi Gérard. ¿Es posible que fueses indigno? Te amo Gérard, pero tú sabes que ante todo soy comunista. A pesar de mi inmenso dolor, sabré arrancarte de mi corazón si llego a tener la certidumbre de tu indignidad. Escribiendo estas palabras, lloro como una Magdalena.
En la cárcel, Artur London se ha hecho una composición de lugar: "Todos los detenidos pertenecen a una categoría humana que ellos quieren eliminar de la vida política y económica (judíos, emigrados de Londres, voluntarios de las Brigadas Internacionales, etc.). En diciembre de 1952 se inicia el juicio. Los jueces leen, luego de cada nombre y fecha de nacimiento y antes de su cargo en el gobierno, su condición: Once son "de origen judío", uno de ellos, además "de familia burguesa", hay otro en esa condición y sólo dos son "de familia obrera".
A su turno London recitará su "larga lección sin errores! (Dirá su) texto fríamente, con aplicación: (…) "Me he criado en un medio burgués. Las masas trabajadoras han sido siempre extrañas para mí y me he dejado guiar por mi instinto burgués y egoísta asegurando mi carrera y mi bienestar personal."
Luego escuchará las condenas: "Estoy sudando a mares, siento regueros de sudor rodar a lo largo de mi cuerpo; pronto llenarán mis zapatos... Me dan mareos..., hago esfuerzos para dominar este estado y poder oír y comprender al Presidente."
Once son condenados a muerte. London tiene suerte, le dan cadena perpetua. Lise, que ha perdido su puesto en la radio y trabaja en una fábrica, escucha la sentencia por la radio.
Ella, que ha revuelto cielo y tierra para liberar a su marido, ya no puede dudar: Gerard es un traidor, el Partido que no puede equivocarse jamás. Gerard sabe que "para ella los grandes principios de la vida militante se enuncian brevemente: `Aquel que empieza a dudar del Partido deja de ser comunista`".
Entonces firma la demanda de divorcio.
(Continuará)
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