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Ahora que Venezuela se encuentra en el umbral del Mercosur, a punto de ser admitida como quinto miembro de esa asociación de países sudamericanos, corresponde reflexionar sobre algunos rasgos que han caracterizado recientemente al gobierno de ese inminente socio. La reflexión parece no sólo oportuna sino también necesaria, porque permite sacar un par de conclusiones sobre valores que hasta ahora han aplicado y defendido los restantes titulares del Mercosur, como la vigencia del Estado de derecho, la práctica de las garantías individuales y el ejercicio de las libertades públicas capaces de asegurar al ciudadano su debida participación en una digna vida comunitaria, sin olvidar el principio de la libre empresa que esta región comparte y que se ha visto amenazado en Venezuela por la cancelación de las licencias de emisión a decenas de ondas radiales de carácter privado, entre otras medidas similares.
Dicho episodio se sumó a la desaparición de un canal de televisión de alcance nacional y gran audiencia, todo lo cual puede contabilizarse como una serie de atentados contra la libertad de expresión, aunque el régimen venezolano los justifica invocando faltas supuestamente cometidas por esas emisoras al gestionar sus permisos. En todo caso, las presiones oficiales sobre televisoras y radios no son hechos aislados sino que se inscriben en el gradual autoritarismo de ese gobierno, cuyas reformas constitucionales y el empleo que hace de su control parlamentario, también integran un cuadro de creciente intimidación y paulatina intolerancia que se reflejan en los actos de quien gobierna ese país desde hace diez años, refugiado en el colorido de una terminología oficial que abarca desde el bautizo bolivariano hasta las proclamas de socialismo para legitimar la fachada del sistema.
El pueblo venezolano, mientras tanto -según dicen las agencias internacionales de noticias- se queja de "una inflación que supera el 25%, servicios públicos deficientes y una economía estancada", a lo que debe sumarse el precario abastecimiento de electricidad y de agua. En el primer caso, cada día son más frecuentes los apagones, agravados por la persistente sequía que afecta a las centrales hidroeléctricas de las que depende gran parte del servicio, lo cual paraliza desde la actividad industrial hasta la cirugía en hospitales o el funcionamiento del subte de Caracas. Para el mes que viene se prepara un "racionamiento escalonado" con cortes de suministro en un distrito de la capital cada 24 horas. Algunos estados del país sufren de tres a cinco apagones por semana.
La escasez de agua, según se informó en estos días, "figura por primera vez como una de las principales inquietudes de los venezolanos". El fondo del problema debe buscarse en "años de mala planificación y falta de inversiones", pero el presidente venezolano intenta combatir esa crisis recomendando a la población que tome duchas de tres minutos, "uno para mojarse, otro para enjabonarse y el tercero para enjuagarse. Lo demás es un desperdicio". Habrá que ver en qué medida los venezolanos responden a esa aceleración de la higiene personal, mientras el mandatario asegura que él no demora más de tres minutos en su baño matinal, mientras acusa a la corriente de El Niño de la escasez de lluvias y la consiguiente falta en la distribución de agua.
A todo ello puede agregarse que el gobierno proyecta para 2010 un presupuesto del Poder Ejecutivo que aumenta en casi 700% los fondos que utilizó en 2009 y que se le agotaron en el primer semestre. De esa manera, los gastos del Ejecutivo pasarían de 209 millones de dólares en el año corriente a 1.545 millones previstos para cubrir unos cuantos rubros, como viajes, custodia y vestuario del presidente, sin olvidar "las donaciones que hace al pueblo". El batallón de guardaespaldas costará 8.370.000 dólares, por ejemplo, más otros 8.000.000 para la protección adicional que provee el Ministerio de Defensa. Detrás de esos desembolsos figura sin embargo la contracción del 2,4% que ha castigado a la economía venezolana en el segundo trimestre del año, como contrapeso de la prodigalidad oficial. A eso se suma el pintoresco vocabulario del jefe de Estado, que habla de "la socialización comunicacional de la gestión presidencial", de los "28 intentos de magnicidio y golpes de Estado" durante su gobierno y de las duchas de tres minutos que reclama a la población, calificándolas como "duchas comunistas". Así nomás.
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