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Deben destacarse y apoyarse los términos de la Declaración emitida por el Directorio del Partido Nacional, la noche misma de las elecciones nacionales, convocando a toda la ciudadanía a construir el Uruguay de las oportunidades, invocando sus atributos de paz, certeza, seguridad y equilibrio indispensable para articular la pluralidad de opiniones que goza nuestra sociedad, dando cabida a todos los uruguayos.
Nuestro sistema electoral permite que en una primera vuelta, los ciudadanos como grupo, dirijan su atención a la conformación del Parlamento y elijan los candidatos que han de representarlo en ambas Cámaras, dejando abierta la posibilidad de que, con posterioridad, determinen con carácter general, cuál es el país que quieren, entre las propuestas que se formulen. Y el 25 de octubre, el Frente Amplio no obtuvo las mayoría necesaria para continuar su programa, pese a le embestida del oficialismo, dirigida desde todos los ángulos, con la utilización de un "aparataje" oficial puesto al servicio de la campaña electoral, donde no estuvo ajeno ni el Presidente de la República ni ninguno de los integrantes del gobierno.
Y resistiendo a esa presión, la ciudadanía dio una respuesta negativa al modelo ofrecido, incluyendo el rechazo a los dos proyectos de plebiscito que habían promovido, en una jornada donde todos los frenteamplistas concurrieron a votar. Ahora no pueden invocar, como lo hicieron el día de las elecciones internas, que muchos se quedaron en sus casas invocando razones de clima, ya que el frío de junio fue sustituido por un día agradable en el que se pudo circular cómodamente. Es por eso que debe concluirse que ningún frentista dejó de votar y que no hay más que los que ya lo hicieron, o tal vez menos, ya que cumplida la obligación a favor de cargos legislativos, podrá ahora expresarse libremente la disconformidad de muchos con la candidatura Mujica.
En la segunda vuelta deberán comparecer, pues, los que deben hacer uso de la opción a que se ven enfrentados, no sólo para que no se repita más de lo mismo, sino para acompañar, todos juntos, la alternativa que se ofrece. Que es positiva en sus proyecciones, es de esperanza y sólida en las soluciones que presenta, puede mejorarse con las modificaciones que se aporten y permite aguardar un futuro de convivencia pacífica y sin enfrentamientos.
El disponer o no de mayoría parlamentaria es una dificultad que obliga al gobierno a negociar, pero no es un inconveniente que impida administrar normalmente. No es esta la primera vez en que ello ocurre, por lo que será necesario apelar a la capacidad y a la prudencia de un equipo, que surgirá de un gobierno nacional, a quien corresponderá estructurar las bases para impedir que nada obstruya el cumplimiento de las tareas necesarias.
En definitiva, el pueblo será el árbitro de las contiendas y con él como respaldo deberá emprenderse el camino a seguir, optando entre dos modelos distintos en ideas, en experiencias y en estilos.
Para ello se necesita una gran fuerza nacional, que es la que se está convocando y que debe expresarse de manera indiscutible en la segunda vuelta, no para enfrentar al Parlamento sino para gobernar con él, limitando cualquier desborde y llamando la atención sobre la necesidad de un respeto mutuo, basado en razones generales y no estrictamente partidarias.
Ello es posible y sólo los candidatos Lacalle y Larrañaga ofrecen la posibilidad de concretarlo, por lo que todos deben integrarse a esta convocatoria, de la cual surgirán sólo beneficios para el país y todos sus habitantes, para la economía y para la seguridad, para la tranquilidad de las inversores y para la formación de las nuevas generaciones. Nadie puede negarse a ocupar el lugar al que ha sido convocado y a todos aguarda un espacio en el emprendimiento por venir.
Estos días que quedan en las cuatro semanas que se tienen por delante, no permiten que nadie baje las banderas ni el entusiasmo que se mantuvieron izados hasta ahora, sino que obligan a mantener una actitud militante tendiente a un triunfo que debe ser ineludible, por las cuestiones que están en juego y que debe ser de todos por los principios que se encuentran comprometidos. Como termina diciendo la Declaración: "A la lucha por la libertad del Uruguay, por la paz entre los uruguayos, por el futuro de todos, por la esperanza y por la construcción nacional".
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