Juan Oribe Stemmer
La crisis en Honduras fue causada por la decisión del presidente Manuel Zelaya de impulsar un referendo no oficial para reformar la Constitución, con el propósito de permitir la reelección presidencial. La Corte Suprema declaró que el procedimiento era ilegal. A pesar de ello, Zelaya le ordenó al comandante de las fuerzas armadas distribuir las urnas para la votación. Como el comandante se negó a hacerlo, Zelaya lo destituyó e insistió en continuar con el referéndum. El 28 de junio, los militares lo arrestaron y lo pusieron en un avión rumbo a Costa Rica. El Congreso designó a Roberto Micheletti como presidente interino.
La Constitución de Honduras revela el fuerte rechazo a la reelección presidencial que existe en ese país. Su artículo 4 estipula que "la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República es obligatoria"; el artículo 42 incluye entre las causas de pérdida de la calidad de ciudadano a la incitación, promoción o apoyo del "continuismo o la reelección del Presidente de la República"; y el artículo 239 indica que el "ciudadano que haya desempeñado la titularidad del Poder Ejecutivo no podrá ser Presidente".
El día siguiente de su remoción, Zelaya asistió a la reunión del Grupo de Río. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, proclamó que Micheletti, le había enviado "prácticamente una amenaza" y continuó, que "si juramentan a Peleletti, a Gafeti o a Gorileti, los derrocaremos, y allí debe retornar el presidente Zelaya". El presidente cubano, Raúl Castro, condenó "enérgicamente el brutal golpe de Estado" y advirtió que lo sucedido representaba una amenaza para otros gobiernos de la región, y mencionó a Bolivia, Ecuador y Venezuela.
Sin embargo, con pragmatismo, Zelaya buscó un apoyo más amplio. Se entrevistó con la secretaria de Estado Hillary Clinton y obtuvo el respaldo político de un sorprendido presidente Obama. La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por consenso una resolución condenando el golpe y demandando su restitución inmediata y sin condiciones. La OEA resolvió suspender a Honduras y los Estados Unidos, entre otras medidas, cesaron la ayuda militar.
Se abrieron entonces dos caminos. Uno de ellos fue el del presidente Chávez, quien intentó presionar, de diferentes formas, al gobierno de Honduras para que Zelaya fuese restituido sin condiciones.
Este camino fracasó.
El otro fue el de la negociación, apoyado por los Estados Unidos y otros países de la región, por intermedio del presidente Oscar Arias, de Costa Rica, un Nobel de la Paz.
Las conversaciones se prolongaron hasta que "Mel" Zelaya dio la gran sorpresa: el 21 de septiembre ingresó a su país y se refugió en la Embajada del Brasil en Tegucigalpa, abriendo un nuevo escenario político.
La semana pasada las negociaciones se trabaron en el asunto clave de todas las negociaciones posteriores al derrocamiento: la restitución de Zelaya a su cargo. Fue la llegada del secretario adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental de los Estados Unidos, Thomas Shannon, lo que terminó de convencer al gobierno de que había llegado el momento de ceder.
El viernes Micheletti aceptó suscribir un plan de restauración de la democracia que deja en manos del Congreso hondureño la decisión de retornar a Zelaya al poder para que complete su mandato.
Entretanto Honduras avanza en la campaña para las elecciones nacionales del 28 de noviembre. Allí se elegirá el nuevo presidente.
"El acuerdo entre el gobierno de Honduras y el destituido Manuel Zelaya, cierra una larga crisis y despeja el camino para las elecciones".
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