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Es cierto que el 48% es mucho más que el 28%. Pero también que el 52% es más que el 48%. Eso lo saben y están nerviosos. Solo así se explica que festejen alborozados porque dos dirigentes colorados de quinta, que solo tienen como credenciales un parentesco con ex dirigentes, anuncien que, como no les dieron la menor bolilla en su partido, ahora votarán a Mujica.
El rapidísimo anuncio de Bordaberry, cuando los resultados electorales recién comenzaban a conocerse, de su disposición a votar a Lacalle en una segunda vuelta, aventando cualquier sospecha de "negociación" en su postura, sumado a que 48 horas después el propio Comité Ejecutivo Nacional del Partido Colorado aprobara por unanimidad una recomendación similar, los desacomodó. No por sorpresivo, sino por la forma limpia como se hizo.
Estaban aterrados con el pronunciamiento del Partido Independiente y respiraron aliviados cuando se anunció que dejaba en libertad de acción a sus votantes y no aconsejaba ninguna postura concreta en el balotaje. Pero se olvidaron que un mes antes (28/09/09), en un lapidario y excelente artículo publicado en "Montevideo Portal" (www.montevideo.com.uy), su líder, Pablo Mieres, advertía que el triunfo de Mujica significaba que "gobernará Mujica y su barra". Mieres criticaba que "cada día me sorprende más la forma desembozada en que los dirigentes frenteamplistas admiten que es necesario envolver al candidato en una suerte de `nube de confianza` organizada en torno a otros dirigentes y técnicos que se encargarán de llevar adelante la gestión de gobierno.
"La consigna -agrega- parece ser: `No se preocupen muchachos, que si gana Mujica gobernará la misma gente que gobernó durante este gobierno`", para rematar con un categórico: "Solo un ingenuo puede creer que si gana Mujica gobernará Astori. Todos sabemos el poder que tiene un Presidente. Se puede hacer una operación de maquillaje en campaña electoral durante un mes. Se puede controlar al candidato y pasarlo de `cayetano` durante el tiempo de la campaña electoral. Pero no su puede controlar a un Presidente electo durante cinco años. Si gana Mujica serán él y su grupo los que gobernarán…"
No tenemos la menor duda de que esto será así. El tema sería ir conociendo exactamente quiénes son los muchachos de la barra de Mujica, que no se limitan a los que tienen exposición pública (Fernández Huidobro, Bonomi, Agazzi, Topolansky, Rosadilla y algún otro), sino a los que se mueven tras el "monje gris" Julio Marenales. Porque Mujica no sólo apuesta al gobierno, sino al manejo absoluto del poder sin importarle un ápice aquella frase de Lord Acton de que "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente". Tiene el síndrome mesiánico y acumular más poder es una obsesión.
Mujica ha acordado un eje con el Partido Comunista, que no sólo le sirvió para humillar a Astori en el Congreso del FA de diciembre del año pasado, sino que le asegura una cuota de poder extra: tiene los sindicatos a sus órdenes a través del "camarada" Pit-Cnt, maneja la Universidad de la República, toda la enseñanza pública, el ámbito de la cultura. A eso va a sumar, en caso de que gane, el Poder Legislativo con mayorías automáticas y el Poder Ejecutivo. Si esto no es totalitarismo, ¿el totalitarismo dónde está?
Se dirá que el panorama no es muy distinto al de la presidencia de Tabaré Vázquez. Es cierto y el país sufrió durante cinco años la exclusión de la mitad de su población. ¿Vamos a hacerlo por cinco años más? ¿Nos acercamos a la reexclusión indefinida de medio Uruguay? ¿Repetiremos un gobierno para el medio sol del nuevo escudo oficial de Presidencia? ¿Qué pasará con cualquier proyecto transformador de la realidad que afecte -la Reforma del Estado, por ejemplo- a sus compañeros? ¿No estará bloqueado de antemano?
La respuestas apuntan todas en la misma dirección y el maniqueísmo de la izquierda que parte del axioma de que la verdad son ellos (de Dios mejor ni hablamos) y todos los demás viven en el error y en el pecado, desembocará en que será a éstos a los que hay que castigar -¿qué tal más IRPF, impuesto a las jubilaciones o desequilibrios en las relaciones laborales?-, ya que no se dejaron convencer.
Volverá el imperio de aquella arrogante y despreciable frase de la dictadura: "A los vencedores no se les pone condiciones".
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