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EE.UU. Por primera vez fue a recibir los féretros de los caídos en combate en Afganistán | Molesta pues Al Qaeda se esconde en el país
WASHINGTON | EL PAÍS DE MADRID
Barack Obama ha querido ver de cerca y enseñar a sus compatriotas el ángulo más cierto y cruel de una guerra: los féretros que regresan a casa envueltos en la bandera nacional.
Después de años de ocultamiento de esa realidad, el presidente norteamericano ha querido así acentuar la trascendencia de la responsabilidad que tiene entre manos sobre el envío de más tropas al infierno de Afganistán.
Estados Unidos vive desde hace varias semanas en medio de un debate que parece un mero asunto de contabilidad. ¿Cuántas fuerzas se necesitan para estabilizar Afganistán? ¿40.000, como dice el jefe de la operación, el general Stanley McChrystal? ¿Más? ¿Menos? Se olvida a veces que detrás de que cada uno de esos números hay un soldado, dispuesto a morir, pero preferentemente por una buena causa.
Algunos viven también esta polémica como un problema de testosterona. ¿Cuántas agallas hay que tener para enviar hombres y mujeres a la guerra? ¿Es más fuerte o más débil Obama en función de la decisión que adopte sobre Afganistán?
Todo eso ha sido crudamente puesto sobre la mesa cuando Obama acudió en la madrugada del jueves al acto de repatriación en la base de Dover, en Delaware, de los 18 ataúdes con los últimos caídos en Afganistán. Y, de repente, de forma silenciosa pero perceptible, el debate ha tomado un giro sorprendente, se ha humanizado y se ha hecho más fácil que, si así lo quiere, el presidente les niegue a los militares el significativo refuerzo que solicitan.
Todavía no hay oficialmente una decisión tomada. Obama volverá a reunirse hoy con sus principales asesores de seguridad dentro de la serie de conferencias monográficas sobre Afganistán que viene manteniendo desde hace semanas. La versión oficial sigue siendo la de que el presidente anunciará una nueva estrategia cuando la tenga, sin plazo determinado.
Poco a poco van surgiendo indicios de lo que puede ocurrir. Funcionarios de la Administración han anticipado que las fuerzas norteamericanas se concentrarán a partir de ahora en tratar de dar seguridad a las ciudades, donde reside la mayor parte de la población.
Eso podría elevar el apoyo a la presencia de tropas extranjeras por parte de los afganos, pero también sería el reconocimiento implícito de que EE.UU. no se plantea ya controlar el país o derrotar a los talibanes, que tendrían entonces todas las áreas rurales prácticamente a su disposición.
Es pronto para saber si una limitación de los objetivos en Afganistán es la antesala de una gradual y controlada retirada, como algunos congresistas y analistas piden. Pero lo que sí prueba es que la Administración norteamericana está claramente perdiendo la fe en ese conflicto.
Desde la óptica de Washington, en estos momentos en Afganistán los talibanes se multiplican con el apoyo de la población mientras los responsables políticos que debían unificar el país son reos de la corrupción y las ambiciones personales. No es sólo el problema del fraude en las últimas elecciones presidenciales. Es que EE.UU. ha dejado de confiar en el presidente Hamid Karzai, incluso aunque gane limpiamente la segunda vuelta electoral.
Con estas perspectivas, el dolor de los cuerpos recibidos en casa se hace más insoportable y las dudas sobre si vale la pena continuar con esa guerra se agigantan cada día. Por eso la imagen de Obama en los programas de televisión, firme en la oscuridad, con la mano en forma de saludo militar, cobra un significado mucho mayor al del mero rito castrense.
Aunque este país lleva ya ocho años combatiendo en Irak y Afganistán, nunca antes se habían visto imágenes así. De hecho, la publicación de fotos con los féretros de los soldados estaba prohibida hasta que Obama levantó la censura. George W. Bush no quería que los norteamericanos contemplasen esas escenas ni tampoco la sociedad, como es natural, quería perturbar su rutina con el recuerdo constante de los soldados muertos.
"La carga soportada por nuestros soldados y sus familias en tiempo de guerra va a pesar sobre mi manera de ver estos conflictos", indicó Barack Obama ayer en la base aérea de Dover. Esto "es un aleccionador recordatorio de los extraordinarios sacrificios que nuestros jóvenes hombres y mujeres en uniforme realizan cada día", agregó el mandatario. Al menos 55 soldados han perdido la vida en el mes de octubre en Afganistán.
LAHORE | La secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton subió el tono ayer al criticar la actitud del gobierno paquistaní ante Al Qaeda, en el segundo día de una visita que pretende mejorar la relación bilateral.
Clinton se mostró sorprendida de que dirigentes de Al Qaeda, de los que se cree que están en zonas tribales del noroeste paquistaní, aún no hayan sido detenidos. "Al Qaeda ha tenido refugio en Pakistán desde 2002. Me resulta difícil creer que nadie en su gobierno sabe dónde están, y que no puedan arrestarlos si realmente quieren", declaró.
EE.UU. acaba de triplicar la ayuda a Pakistán, elevándola a 7.500 millones de dólares en cinco años. Ayer Clinton anunció además una nueva batería de ayudas económicas.
Tras un plan de 125 millones de dólares para mejorar el suministro de electricidad y una ayuda de 85 millones de dólares para un fondo público de lucha contra la pobreza, la secretaria de Estado prometió 45 millones de dólares para la educación superior. Además US$ 103,5 millones para la policía en la frontera afgana. AFP
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