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 Viernes 30.10.2009, 06:29 hs l Montevideo, Uruguay
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Espectáculos

"Volví a escuchar `Autoblues` y me reconcilié con ese disco olvidado"

El músico dará un recital, filma una película y reedita disco

El próximo 7 de noviembre, Fernando Cabrera volverá a la Sala Zitarrosa, en la celebración de los 10 años de la apertura de este escenario. En el concierto revisitará parte de su disco "Autoblues" (1985), que acaba de ser reeditado por Bizarro, junto a otros hitos de su extenso repertorio.

La presencia de Cabrera en esta programación especial de la Zitarrosa no es casual ni caprichosa. Desde su apertura, en 1999, el músico estuvo estrechamente vinculado a la gestión de este escenario municipal a través de la comisión que asesoraba a la dirección, entonces a cargo de Jorge Arjona, en materia de programación artística. Un buen motivo para dialogar con él sobre la historia de la sala, además de la reedición de Autoblues y su reciente trabajo para un documental sobre Onetti que está dirigiendo Pablo Dotta en España.

En cada uno de estos tópicos, Cabrera mostró, otra vez, su afinado (y afilado) pensamiento sobre su obra y la realidad musical.

La emoción y los afectos se hicieron presentes en el repaso de su historia vinculada a la Zitarrosa. También en el relato de su experiencia en España, y la revisión de su trabajo compositivo para el documental de Dotta. Una banda sonora que no sólo mostrará su faceta como cancionista, sino también su trabajo con las nuevas tecnologías, a partir de las cuales dio forma a una suerte de "poema electrónico" con voz y palabra de Onetti como material generativo.

La vuelta a Autoblues revivió marcas positivas y dolorosas. Fue el reencuentro con una obra de juventud, que sepultó en el olvido por mucho tiempo. Pero también la revisión de su tenso y ríspido período en el sello Orfeo.

Alexander Laluz

-Este concierto tuyo que celebra los diez años de la Sala Zitarrosa no sólo te involucra en lo musical, sino también en lo que fue la gestión del primer tiempo de la institución.

-Claro, cuando se inauguró la sala, que estaba bajo la órbita de otra Dirección de Cultura de la Intendencia, se había formado una comisión de asesoramiento artístico formada por tres personas: Daniel Viglietti, Fernando Condon y yo, que trabajábamos en estrecho contacto con el primer director de la Zitarrosa, Jorge Arjona, que venía de dirigir el teatro del Anglo. Nos reuníamos todas las semanas para estudiar las propuestas que llegaban. Si bien es cierto que la sala es municipal, y a ella todos tenemos derecho, había que tener un cierto control sobre la calidad artística. Pero la comisión duró poco tiempo y no sé muy bien cuáles fueron las causas.

-El contacto con la Zitarrosa, sin embargo, no terminó ahí.

-Sí, mantuve un contacto muy fluido con todos los directores de la sala, con Gerardo Grieco que sucedió a Arjona, Víctor Cunha que vino después, y desde el año pasado con Mariana Gerosa. Los cuatro son amigos personales. Además a esta sala le tengo mucho cariño, conozco muy bien a sus funcionarios, a los técnicos. Allí he realizado muchos conciertos, y soy un asiduo asistente a lo que hacen mis colegas allí.

-Antes que se abriera este escenario, el medio no tenía un espacio que funcionara como un foco de difusión tan fuerte para la música popular.

-No, antes usábamos mucho las salas privadas, que generalmente estaban dedicadas al teatro. El Circular, El Galpón, la Alianza Francesa, el Teatro del Anglo, La Máscara, el Instituto Italiano. Los músicos alquilábamos esos escenarios, y muchas veces recibiendo generosos apoyos de sus responsables. Todo mi comienzo en la música fue en esas salas. Pero claro, luego de su apertura, la Zitarrosa asume un rol importante y, en mi opinión, lo sigue teniendo hasta hoy. Hace 10 años que no para.

-¿Cuál será tu propuesta para el concierto del 7 de noviembre?

-Habrá un poco de todo. Voy a repasar algunas canciones del disco Autoblues, que después de 24 años fue reeditado en formato CD. También estarán las canciones que vengo tocando en los últimos tiempos, y algún estreno.

-¿Cómo fue el reencuentro con Autoblues y tus experiencias musicales de mediados de los ochenta?

-Diría que se me modificó la impresión. Lo tuve congelado en el olvido por mucho tiempo. Tenía como un mal recuerdo, lo veía como disco fallido. Pero gracias a que la gente de Bizarro -que ahora tiene el catálogo de Orfeo- insistió, volví a escuchar Autoblues y me reconcilié con ese disco olvidado. Me empezó a gustar más que nada la perspectiva, escuchar a un músico de poco más de veinte años que tenía bastante claras las cosas que quería hacer. Y se me disculpará la pequeña vanidad, pero el disco no se parece a nada de lo que se escuchaba en esos años. No estaba clonando modelos. Ahí estaba yo como en todos mis discos, tratando de dejar una señal, buena o mala, pero personal.

-En muchas reseñas se vincula este trabajo con el furor roquero de la salida a la democracia. ¿Cómo te sentís con esa idea?

-Primero que Autoblues y yo no tenemos que ver con la movida roquera de esos años 80. Sí es roquero, pero por mis raíces roqueras que vienen de 15 o 10 años antes. Pero nada tiene que ver con lo que se estaba haciendo acá, que tenía como horizontes a Los Ramones o a la Polla Records. Con eso no tengo nada que ver. Y repito, no estaba copiando un modelo, no estaba siendo epigonal de nada. En esos años yo escuchaba otra cosa, a The Police, King Crimson, Robert Fripp. Siempre me pregunté por qué aquellos chiquilines que arrancaban con el rock se dedicaban a copiar el punk. Había otros ejemplos. ¿Qué pasaba? ¿Eran más difíciles, complejos en lo musical, por lo que era más sencillo seguir a Los Ramones?

-¿Por qué te vinculaste con el sello Orfeo, que justamente apoyaba esa movida roquera?

-Porque creí que ahí había algo en términos de marketing y promoción que el sello en el que estaba no tenía. Pero me engañé. Fueron cuatro o cinco años de desilusiones, discusiones, de no ser atendido, de peleas, de sentirme desplazado, ninguneado. Con ellos hice tres discos más después de Autoblues, que fueron pésimamente apoyados. Me debería haber quedado en Ayuí, como estoy hasta ahora, donde las cosas son realmente diferentes, con otros códigos. Así fue que en el 89 me retiré y muy disgustado, luego que salió El tiempo está después, uno de mis mejores discos y que fue completamente arruinado por la compañía. Hoy, por suerte, mi situación es completamente diferente.

-¿Cómo fue esta última experiencia que viviste en España?

-Fui a España en julio, unos quince días, contratado por la productora española Tornasol films para hacer la música de un film sobre Onetti. Esa productora, según tengo entendido, es bastante importante, que ha hecho documentales y otras producciones por todas partes del mundo. Ellos iniciaron este proyecto sobre Onetti con el apoyo financiero del Servicio Estatal de Conmemoraciones de España, y me convocaron a mí para hacer la música y a Pablo Dotta para dirigirlo. El documental, según me comentaron, está casi pronto y se estrenaría allá en diciembre, y seguramente después lo traerá aquí el Centro Cultural de España.

-¿Qué características tiene la música que compusiste para esta película?

-Tiene varias partes. Hay una canción macro con cinco segmentos bien diferentes. Cada uno de ellos va en distintos momentos de la película y luego, en los créditos, aparece una versión completa. Las otras partes incluyen una música instrumental en guitarra eléctrica, una pieza coral, y hasta una suerte de trabajo electroacústico a partir de unas viejas grabaciones de Onetti leyendo Bienvenido Bob y un capítulo de El astillero. Entonces seleccioné algunas palabras para componer un poema y luego en el estudio armé todo ese collage para que quedara dicho por Onetti. Lo más interesante es que él quizás nunca hubiera escrito algo así, porque tiene un espíritu sumamente amoroso y armónico. A ese material después le agregué partes corales e instrumentales totalmente mías.

Perfil

Nombre: Fernando Cabrera

Nació: El 8 de diciembre de 1956, en Montevideo

Profesión: Cantante, guitarrista, compositor.

En la búsqueda del refinamiento creativo

Cabrera inició su carrera musical hacia fines de la década del setenta, junto Gustavo "Pacho" Martínez y Daniel Magnone, con quienes formó MonTRESvideo. El planteo musical de este trío se destacó, al igual que el de Los que Iban Cantando, por el riesgo estético y el refinado tratamiento de los materiales formales y expresivos de la canción popular. Ese rasgo se proyectó luego en Baldío, un grupo de corta pero intensa vida, y en su ya larga carrera como solista. Cada uno de sus trabajos, así como en los espectáculos en vivo, revelan varias constantes: la inteligencia compositiva, y un búsqueda constante en el refinamiento.

El País Digital

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