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Ruben Loza Aguerrebere
Uno se acerca a él con "previo fervor y misteriosa lealtad", para decirlo a la manera de Borges. Nació hace 141 años en Canelones, y, a los 58 años, se fue en silencio, dejando huellas en la arena del corazón de sus lectores. Hablo de Javier de Viana, descendiente del Mariscal José Joaquín de Viana, primer Gobernador de Montevideo, y un auténtico clásico de las letras gauchescas rioplatenses. Es uno de los pocos escritores cuyas creaciones literarias han llegado a convertirse en prototipo de temperamentos y de hombres, y hoy es estudiado en universidades de Estados Unidos.
Periodista de pluma envidiable, dejó su sello en las páginas de "El País". Y llegado el momento, se enroló en las filas revolucionarias de "El Quebracho", y en 1904; y con ello, este hombre de alma altiva escribió dos libros memorables: "Crónicas de la Revolución del Quebracho" y "Con divisa blanca", obra que recoge "una dolorida y heroica circunstancia", al decir del Dr. Enrique Beltrán, en el prólogo del volumen publicado por "Ediciones de la Plaza".
Javier de Viana nació en "Villa de Nuestra Señora de Guadalupe", hoy Canelones, el 5 de agosto de 1868, según está documentado en la partida 384, folio 136, del libro 12 de Bautismos de aquella Parroquia. Se establece, allí, que el niño hijo de Joaquín de Viana y de doña Desideria Pérez y fue bautizado por el Presbítero Andrés Bañati.
Hasta los once años vivió en la estancia paterna, según contaba, "sin ninguna contaminación con el ambiente de los pobladores, chicos o grandes". Y agregaba: "No sabía leer en los libros, pero sabía hacerlo en la naturaleza, y cuando me enviaron a la capital para iniciar los estudios elementales mi alma iba imbuída de inmenso amor a lo bello, a lo noble, a lo fuerte y a lo justo". A los dieciséis años se graduó de bachiller en letras, pero le gustaba aclarar que fue así "no obstante la interrupción de tres debido a mi aislamiento en las filas revolucionarias".
Su vasta obra literaria se nutre de numerosos libros de cuentos, otros dispersos en revistas rioplatenses y de novelas como "Campo" y "Gurí". Un escritor realista y naturalista, en cuyos libros había rasgos del modernismo, que pintó al gaucho con trazos vigorosos y creó personajes definitivos y simbólicos.
Javier de Viana murió, enfermo y pobre, en La Paz, en 1926. Desde entonces, sus personajes (hombres que miraban el campo desde el caballo) comenzaron a trabajar por su memoria. Hoy, es un escritor al que enriquecen los años, más allá del fascismo cultural que nos aflige, y que pretende cubrir varias zonas de nuestra literatura embebida en el ayer. Su literatura nos enriquece con las pasiones de sus gauchos, templados en la soledad y dueños (al decir de Borges) de un solo lujo: el coraje. Hombres de una época y de un lugar en el tiempo, que sobreviven en la sangre y diversas historias eternas. Sumarle otros elogios, sería restárselos.
NOVEDADES EDITORIALES. "El año que creímos ser franceses", novela de Domingo Trujillo (Ediciones de la Plaza). En 1842 hay en el puerto de Montevideo 116 navíos franceses de alta mar, de los cuales en el día salen cargados 21. La colonia crecía por sí misma. Hombres y mujeres encerrados en Montevideo estaban, con razón, convencidos de ser franceses, como lo revela en sus historias este libro fruitivo, que se lee de un sorbo.
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