|
||||||||
Una célebre frase de autor discutido dice que "los pueblos tienen el gobierno que se merecen". Podemos corregirla y hoy decir que "los pueblos libres tienen el gobierno que eligen". Si se lo merecen o no, es cuestión de interpretaciones. Lo cierto para Uruguay, es que la parte del gobierno que surja de este día será la que él eligió. Si se lo merece y por qué se lo merece, es otro tema que deberá responder cada ciudadano: es su hora.
Se terminó el tiempo de la duda y solo queda margen para el acierto o el error. En la soledad de un cuarto vacío, rodeado sólo de hojas de votación con fotos de candidatos y lemas partidarios que se presumen encierran definiciones, con un sobre en la mano que le entregó el titular del circuito donde debe votar, debe decidir qué quiere para su país, para su familia y para él en los próximos cinco años. Elegir a aquellos que considera más aptos para integrar un Parlamento que redacta y dicta las leyes que han de regir las relaciones de los hombres entre sí, del Estado para con ellos y de ellos para con el Estado; y, también, en qué condiciones quedarán alineados los candidatos que han de dirimir la segunda vuelta (balotaje) el domingo 29 de noviembre para ocupar la Presidencia de la República.
Es la hora de la verdad. No se trata de escuchar a los encuestólogos decir qué vamos a votar; hoy no votan Cifra ni MPC ni Equipos y tampoco lo hacen Radar, Interconsult o Factum, aunque se juegan -muchas de ellas de manera definitiva-, su credibilidad. No caben más las especulaciones ni las descripciones de presuntos perfiles o intencionalidades; directamente vamos a hacer uso de nuestro derecho al sufragio, a expresar nuestra voluntad política de cuales son nuestras preferencias partidarias, en quien confiamos, mano a mano con nuestra conciencia, única juez de nuestra decisión.
La sabia veda electoral que rige desde las cero horas del viernes, ha silenciado la, abrumadora publicidad electoral, para dar paso a un silencioso periodo de reflexión, previo al voto. El voto es la esencia del sistema democrático: tratémoslo con cariño y respeto. Vamos a usarlo para destacar virtudes, allí donde estén y para rechazar todo intento de institucionalizar defectos. La democracia necesita del voto y las elecciones libres, pero no se agota allí. También exige el respeto a la Constitución, a sus normas y a sus principios, a las instituciones republicanas y honrar la separación de poderes, como base mínima de contralor y equilibrio. Porque la historia del mundo, y de la región en los últimos años, han sido testigos de cómo se utiliza esa parte de la democracia que es el voto, para demolerla y aniquilarla.
Más allá de la dilucidación de sagrados dilemas personales, la jornada de hoy es una fiesta: el pueblo masivamente se vuelca a las urnas para elegir. Es el momento en que el soberano entra en acción para hacer uso del arma suprema que tiene en su poder: decidir entre las opciones aquella la que considera la mejor para el desarrollo de una sociedad libre, justa y seria. Cuales son las personas que entiende rodeadas de mejores bondades en base a sus conocimientos, su trayectoria, su honestidad, su visión y capacidad de respuesta en un mundo cada vez más globalizado.
Pero por encima de todo debemos valorar esta realidad, que los uruguayos se han ganado a través de una magnífica historia cívica, de participar en elecciones libres y limpias. Sin el fantasma del fraude o la presión indebida. Con la garantía del voto secreto, la presencia de un ministro del Interior -nuevo si se quiere-, que ha dado muestras de equilibrio y seriedad tan necesarios para la ocasión, y de una Corte Electoral, institución ejemplar que no conoció renuncios ni durante la dictadura, que con sus controles asegura la pureza del sufragio.
Los uruguayos concurren a las urnas y saben que su decisión será respetada. Son los protagonistas excluyentes de una jornada colorida, donde abundarán banderas, distintivos y autos militantes, pero que debe estar signada por el respeto a la opinión ajena, la tolerancia a modos de pensar diferentes y la conciencia de que todos, como uruguayos, están ejerciendo su derecho básico y cumpliendo con un deber.
En pocas horas más se conocerán los resultados, que darán rienda a festejos y sinsabores. Que el respeto que debe caracterizar la jornada de votación se prolongue hasta ellos y podamos disfrutar de la sana alegría de los ganadores y la gallardía de los que han perdido. Así el gran triunfador será el país y el día empezará y terminará como una gran fiesta cívica.
| « volver |
Los votos anulados o en blanco no son neutros en el actual sistema electoral. Quienes opten por esas opciones harán más difícil ...
A dos días de las elecciones y en plena veda, el vicepresidente de la Corte Electoral, Renán Rodríguez, hizo afirmaciones sobre ...
Un trabajador creyó que era su último día ayer cuando dos rapiñeros lo tomaron de rehén al verse rodeados por la Policía. ...
A las 3 de la mañana, vientos de 100 kilómetros por hora azotaron la capital y el interior departamental. Varias familias fueron ...
Un grupo especial integrado por cinco organismos públicos realiza un informe para la Justicia sobre una millonaria exportación ...