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 Domingo 25.10.2009, 21:59 hs l Montevideo, Uruguay
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Internacional

EE.UU.: hora de definiciones cruciales

Enfrenta graves problemas económicos; debe tomar decisiones en las dos guerras

DANIEL HERRERA LUSSICH | EN WASHINGTON | CORRESPONSAL PERMANENTE

Horas muy difíciles vive la Administración estadounidense en política interna y externa, cuando se aproxima una prueba de fuego que dirá si Obama sigue contando con fuerte respaldo o si se ha precipitado en una acentuada caída popular.

En escasos días, los estados de Virginia y Nueva Jersey deberán votar a nuevos gobernadores, sin olvidar que en seis meses se renueva la mitad de la Cámara de Diputados. El presidente Obama lucha contra una fuerte oposición, aunque ha ganado alguna batalla en las comisiones del Congreso para avanzar en su proyecto estrella: el seguro de salud.

Se debate sin mayor éxito contra un creciente desempleo (se estima que superará la cifra récord para Estados Unidos del 10% antes de fin de año; hoy está en 9,7%) y no logra regularizar la situación bancaria que sigue sin abrir los créditos: se ve obligado a mantener en 0% las tasas de interés y soporta un dólar cada día más débil en el mundo internacional, ventajoso para sus exportaciones, pero un verdadero castigo para un país que importa más del 50% del petróleo que consume y gran parte de la mercadería que ingresa en su inagotable mercado interno.

El panorama económico no logra estabilizarse. Un día su hombre fuerte, el presidente del Banco Central, Ben Bernanke, da señales de optimismo y luego los números lo obligan a situar los pies en tierra y alerta que la "recuperación existe, pero que será lenta".

Obama se enfrenta con las poderosas corporaciones privadas. Está en plena puja y procura desarmar a la Cámara de Industrias (que aglutina a las más fuertes empresas del país) y sólo habla individualmente con sus integrantes, buscando abrir brechas por el lado de los más débiles.

Lo mismo ocurre con el sector financiero y los ejecutivos. Se anuncia que llegará al Parlamento una iniciativa para poner un tope del 50% o 200 mil dólares anuales a los bonos que desde siempre se han votado a los altos gerentes y directores de empresas, aunque el proyecto apunta a aquellas que recibieron salvataje del Estado .

El clima está enrarecido, aunque Barack Obama, con su carisma y atractivo personal, busca debilitar a los que enfrentan a su gobierno. La Casa Blanca cada pocos días es testigo de cenas de grupos no demasiados poderosos que se encuentran en torno a una mesa para escuchar planteos individuales y que no abarcan a todo el sector productivo.

La gente está molesta, pero por ahora, con inquietud, está a la expectativa. Sabe que la situación general es mala y que no tendrá respuestas concretas hasta que la economía exhiba síntomas de una real mejoría. Se piensa que la espera puede durar hasta el segundo semestre del 2010.

A su vez, la idea pregonada a lo largo de la campaña electoral de que intentaría un gobierno bipartidista, cada día parece estar más alejada. El encono que se vive entre los dos partidos en el Congreso crece y no baja las revoluciones a medida que corre el tiempo. Sin duda, esa suma de factores enturbian el ambiente general y crece el descontento.

Y también ha tenido duras embestidas contra algún medio de prensa, en especial contra FOX News -de clara militancia conservadora- a la que le ha negado intervención en las emisiones de sus discursos y ha alertado sobre la decisión para que nadie del gobierno se deje entrevistar por los periodistas de esa cadena. Alega que no informa, que "hace política con sus críticas al gobierno", afirmación que ha sido objetada desde los más variados sectores de opinión.

También el panorama exterior se ha deteriorado en los últimos meses. Han aumentado las víctimas y los ataques suicidas en las dos guerras en las cuales está enfrascado Estados Unidos. Las tensiones internacionales no ceden, y aunque parece surgir una salida en la situación con Irán, no se ven grandes variantes en las gestiones para promover la paz en Cercano Oriente, ni cede Corea del Norte en sus demostraciones nucleares.

Irak volvió al tapete esta semana en Washington con la visita del presidente Al Maliki acompañado de mil empresarios iraquíes. Se realizaron entrevistas y se confirmaron elecciones parlamentarias en enero, pero la violencia no afloja. El mismo día en que el mandatario iraquí estaba en EE.UU., coches bomba mataron a seis personas, que elevaron en el último mes a más de cien la cuenta de fallecidos.

Pero el principal problema radica ahora en la indefinición del envío de mayores contingentes de tropas a Afganistán. Se dice en las alturas de Washington que la demora en un pronunciamiento (solicitud del comandante en jefe de la región, Gral. Stanley McChrystal de 40.000 nuevos efectivos ) deteriora la situación e impide contener el avance de los talibanes. El Pentágono presiona por una "solución urgente".

En cambio, dos de los principales asesores civiles de Barack Obama, el jefe de Gabinete, Rham Emanuel, y el senador y ex candidato presidencial, John Kerry (que estuvo hace pocos días en Kabul y logró convencer al reelecto presidente afgano, Hamid Karzai, para convocar a una segunda vuelta electoral ante las contundentes pruebas de fraude en la primera, constatadas por la ONU) se oponen radicalmente a aumentar el número de hombres en el frente de batalla. Alegan ambos que la corrupción y los problemas políticos en Afganistán hacen imposible esa solicitud del alto mando americano.

Obama, en días, deberá tomar una decisión. El 7 de noviembre será el balotaje en Afganistán y allí tendrá luego el presidente estadounidense que definirse por incrementar las fuerzas con resultado incierto o estabilizarlas con retroceso seguro, como ocurre hoy.

El vicepresidente Joe Biden es otro de los que pesa contra el pedido de las fuerzas militares: "Hay que centrar el combate en aviones teledirigidos en la región fronteriza con Pakistán, allí se nuclea Al Qaeda, el principal enemigo".

En cambio el secretario de Defensa, Robert Gates, se pronunció hace pocas horas en forma categórica: "No podemos esperar sentados el resultado de las elecciones, los problemas existentes no se resolverán con un nuevo gobierno".

La división que este tema provoca en los estadounidenses se observó en una encuesta recientemente publicada por el influyente diario The Washington Post: el 49% de la población rechaza el envío de tropas, mientras que el 47% da su visto bueno a la iniciativa.

El País Digital

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