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Edgardo Esteban
Llegó a Uruguay a cubrir las elecciones nacionales para una cadena internacional de noticias. El periodismo forma parte de su vida desde hace muchos años, pero existe otro hecho que lo marcó a fuego y que convivirá con él hasta sus últimos días: el haber sido uno de los combatientes argentinos en Malvinas, cuando apenas tenía 19 años. Escribió su historia en el libro Iluminados por el Fuego, en el que se basó la película homónima protagonizada por Gastón Pauls. El actor encarna a Esteban en un papel que rescata el lado humano de los ex combatientes, tildados de héroes pero olvidados por buena parte de la sociedad y de la clase política argentina.
"Yo, en lo personal, pude curar esas heridas, sacar esos fantasmas y escupir esa angustia escribiendo el libro. Yo no soy un representante de los ex combatientes, simplemente me dediqué a hacer lo que hago desde hace 16 años: periodismo. Necesitaba desahogar esa angustia, y lo escribí. Es lo que en la psicología se llama resiliencia, y que permite que el arte ayude a que otros miren lo que a uno le pasa", contó Esteban. Como periodista y ex combatiente integró el primer grupo de argentinos que viajó a las Malvinas tras la guerra, en agosto de 1999. "Cuando empecé a escribir el libro, mi mujer estaba embarazada", contó: "veía esa panza, esa vida, y eso me permitía poder meterme con lo que me angustiaba que era la muerte. Y con la película nació mi tercer hijo".
ANDRÉS LÓPEZ REILLY
"Aunque al lado de la tumba de Vallejos habían enterrado al soldado Pizarro, preferí quedarme con Vallejos, porque lo había visto morir en el lugar, a la hora, donde yo tendría que haber estado; me impresionaba esa muerte, me impresionaba tanto como el hecho de estar yo con vida." (Fragmento del libro Iluminados por el Fuego, de Edgardo Esteban)
-¿Existe todavía una deuda del Estado argentino con los ex combatientes de Malvinas?
-Pensábamos que la guerra iba a ser parte de un cambio y creo que eso se utilizó políticamente. Eso marcó una gran frustración. La sociedad no quiso hablar, quiso esconder esa guerra, porque se perdió. En ningún país del mundo los ex combatientes son bien vistos. Son héroes allá, en la guerra, pero "algo tienen que tener". A la gran mayoría de los que estuvimos en Malvinas nos pasó de conocer la muerte a los 18 años. Pero vos a los 18 años no pensás en morirte; pensás en viajar, en estudiar, en tener tu novia, en ir a bailar. Y esa sensación de muerte, ese fantasma que nos perseguirá toda la vida, ese estrés postraumático, nos marcó a fuego. Ese silencio hizo mucho daño. Tanto daño que hoy hay más muertes por suicidios que muertos en combate. En los `90 comenzaron a tener efecto esos reclamos, pero recién hace unos 10 años empezó a tener más trascendencia el rol de los combatientes. Y creo que Iluminados por el Fuego, de alguna forma, abrió ese debate, porque estábamos acostumbrados a hablar de "la gesta de Malvinas" y de "actos de heroísmo", pero nos olvidamos que la gente que fue allá era de carne y hueso, que no se quedó allá, que había regresado. Lo que manifestó primero el libro y después la película, fue justamente la parte humana, de gente que tenía dificultades, que tenía que reinsertarse en la sociedad con esa angustia de la guerra. Y abrió un debate que fue muy bueno, porque planteó que también hubo abusos, estaqueos, malos tratos, una mirada de la guerra que no se contó sobre la problemática que teníamos por esa situación de Malvinas. Los combatientes fuimos escondidos y olvidados. Entonces, a partir de ahí se abrió un gran debate que marcó cierta actitud de cambio, no solamente de la sociedad -que tomó conciencia hacia los ex combatientes-, también desde los gobiernos. Se implementó una mejor asistencia económica, pero también ayuda psicológica, para contener psiquiátricamente a quienes lo necesitan. Hay un 0800 en la provincia de Buenos Aires que lo manejan los propios "veteranos", para aquellos compañeros que tienen problemas de alcoholismo, de violencia familiar o depresión; son situaciones normales en aquellos que hemos tenido una experiencia como la guerra.
-Muchos ex combatientes nunca superaron la experiencia. Como usted dijo: hay más muertos por suicidios que en combate. ¿Cuál es su caso?
-Yo, en lo personal, pude curar esas heridas, sacar esos fantasmas y escupir esa angustia escribiendo el libro. Yo no soy un representante de los ex combatientes, simplemente me dediqué a hacer lo que hago desde hace 16 años: periodismo. Necesitaba desahogar esa angustia, y lo escribí. Es lo que en la psicología se llama resiliencia, y que permite que el arte ayude a que otros miren lo que a uno le pasa. Con la película creo que pude cerrar de alguna forma esas heridas. No tengo ni odio ni rencor, no siento que soy un sobreviviente, aprendí a vivir con esos fantasmas y soy un tipo feliz.
-Estuvo varias veces en Malvinas después de la guerra…
-Estuve cinco veces. Fui el primero que volvió en 1999 como periodista, trabajando para Telemundo. Era el primer contingente argentino que iba, con la crisis de Pinochet, cuando fue detenido en Inglaterra y se negoció la posibilidad de que volvieran ciudadanos argentinos a las islas. Fui en ese primer vuelo, que se hizo desde Chile, el 7 de agosto de 1999.
-¿Por qué cree que los habitantes de las islas prefieren vivir como británicos siendo que naturalmente, por proximidad geográfica, deberían sentirse argentinos?
- Hasta antes de la guerra vivían casi como argentinos, la mayoría estudiaba en Buenos Aires o en Córdoba, iban de paseo y tenían sus casas de veraneo. En las islas, todo lo que era el gas, el correo, el alimento, era argentino. Yo fui prisionero de guerra en un depósito de YPF. Casi 90% del abastecimiento venía del continente. La guerra marcó un punto de inflexión, que sigue existiendo, porque aún están los campos minados que no han querido sacar. Hay heridas que son difíciles de cerrar y ellos tuvieron sus ventajas después de la guerra. Hoy, es una de las sociedades con mayor índice de ingresos per cápita del mundo y han podido tener cierta atención por parte de los británicos, que antes los consideraban ciudadanos de segunda y hoy los consideran de primera. También se generó una fortificación que hoy día no se justifica. Es como una alegoría de la caverna: ellos están encerrados en una caverna pensando que en Argentina todavía hay una dictadura militar, no entienden que desde hace 26 años hay una democracia y un país que está cambiando. Ellos son muy cerrados y sus consejeros también. Las Islas Malvinas son parte de la identidad de los argentinos, como Maradona, como el Gardel que compartimos con los uruguayos. Es un símbolo de lo que es la argentinidad, cualquier pueblito tiene un monumento o una plaza llamada "Malvinas Argentinas".
-¿Se percibe una frialdad desde el habitante de la isla hacia el argentino que la visita?
-Obvio que sí, es un trato muy despectivo. Parece también como si fuera una fantasía, porque esto de vivir a 12.000 kilómetros de distancia y depender de un país como colonia… Porque es un virreinato, el gobernador es elegido por la reina. Y no hay televisión; la televisión es la misma que tiene la base militar. No hay un estatus político o económico independiente, es una actitud de colonialismo. Prefieren ese estatus antes de empezar a convivir con América Latina, porque ellos no se sienten latinoamericanos, aunque son parte de nuestra región. Ojalá se pudiera armar una sede o un organismo de paz en las islas, para lograr un cambio de actitud también del continente.
-¿Su resentimiento es mayor hacia el gobierno de Margaret Thatcher que hacia las autoridades de su país que lo enviaron a la guerra con 19 años?
-No guardo resentimientos. Aunque obviamente hubo cosas que me marcaron a fuego, o que me dolieron. El tema de las islas es una cuestión política que hay que pelearlo en el único ámbito posible que es el de la paz. Hay que reclamar la soberanía en los organismos internacionales que corresponde y en los foros, como se está haciendo. Y la dictadura militar nos dejó marcados, porque nunca dio una explicación de por qué se maltrató a los soldados, de por qué se perdió esa guerra cuando se decía que se había ganado. El Informe Rattenbach, que hizo el propio Ejército argentino, fue escondido y no pudo ser analizado (N. de R.: documento sobre las responsabilidades políticas y estratégico-militares en el conflicto, elaborado por una comisión que presidió el teniente general Benjamín Rattenbach).
No hubo críticas y hubo muchos errores de parte de nuestras autoridades. Me parece que uno tiene que pelear por la verdad, pedir que haya memoria y justicia para poder cerrar esa historia. Pero me parece que es una herida que va a tardar en cerrarse. Creo que el mensaje que quisimos construir con Iluminados por el Fuego, con la historia de tres amigos, la problemática del estrés postraumático y los suicidios, es hacer un rescate, dar un mensaje de paz y de construcción de un camino distinto en un país que se merece vivir mejor porque tiene todo para hacerlo.
- Un punto de inflexión en la guerra fue el hundimiento del General Belgrano, que causó la muerte de 323 marinos, prácticamente la mitad de todas las bajas que tuvo el ejército argentino. En su caso, ¿el antes y el después fue el día que su compañero murió a su lado?
- Yo trato de no hablar sobre este tema por el respeto que le tengo a la familia, que hace pocos días estuvo en las islas. Pero uno, cuando construye este tipo de historias y piensa en Malvinas, piensa en los que murieron allá. Creo que también es importante que la sociedad argentina entienda que hubo muchos que murieron después, que fueron escondidos, marginados y olvidados.
-¿Una imagen, una sensación que le venga ahora a la memoria y que le haya quedado de la guerra?
-La noche del 13 al amanecer del 14 de junio de 1982. En ese momento era como estar en el infierno, fue un horror. Uno veía luces por todos lados; las luces de bengala, las balas, las bombas que venían por cualquier lado y uno no sabía cuál era su minuto final, cuándo iba a llegar el disparo que lo iba a matar. Todavía siento esa sensación al amanecer. Uno esperaba siempre la luz del día porque sabía que cuando amanecía, los ingleses dejaban de atacarnos. Eso va a perdurar en mí para el resto de mi vida. Cuando me levanto temprano, trato de ir a caminar o a correr, como un mecanismo que encontré para jugar con esto de la vida y la muerte. Cuando empecé a escribir el libro, mi mujer estaba embarazada. Veía esa panza, esa vida, y eso me permitía poder meterme con lo que me angustiaba que era la muerte. Y con la película nació mi tercer hijo: siempre jugué con esa dicotomía de la vida y la muerte. Y esa sensación de muerte es lo que me hace darle otro valor a la vida.
Nombre: Edgardo Esteban
Nació: Buenos Aires
Edad: 47 años
Otros datos: Periodista; tiene tres hijos.
Iluminados por el Fuego es la historia de Edgardo Esteban -interpretada en cine por Gastón Pauls-, quien en 1982, con 19 años, fue llevado como soldado conscripto a combatir contra los británicos en las Malvinas. El nombre del personaje es en realidad Esteban Leguizamón, formado por sus apellidos paterno y materno. "Mi apellido paterno sirve como nombre. Y en Argentina no se utiliza, como en Uruguay, el apellido paterno y el materno. Es un homenaje a mis dos padres", dice Esteban. A partir del intento de suicidio de uno de sus ex compañeros (Vargas), Esteban se sumerge en los recuerdos de esa guerra que compartió con él y con otro conscripto (Juan), muerto en combate. En la película aparecen no sólo los horrores de la guerra como la muerte, el padecimiento del frío y el hambre, sino también las relaciones de amistad y compañerismo. Recibió más de 20 galardones, entre ellos, el Gran Premio del Jurado en San Sebastián y el Premio Goya a la Mejor Película Extranjera de habla Hispana (2006).
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