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A esta altura de la campaña electoral la suerte está echada, y es poco probable que queden uruguayos dispuestos a ser convencidos de votar a uno u otro candidato. Sin embargo, y antes del inicio de la veda que abrirá un muy necesario espacio de calma y reflexión entre los ciudadanos, se hace imprescindible plantear en forma clara la disyuntiva que enfrentan los votantes, y lo mucho que está en juego según sea lo que estos decidan finalmente.
Por encima de ideologías, estilos y visiones de país, la actual campaña se ha polarizado en torno a la figura del candidato frenteamplista José Mujica. Y con razón. Se trata de una figura polémica, plagada de contradicciones, y que rompe con muchas tradiciones que han marcado la historia de nuestro país. Es por esto que la elección ha quedado signada por la opción Mujica sí o Mujica no. Ante esta coyuntura, y sin agregar dramatismos apocalípticos que no son propios de un país con nuestros antecedentes políticos, es que nos afiliamos a la postura de que José Mujica no es la persona adecuada para regir los destinos del país. Y vamos a explicar porqué.
El senador Mujica tiene un historial de violencia, intolerancia, y nulo apego a los principios democráticos. Se alzó en armas contra un gobierno legítimo para imponer un régimen al estilo cubano, algo que no tenía justificación en un país libre e igualitario como Uruguay. Mucho tiempo ha pasado, y el hoy candidato dice haber cambiado su forma de ver la democracia. Pero los arrebatos de espontaneidad que suele tener, y los arranques de intolerancia de varios integrantes de su círculo más íntimo, permiten albergar dudas reales acerca de si se trata de un cambio honesto. Es algo difícil de aceptar.
El senador Mujica llegó a su postulación aplastando a los sectores moderados e ideológicamente más "aggiornados" de la izquierda uruguaya que, apoyados por el presidente Vázquez, querían a Danilo Astori como su candidato. Lo hizo apelando a alianzas con los sectores más radicales del espectro político nacional. Sin embargo, ahora afirma que un eventual gobierno suyo sería una continuación de lo hecho en estos pasados cinco años. Es algo difícil de comprender.
El senador Mujica acostumbra hablar de reformas y de que Uruguay necesita cambios profundos en la educación, en el Estado, en las empresas públicas. Sin embargo, los sindicatos que usufructúan privilegios escandalosos en esos ámbitos, y que han sido el principal obstáculo para su reforma, están encolumnados detrás de su figura, y fueron piezas clave para hacer posible su candidatura. Es algo difícil de concebir.
El senador Mujica ha sido siempre en su carrera política un personaje que ha dividido a la sociedad. Que ha criticado con desprecio a los universitarios, a los indecisos, a los empresarios, a los socialistas, a la "pequeña burguesía", y a todo aquel que ha buscado con su esfuerzo mejorar en la vida. Sin embargo hoy dice que va a respetar sus derechos y que buscará unir a la sociedad. Es algo difícil de imaginar.
El senador Mujica tiene una escasa formación teórica. Sin embargo constituye el prototipo del "todólogo" uruguayo, que opina y habla como si supiera de todo, sin tener una preparación que lo respalde. Pero ahora sostiene que desde la presidencia sólo se dedicaría a los grandes temas, y dejaría la gestión del país en manos de los técnicos de su partido. Esos a los que cada vez que ha podido, ha despreciado y humillado en público. Es algo difícil de entender.
El senador Mujica ha manifestado en innumerables ocasiones su cercanía con los gobiernos de Chávez y el matrimonio Kirchner, ejemplos de cómo hundir a las sociedades en la confrontación y en el atraso. Sin embargo dice que su eventual gobierno tendría como modelo al de Lula en Brasil, y al de la concertación chilena, países que sólo visitó munido de cámaras de TV en plena campaña. Es algo difícil de aceptar.
Por encima de estas reflexiones, hay otro tema que sobrevuela todo este análisis y que es bueno remarcar. El mundo moderno de hoy es un vergel de oportunidades para un país como el nuestro, siempre que cuente con un liderazgo inteligente, preparado, e informado de hacia dónde va la cosa. Que sepa defender los derechos del país y aprovechar las oportunidades cuando se presentan, con solvencia y visión de futuro. Ante todo esto, el senador Mujica afirma ser la persona indicada para ocupar el cargo más exigente del país. Es algo imposible de creer.
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